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lunes, 21 de mayo de 2018

Un respiro ante el Almería. 2-0

 Mi presidente en la caseta del Córdoba horas antes del partido

 El sector almeriense acallado por los sonidos de la Feria

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Jugábamos ayer contra el Almería nuestra final. Mejor, nuestra semifinal. Quizás mucho mejor nuestros cuartos y medio porque el pelotón de los torpes de Segunda se puso ayer valentón y humilló a los cabos gastadores del desfile. Lo hizo al paso ante la tribuna de autoridades con el consiguiente sobresalto de generales y el regocijo indisimulado del resto del escalafón y el emocionado público que sigue los disputados duelos que se suceden en la reñida competición.

       Había doblado ya la rodilla el Rayo ante el Alcorcón con un escandaloso 4-0 y también el Cádiz ante un Barcelona B que está por morir matando cuando mi peña se abría paso en la Calle del Infierno hasta la calleja habilitada para acceder a El Arcángel. En el Arenal se mezclaban las guapas, los guapos y los ansiosos de camiseta verdiblanca que apuraban rebujitos bailando enloquecidos y creo que temerosos de perder el ánimo y la categoría.
     
Ante el Almería era nuestra final, como digo, pero no como la del Real Madrid ante el Liverpool, que aunque pierda lo tiene todo hecho; ni como la del Atleti ante el Olympique de Marsella, que al ganarla la familia rojiblanca alcanzó un éxtasis casi sobrenatural. No. La final de ayer contra el Almería es como si el caimancito que somos consiguiera subir a un islote  fatigado por la hambruna y acosado por caimanes gigantes dispuestos a clavarnos el diente. El islote es mínimo. Mide 6X2 metros y está rodeado por cocodrilos terroríficos. Todos asustan. Yo he contado media docena. Están -estamos-  tan hambrientos que nos vamos a devorar entre nosotros y nuestra confianza está en que antes de llegar al islote uno, dos o tres de los seis, perezcan. Lo mismo nos da que sea ante depredadores interesados (los Almería-Alcorcón y Albacete-Barcelona B  de la próxima jornada no son partidos para corazones débiles) o cazadores espontáneos que disfrutan derribando cualquier pieza que se ponga a tiro (el Gimnástico de Tarragona tiene que vérselas con Huesca y Rayo).
     
El terrenito al que hemos llegado es mínimo y quebradizo, pero ya tenemos estudiado el modo de conseguir ventaja y permanecer  seguros las dos jornadas de veda que quedan. El domingo próximo llegará un cazador despreocupado  que puede que pruebe calzado y escopeta: el Reus de López Garay. Con esperarlo por la orilla que seguro asomará y lanzarle dos dentelladas asesinas salvaremos la vida y es posible que la honra. Contra el cazador gijonés del último día y con el aire que da el Arcángel es hasta posible que con dejar pasar hora y media sin sobresaltos ni querellas contraproducentes tanto en Gijón como en Córdoba podamos comer perdices.
     
El partido de ayer fue angustioso porque no se podía perder. Guardiola marcó el 1-0 tras una primera media hora más que aceptable por orden, seriedad (magníficos Ramos y Aguza) y el acostumbrado talento de Reyes. Por guardar el resultado el equipo se echó atrás en decisión o quizás querencia peligrosa, pero el Almería carece de imaginación, salvo la de Fidel, ayer con su proverbial abulia, y la del suplente Pozo, que salió en la segunda parte dolido y protestón con el árbitro. La salvación de los almerienses se fía a Suleyman y Alcaraz, dos mediocentros correosos y corretones de esa escuela tan de Lucas Alcaraz que hasta le costó el puesto de trabajo hace varias jornadas... y a Juan Muñoz, al que se anuló un gol por fuera de juego de los que no se anulan. Para mí lo mejor estuvo en el joven  lateral izquierdo (manía con los laterales) Estupiñán, pero más por su velocidad que por su técnica. 

Con el equipo volcado a por el gol del empate, ¡eso sí!, sin juego ni ocasiones, nuestro Araújo, que parece más músico que futbolista, marcó el 2-0 en el 93 tras una carrera de 40 metros. Importante gol que nos favorece en caso de empate a puntos, cosa nada rara, y nos garantiza una feria de mayo mucho más optimista de lo que un servidor pensaba.

En el nombre del padre

Cole Thorton (John Wayne) y Nelse McLeod (Christopher George)
 en “El Dorado” de Howard Hawks



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Semana Grande para la institución familiar en el Occidente: el timonel Pablemos se muda de casa, el príncipe Harry se casa y Luca, el hijo de Zidane, debuta de la mano de su padre en la portería del Madrid.

    La casa comunal de Pablemos carece de interés, pues, al caer en manos comunistas, es un bien a repartir entre los pobres, y nosotros no somos pobres. La boda real de Harry también carece de interés, pues Harry, y esto es algo que ya decía él siendo un tierno infante, no va a ser rey, y por consiguiente puede hacer lo que le pete. El debut en el Real de Luca en Villarreal (“Vila-Real”, escriben los gilís con máster en “lenguas del Estado”) es otra cosa.

    El Real Madrid es hoy el nido de los Zidane, pero el nido, enseña Santayana, es para los pájaros que vuelan, no los pájaros que vuelan para el nido.

    –La alegría de la vida es echar a volar.
    
¿Voló Luca en Villarreal?

    Los antropólogos sostienen que en los humanos la familia es costumbre menos instintiva y más impuesta que en los demás (en otras especies suele limitarse a la época de la crianza), elevada por la ética cristiana a rango de institución divina.

    No sé yo si Zidane será cristiano, pero con la familia hace como Cruyff, que colocó al yerno, Angoy, en la portería del Barça, y así se entiende mejor su extraña decisión (el corazón tiene razones que la razón no entiende) de rechazar a Arrizabalaga.
   
 –Faltaba él por jugar –fue la explicación de Zidane en Villarreal, donde el viejo Real Madrid “de las glorias deportivas / que campean por España” que cantaba José de Aguilar ha conquistado… el tercer puesto en la Liga.
    
La disculpa es que se trataba de otro entrenamiento, el último, para Kiev, donde espera el Liverpool, que en realidad ha esperado en Marbella, el paraíso perdido de Jaime de Mora y Gunilla von Bismarck-Schönhausen, condesa Gunilla von Bismarck-Schönhausen, la Jürgen Klopp de la Café Society.
    
Klopp (vamos a soñar que no va al Barcelona) ha tenido a los futbolistas en Marbella estirando las piernas mientras les ponía de modelo competitivo, si damos crédito a los Fake News, al Atleti de Simeone, aunque no me parece buena idea llevar a Salah a Marbella a saborear los jazmines de un príncipe árabe y luego decirle que ha de matarse a correr para ser como Koke Resurrección. La terapia preparatoria de la final radicó, al parecer, en las cenas en grupo, que es una cosa de mucha importancia en el fútbol. Juanito Alonso, el portero más laureado del Madrid, contaba su movida con don Santiago Bernabéu a causa de una cena en Bruselas:

    –Llegamos al hotel a cenar después de haber jugado un partido. A las veinticuatro horas teníamos que jugar otra vez, y tanto Rafael Lesmes como yo pedimos carne, no tortilla de patatas como se ha llegado a decir. Al ver que el camarero tardaba, nos levantamos de la mesa y nos fuimos a la habitación.
    
A Bernabéu no le gustó el comportamiento de su portero, y, desde allí mismo, puso una conferencia a la Argentina y fichó a Domínguez, que empezó jugando como titular la temporada siguiente (1957-58), pero a los pocos meses, viendo que las cosas iban mal, “volvieron a ponerme”.
    
En los buenos tiempos de los toros en Barcelona, era costumbre rifar una cena en Marbella con Mario Cabré, que es como si el fútbol sortease ahora una cena en La Venencia de la madrileña calle de Echegaray con el cortihero Sergio Ramos tocado con el sombrero cordobés de Finidi George, aunque yo en modelo Cabré veo mejor a Wenger, el lúser colosal que ¡también! dejó escapar el fichaje de Cristiano, o a Valdano, el sacamuelas oficial que presume de haber convencido a Raúl de quedarse en el Madrid, cuando el jugador quería volver al Atlético.
    
¿Qué sorpresas nos dará Zidane en Kiev? ¿Kéylor o Luca? ¿Bale o Benzemá? Yo de Zidane, lo intentaría con Luca y Benzemá, que es lo que le pide el cuerpo, que en su caso es la flor. La leyenda es la leyenda, y la leyenda es ganar al Liverpool como Cole Thorton (John Wayne) a Nelse McLeod (Christopher George) en “El Dorado” de Howard Hawks. Y luego, Kéylor y Bale… para Mourinho.



EL BOMBO DE PLATINI

    Lío de bombos en el Mundial francés del 98 para favorecer a la Francia de Zidane, que ganó la final al Brasil de Ronaldo. Lo ha declarado Michel Platini, el del gol de sobaquillo a Arconada en la Eurocopa del 84: “No nos íbamos a molestar durante seis años en preparar una Copa del Mundo como para no hacer pequeñas travesuras. ¿Crees que los demás no lo hicieron?” De Francia, franqueza, que viene bien, ahora que llega el Mundial de Rusia y los moralistas del meñique levantado sacan pecho con Putin como hacen los aficionados ventajistas de Las Ventas con El Fandi, en quien afean las maneras toreras, infinitamente más elegantes que las del Curro de San Blas, Julián López, “King of Seville”, a quien veneran.



 

Lunes, 21 de Mayo

Valle de Esteban

Granada era una luna
ahogada entre las yedras.

domingo, 20 de mayo de 2018

San Isidro'18. XI de Feria. Horeja (sesenta minutejos) madrileña para Adame por hacer guardia a un manso de los Lozano

¡A los toros!

José Ramón Márquez

La verdad es que el pobre de don Jesús María Gómez Martín, Presidente del festejo de hoy, lleva dos días que no da una, el hombre. El otro día la lió con lo de expulsar de la Plaza a un  toro que no acometía a los capotes como demostración de su supina mansedumbre, que es una de las condiciones de las reses con la que, a veces, tienen que apechugar los toreros. Y hoy se ha lucido con lo de darle a Joselito Adame la oreja (¿oreja u horeja?) tras un bajonazo de los transitivos, de los que pasan de la mente del toreador y se transfieren de él al toro por el sistema de agarrarlo en los blandos, provocando el desagradable vómito y, para más INRI, haciendo guardia, que para los que de esto no chanan significa que el extremo más alejado del mango de la espada asoma por algún lado de la anatomía del toro. Con esto el joven don Jesús María alcanza en tiempo récord a su compañero don Trinidad, que es el primero que tenemos registrado en la moda de dar oreja al espadazo que hace guardia. Con este bochorno de hoy, cada día uno, con esta orejilla devaluadísima de hoy, lo único que han han conseguido ha sido “poner en valor” como se dice ahora a la de ayer de Castella, meritísima a la vista de los inexistentes méritos de Adame, que obtiene su quinta oreja en Madrid; cinco orejas del río Lethes, que los romanos identificaron con el Sil, cuyas aguas producen el olvido.

Y es que todo está patas arriba. Ayer lo del “no hay billetes” con la taquilla abierta y vendiendo boletos y lo de poner en el programa que la confirmación de Roca Rey (13/05/2005) es anterior a la de su alternativa (19/09/2015), y hoy con la ciencia veterinaria que debería estar de vacaciones, y le han debido dejar lo de las capas de los toros al becario (no muy espabilado o daltónico), que ha convertido al segundo, un castaño, en negro; que al tercero lo dejó en colorado y le quitó lo de listón, lo de chorreado, lo de girón,  lo de bragado corrido y lo de meano; y que al sexto, otro castaño, le quitó lo de listón y lo de albardado, que a fin de cuentas qué más da, si con el tipo de público que había en la Plaza esta tarde sacas a la vaca de Milka, berrenda en morado, y la mitad de ellos ni se enteran si en el programa hubiesen llegado a poner chorreada en verdugo, que a ver cuántos saben qué es eso.

Y ahora que hemos dicho lo de público, una vez más tenemos que volver a decir que lo del público Isidro en este 2018 clama al cielo, que parece que estamos en Burgos por San Pedro o en Palencia por San Antolín y esto no tiene pinta de arreglarse ni por el forro, que hoy estábamos tres de los habituales haciendo piña, como los galos de Astérix, rodeados de una horda que estaba dispuesta a dar inmisericordemente su aplauso y su apoyo al lucero del alba a poco que hiciese.

La parte toruna hoy correspondía a los hermanos Lozano, que administraron Las Ventas tras ese gran empresario para Madrid que fue don Manuel Martínez Flamarique (qDg) y que poseen tres hierros conocidísimos, los tres de encaste Núñez: Alcurrucén, Lozano Hermanos y El Cortijillo. Hoy tocaba de los dos primeros. De los hermanos Lozano el que más interés tiene es Manuel, que después de andar de triunfo en triunfo como novillero por toda la geografía manchega, recibió un extravagante y romántico doctorado en la Plaza de Tánger, que aún se mantiene en pie, apadrinado por “El Cordobés” y con Gabriel de la Casa como testigo, con ganado de Galache y que actualmente apodera a Morante. Son los hermanos Lozano (a los que el gracejo maledicente denomina “Los Dalton”) ganaderos inteligentes y que, como suele decirse, tienen la ganadería en la mano, esto es que saben lo que venden y no se llevan sorpresas. Si tenían dos corridas para Madrid, hoy han echado la mala en este cartel de pobrecillos y, probablemente hayan dejado la buena para la corrida de Beneficencia que se dará el próximo día 6 de junio (Dm). Ya habrá tiempo de comprobarlo. 

De cualquier manera, la corrida de Madrid de esta tarde, si de algo ha pecado ha sido de mansa, que, como antes se dijo, es una característica muy constante en el ganado de lidia. En general no ha sido de nota en su pelea con los jinetes y los caballos enfaldillados, pero la cosa es que los toros, aún tendiendo a mansos, he aquí que no eran la mona mansa, sino el toro que plantea sus dificultades, de las cuales una de ellas es la mansedumbre. Algunos menospreciaron al quinto, Rondeño, número 191, y flamearon pañuelos verdes, pero la verdad es que el toro estaba en tipo y en hechuras y no se veía la necesidad de echarlo, máxime sabiendo que de sobrero tiene en el corredor de la muerte desde hace días a un lisarnasio de Valdefresno. Otra cosa que casi se pasaba sin decir es que cuatro de los toros de la corrida, salvo el de las protestas y el cuarto, eran cinqueños camino de los seis.

Para el finiquito de los toros de los Lozano, cinco de Alcurrucén y uno de Lozano Hermanos, los Dombos de Plaza1 contrataron a Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo, y que hoy no se han arruinado con la contratación lo saben hasta en la China continental.

Curro Díaz tiene un aire en la Plaza que no se corresponde con el adocenamiento de cada día, en sus maneras, en la forma que va al toro, en su figura hay como una promesa de torería asolerada que nos gusta porque nos lleva a pensar en otros toreros que fueron nuestros ídolos. No vamos a engañarnos respecto de Curro Díaz en cuanto a sus posibilidades porque sabemos cómo es y por eso al ver su nombre en los carteles casi que nos vale con que nos deje una o dos verónicas, una trincherilla y, en el summun, un par de naturales. Hoy ni siquiera nos dejó el mínimo, qué sé yo, una media verónica, una trinchera, y nos atizó una ración de vulgaridad al uso que no nos merecemos aquellos a los que nos causa cierta ilusión ver su nombre en los carteles. Bien es verdad que Dios no le dio el valor de un Manili, pero esa manera de caerse, de rilarse, sin que el toro haga nada por tirarle nos deja estupefactos, que no es la primera vez que se lo vemos. Y luego lo de la muleta, que parece que le ha robado media carpa al Circo Mundial, y lugo se quejará de que le enganchó su primero casi todos los pases, ¿y cómo no?, si esa muleta es ingobernable con ese tamaño. Y de lo de andar a berridos con el toro en cada pase ¡Eeeeh!, ¡Uhhhh! ¡Ahhhh!, es insufrible, como si estuviéramos asistiendo a una ópera dodecafónica.

Adame volvía a los madriles por segunda vez en la Feria del Isidro. A Óscar Bernal le tocó picar los dos toros de la tarde, al primero de tanda y al segundo estando de reserva. En el primero picó de pena, ganándose la censura del respetable, y en el segundo, un mansazo que le llegó huido del picador de tanda, agarró un puyazo en buen sitio en la puerta de cuadrillas y aguantó con entereza el arreón del manso que le llevó a él y a su cabalgadura hasta el burladero del 6. Adame inició su faena al segundo con una verbena compuesta de cinco del Celeste Imperio, tres del desprecio y uno por alto. Bonito inicio a más y, a partir de ahí faena a menos, nula de colocación y huera de compromiso, por debajo de las condiciones del toro, que se va sin torear y marcha a esperar su juicio en el Valle de Josafat. Lo del quinto, el de la oreja, es ya como de cámara oculta. Adame se va al toro mandando al tendido la neta imagen de que de la cosa de los terrenos anda pez y de que allí hay alguien que va sin plan alguno, a ver qué pasa. Se pone a torear al manso ¡en los medios! Y el bicho en uno de cada dos se le trata de escapar a zonas de menos conflicto, viendo que aquello no progresa, se lo trae al tercio del 9 y allí, erre que erre el bicho que se quiere ir: el muletazo hacia tablas lo sigue, pero en el que da hacia los medios se le va. Adame sigue la inclinación de animal de nuevo hacia los medios con idéntico resultado que al principio y, de pronto, alguien le dice o él lo piensa que hay que llevarse al bicho hacia chiqueros. Ahí consigue al menos que no se le vaya el toro y allí vende su burra al facilón público de este sábado a base de dejar la pierna escondida, de citar desde la oreja del toro, de estar siempre por afuera y, si acaso, de aplicar cierta técnica no quitando la muleta de la cara para empalmar un cabezazo del toro con el siguiente; al producirse el empalme de los trapazos nace el ya clásico bramido de los que creen que lo está haciendo muy bien y con la degollina haciendo guardia le dan una oreja por una labor deslavazada que hace veinte años no habría sido ni para saludar desde el tercio. La verdad es que al hombre se le veía contento.

Y de Juan del Álamo, sinceramente, no sé qué poner, porque a estas horas no permanece un solo recuerdo de lo que haya hecho o dejado de hacer. Podemos decir que le grita mucho al toro, por lo que vale para él lo mismo que para el otro lo de la ópera dodecafónica. 

Juan Carlos García tomó el olivo a la salida de su primer par al primero de la tarde y luego, tras dos pasadas en falso, el jienense volvió a repetir la “gesta” en su segundo par.

 Doblete olivarero.


Juan del Álamo
 Resaca tras la oreja de Adame

Domingo, 20 de Mayo

Valle de Esteban

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.

"Paz a vosotros"

DOMINGO, 20 DE MAYO

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Juan 20,19-23

sábado, 19 de mayo de 2018

Fakes. El periodismo (español) toca fondillo (cubano)

ABC

Tom Wolfe

La pierna

Pompeius


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El supremacismo catalán debe su base científica a Pompeyo Gener, Pompeius, expuesta en sus “Herejías”:

Su altitud (la de Madrid), sus alrededores desprovistos de vegetación, su falta de presión atmosférica, hacen que el aire sea pobre en oxígeno, especialmente ozonizado. Así la raza decae, y hasta la estatura mengua al cabo de algunas generaciones.
Pompeius, que se decía descendiente de marinos de guerra de Berenguer IV, hizo su carrera de Medicina en París, antes de sentarse a escribir herejías.

Yo era rico y no encontraba a nadie que supiera más que yo.
Una noche visitó a Sarah Bernhardt en su camerino y puso en su descote la camelia blanca que llevaba en el ojal del frac; uno de los presentes se burló de esta delicadeza, y Pompeius lo desafió. Aquella noche se batieron. La Bernhardt, por quien se habían batido todos los escritores de Francia, confesaría que la pasión extrema de su vida fue ver batirse y caer herido al hombre que amaba.
Otra noche la Bernhardt, con París dividida en “croizettistas” (de Sofia Croizette) y “bernhardistas”, se presentó en el “Club de los bebedores de agua”, del que era socio Pompeius, pidiendo ser admitida como hombre, y el sabio destinado a descubrir que la ausencia de helio y argón en la atmósfera castellana, por falta de bosques de coníferas y manantiales corrientes, hacía a los demás españoles más tontos que los catalanes, tuvo la suerte de enamorarla, anécdota que fue toda la vida de Pompeius. Cuando, viejo ya (“yo, que en París fui el rey de la moda, he de resignarme a llevar este pardesú miserable”), el Caballero Audaz le pregunta cuál ha sido el día más amargo de su vida, conmovido, contesta:

El día en que le cortaron la pierna a Sarah Bernhardt.
¡Pierna acariciada por los pliegues suaves de las túnicas de las tragedias clásicas! Qué metáfora de la secesión (a la altura de la pierna gafe de Ojeda amputada en Venezuela) para la frase decisiva de este momento histórico: “¡No siento las piernas!”

Sarah Bernhardt

San Isidro'18. X de Feria. Los cornudos de la vieja tauromaquia moderna*

 El Toro moderno

José Ramón Márquez

El cartel de “No hay billetes” puesto en la taquilla y una fila de gente comprando entradas es otro de los prodigios que nos trae Domb, empeñado en subvertir las leyes de la lógica con su creativa prestidigitación. Si ha conseguido transformar los bajos de Las Ventas en los bajos de La Cubierta de Leganés, ¿cómo no va a convertir el no hay billetes en un sí hay billetes? Y billetes había, porque se veían claros que no se deberían haber visto.

A la entrada, conversan dos jóvenes con americana azul ceñida, pantalones de pitillo de color gris y zapatos sin calcetines:

-Hoy vamos a ver toros.
-¿Tú crees?
-No hay más que ver el ambiente. Yo vengo harto de copas.

Y así todos los días, que hay una porción de público que se cree que la Feria del Isidro es la Oktoberfest del cubata y el gintonic, y no les falta razón, si lo miras bien.

Para solaz del personal, y con la mirada puesta de manera especialísima en los de las copas, la veeduría de Las Ventas estimó que lo óptimo para este viernes era cerrar el trato con don Borja Domecq (y) Solís y adquirir seis ungulados de los que cría en Extremadura, que lidia bajo el nombre de Jandilla y que hierra con el precioso hierro de la estrella que crearon doña Enriqueta y doña Serafina de la Cova en 1943 para otro tipo de ganado. Hoy en el programa, junto a aquélla, aparecía otra estrella, la estrella de Mercedes con la que don Javier Molina (qDg) herró el ganado de su propiedad hasta su fallecimiento, ocurrido hace casi cinco años. Ahora don Borja se ha quedado con la estrella de Mercedes y la ha puesto de hierro de lo de Vegahermosa, eliminando lo anterior que en este caso es el antiguo hierro de Vegahermosa que era una letra Te, de tonto, que servía como óptima definición de lo que perseguían los afanes ganaderos de su dueño. Ésta de Vegahermosa es ganadería sin antigüedad, creada con el artículo 5 bis en la mano, y no se sabe qué pintaba ahí, porque el caso es que todo lo que salió por chiqueros iba herrado con la marca de Jandilla. Lo más seguro es que lo pongan para darse importancia.

Bueno, pues ahí tenemos a los Jandilla, qué merendilla, dispuestos a dar su particular do de pecho, o de pechito para ser más precisos, y para ayudar en la medida de sus fuerzas a Padilla, Castella y Roca Rey. La verdad sea dicha, que Santa Lucía les conserve la vista a los veedores, porque lo que vieron y luego salió por chiqueros fue descaste, mansedumbre y blandura. Al menos los Jandilla no metían miedo, que eso sí que lo vieron los veedores, que los bichos no asustaban a nadie, y eso, para que se lo apunten las jóvenes generaciones, se nota perfectamente porque cuando los toreros prodigan muchos lances con el capote a la espalda o directamente se pasan al toro por la espalda una y otra vez y dan manoletinas, pases del Celeste Imperio y pases cambiados constantemente, cosa que no pasa cuando el toro es serio, ésa es la seña de que el torero no está pasando miedo. La prueba,  en sentido contrario y en esta misma Feria,  es que a nadie se le ocurrió el día de Baltasar Ibán ponerse a interpretar toda esa herencia del toreo bufo que ahora emplean sin tasa los toreros de lo serio, que con esos toros no sé qué pasa que ahí cuesta bastante más lo de echarse el capote a la espalda. El de hoy fue el viernes negro de la suerte de varas. Dicho tercio de varas fue un mero trámite administrativo y los picadores, con la salvedad que se dirá, se ganaron el pan con muy poco sudor de sus frentes.

Al romperse el paseo se dio una fuerte ovación a Padilla en lo que parece ser su definitiva despedida de Madrid. Chocaba ver cómo aplaudían con unción a Padilla los mismos que le pusieron a caer de un burro y le chillaban “¡Chulo!” y “¡Multa!” en 2006. La cambiante volubilidad del público es así y esa arbitrariedad es parte consustancial del propio espectáculo. Padilla, de quien siempre hemos resaltado su impresionante currículo con los toros de más respeto de los que hay en el campo bravo, trajo hoy a Madrid un vestido azul recamado en oro que era la vestimenta de un príncipe del Oriente. La verdad es que no fue su tarde. En su primero hizo un vulgar tercio de banderillas con toda la cuadrilla diseminada por el ruedo, con Mambrú, Manuel Rodríguez, corriendo desde el burladero hacia el toro antes incluso de que hubiese clavado las banderillas, en fin, poca leche y sobre todo que nadie le pidió lo de las banderillas. Si no está en condiciones, que no las ponga y no pasa nada, pero tener a los tres peones de aparcacoches no parece lo adecuado. En el segundo toro más de lo mismo, pero dejó un correcto par cuarteando de dentro hacia afuera bien reunido y con ventaja para el toro, aunque en el par anterior a ése el toro le sacó de la Plaza directamente y le obligó a tomar el olivo. Lo más significativo de Padilla, lo que dejará su nombre en los anales es que esta tarde al entrar a matar a su primero rompió el estoque: se oyó ¡crack! y a continuación medio estoque estaba dentro del toro y el otro medio en la mano del torero. Acaso pueda ser que hoy el material en general anduviera defectuoso, porque a lo largo de la tarde se rompieron, además del estoque, al menos dos varas de los picadores y un palillo de la muleta. Reseñar la actuación de Padilla con la muleta en sus dos toros es hacer perder el tiempo. Sí se merece reseñar la primera vara al cuarto, Jacobino, número 124, que se abalanzó con fuerza y entrega hacia el caballo en el que iba Justo Jaén empujando con fijeza y vigor al caballo, que valientemente se resistía a caer y con Jaén defendiendo a su cabalgadura con la vara de detener, muchas veces con el caballo alzado de manos por el empuje del toro. Finalmente picador y cabalgadura dieron con sus huesos y sus faldillas en el suelo, pero esta lucha de poder a poder es, sin duda, el momento más intensamente estético de toda la tarde. Merece también la pena reseñar lo atentos que estuvieron todo el tiempo los miembros de la cuadrilla para hacer las cosas acorde a los deseos de su matador, por más que los deseos de éste no coincidiesen con los del público.

Castella recibió de capa a su primero con siete pases de pegolete, que es como el abuelo de mi querido Vicente Palmeiro denominaba a las verónicas de pies juntos, dos medias verónicas apresuradas y una revolera. Su labor muleteril, fría y despegada, despertó unas tibias palmas y se deshizo del animal de una auténtica puñalada digna de alguno de los 7 niños de Écija. La cosa que los del copazo estaban esperando llegó en el quinto, Husmeador, número 65. El toro al salir a la Plaza y ver el ambiente, simplemente volvió grupas y se volvió al frescor del chiquero. De lo de las varas ni hablamos y de banderillas tampoco. Cuando Castella acude hacia el centro del redondel a brindar, eso ya contiene la promesa de los pases cambiados por la espalda, y nos remitimos a lo que se dijo antes al respecto. ¿Cuántas veces le hemos visto a Castella este mismo inicio? Castella, ya con sus años de alternativa a cuestas, maneja bien los resortes del espectáculo y en seguida se dio cuenta de que podía torear al respetable encadenando dos circunstancias: las ganas de diversión del público  y las condiciones repetidoras del bicho que tenía enfrente. Como ocurre cuando el toro se mueve y se mueve y el torero empalma los muletazos el público entró en éxtasis y el torero vio claro que ahí había un filón y luego, cuando la faena se le comenzaba a venir abajo recurrió a añagazas tales como reverdecer el toreo de proximidades y parones de sus inicios, amagar quedándose impávido en la oreja de la res y provocar el susto del público. Con una media lagartijera de efecto fulminante puso fin a su labor y se le recompensó con una oreja de nulo peso y menor valor.

Y Roca Rey para acabar, que a Roca no le vemos dar un pase como Dios manda desde que era novillero, y a cambio nos deja cada día esa tauromaquia de Disco Ibiza/Loco mía, que es una cosa como de novillero hambriento de triunfo que no le cuadra ya nada a un señor que va bien colocado en los carteles. Su primero era el anti-toro para lo que Roca quiere, que se quedaba parado de pase en pase y eso es lo peor que a estos les puede pasar, pues el parón viene a mostrar a las claras todos sus defectos, principalmente de colocación, y todas sus carencias. Se le cayeron a Roca uno a uno todos los palos del sombrajo con la cosa de la falta de movilidad del bóvido, y lo único que dejó para los anales es la óptima colocación de la estocada, y su efectividad, si bien la suerte no fue limpia del todo en su ejecución por dar un saltito en el momento de herir. En su segundo quiso Roca volver a poner en marcha su tauromaquia del Price. Al toro lo recibe a base de humo de pajas que nada tiene que ver con la verónica, la ley del capote, luego ni lo pican y comienza su faena con los del Celeste Imperio, de los que decía Rafael El Gallo que le servían para engañar a los espectadores como a chinos; luego el toro se va yendo a donde le da la gana y recala en el 4 donde Roca se lía en lo de las cercanías recibiendo tibias palmas ¡en el 4!, y luego en medio de lo de las manoletinas se dan un par de vivas a  España, para que se vea el caso que se le hacía al torero. Mal Roca, que no parece estar pasando su mejor momento.

 El Marketing moderno
¿No hay billetes? Según y cómo
 Taquilla abierta

El Público moderno
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* Homenaje a Dalí

Sábado, 19 de Mayo

Valle de Esteban

Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.

viernes, 18 de mayo de 2018

La mentira



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Frente a los catalanistas, los constitucionalistas, que fingen haber cogido una perra con la Constitución que nos ha traído aquí, sin explicar por qué el separatismo, que en el 77 rondaba el cinco por ciento, está hoy en el cincuenta.

Nuestros constitucionalistas no son, desde luego, los Founding Fathers, grandes por su humildad para reconocer su fracaso con los Artículos de la Confederación y sustituirlos por la Constitución federal, y prefieren establecerse en lo que, en su “Laberinto”, Octavio Paz llamó “la mentira constitucional”.

La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma.
La Transición significa para los españoles lo que la Emancipación para los hispanoamericanos: en observación de Carlos Rangel, una crisis moral, intelectual y espiritual, un rechazo de sí mismos, tal como a ellos los había forjado España (y a nosotros, Franco); y un referirse, para definir una nueva identidad, por una parte a un pasado mítico, pre-colombino, “buensalvajista” (aquí, la Segunda República); y por otra parte a ideas y prácticas políticas exóticas y que no estaban preparados para manejar (¡esta socialdemocracia rampante!): la consagración de la “mentira constitucional” (nuestra capacidad de autoengaño) de Octavio Paz:

Mentimos por placer. La mentira posee una importancia decisiva en nuestra vida cotidiana, en la política, el amor, la amistad. Con ella no pretendemos nada más engañar a los demás, sino a nosotros mismos. De ahí su fertilidad y lo que distingue nuestras mentiras de las groseras invenciones de otros pueblos… Mentimos por fantasía, por desesperación o para superar nuestra vida sórdida.
Y como la política, los toros, donde todo es mentira, menos lo malo.

San Isidro'18. IX de Feria. Gloria al Fino en sus andares y en la arena paz a los juampedros de buena voluntad*

 Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
Góngora, el otro Fino de Córdoba

José Ramón Márquez

En la Feria del Isidro hay, como si dijéramos, dos ferias que van entrelazadas. Por un lado lo que llamaríamos la Feria propiamente dicha y por otro la Feria Innecesaria, compuesta por todas aquellas corridas de relleno, de poco costo y poco interés donde la posibilidad de que salte la sorpresa es prácticamente inexistente. Hoy, sin ir más lejos, tocaba festejo de la Feria Innecesaria, que cualquiera puede darse cuenta de que la combinación de la juampedritis con el Fino, Román y Adame II que pensó Domb en sus ensoñaciones no es, ni  mucho menos, de las que hacen que la taquilla se ponga a echar humo. Y así fue, vistas las calvas que presentaba el tendido.

Y luego lo del público, que casi todos los días lo repetimos, pero es que lo de no tener alrededor casi a personas conocidas es algo que llama la atención porque lo normal ha sido, a lo largo de lustros, tener a las mismas personas en las proximidades y pasar la Feria, muchas Ferias, junto a ellas. Y ahora han desaparecido, y llegas a la localidad y apenas hay rostros conocidos, que aquello está lleno de personas que cada día son distintas aunque, como me apunta el aficionado X., todos son parecidos, pues ninguno viene con la exigencia por bandera, y más bien están en el registro de la cosa triunfalista.

Lo de poner a la juampedritis (the real one), la del hierro de Veragua, en un cartel como el de hoy sólo significa una cosa: que la parte sensible del escalafón ha retirado su favor a esta vacada y ahora se la echan de recuelo a los del segundo escalón. Bueno, en realidad fueron cinco los de Juan Pedro Domecq y uno de Parladé, lo mismo que el año pasado que fueron cinco de Juan Pedro Domecq y uno de Juan Manuel Criado. Digamos que los productos que ya son el fruto de la selección de don Juan Pedro Domecq Morenés tras la muerte de su padre (qDg), no han sido capaces de proporcionar una corrida completa para Madrid en dos años consecutivos y digamos que lo que dichos productos han traído tampoco es como para ponerse a echar las campanas a volar, pues a la ya consustancial falta de poder de las reses de este hierro se ha unido la condición bobona del ganado, demostrada en grado supino en el jabonero claro que hizo tercero, Ombú, número 33, de características extremadamente serviles para con el que tenía que mandarle al otro barrio. El de Parladé salió en otro registro y, una vez dadas las tres tandas que traía de serie, cambió de manera espectacular, parándose y desarrollando sentido a causa de sus pocas fuerzas y, en general de su aire descastado y manso.

Por delante salió Juan Serrano, el Fino, con un vestido de ligeros bordados, como los del Luis Miguel que alcanzamos a ver, bordados cósmicos de soles y estrellas sobre un terciopelo de color berenjena. A estas alturas, parece mentira, ver a Finito es casi como ver al último de los clásicos. No me refiero a lo del toreo, que ya se ha comprobado en numerosas ocasiones que él no es hombre de gestas, y entiéndase aquí como gesta el ligar cuatro muletazos seguidos quedándose en el sitio, pero tiene un aire que nos lleva a una época no tan lejana en que los toreros, aunque estuviesen hasta las trancas, hacían afirmación de naturalidad en sus modos y en sus formas. Juan Serrano ha traído hoy a Las Ventas dos cosas de las que ya no se ven. La primera es la manera tan torera de moverse por la Plaza. Parece mentira que haya que reseñar esto, que debería darse por supuesto, pero con la invasión de feísmo en la que estamos sumidos de día en día, con la vulgaridad en las formas que se nos vende a diario como cumbres del arte, ver al Fino andando hacia su sitio, después de dejar el toro al caballo, yendo a su paso por detrás del penco con ese aire tan torero, con el capote recogido al brazo, es uno de los momentos buenos de la tarde. La segunda tiene que ver con la muleta, en la manera de agarrarla por el centro del palillo y la manera de presentarla, planchada y un poco retrasada, que se nota a las claras que él quiere estar en contacto con el toro cuanto menos mejor, cuando estamos aburridos de ver cada día el cite con el pico, esa espantosa letra uve que forma el cuerpo del torero con el brazo y la muleta, ver citar con la muleta recta y bien presentada es hoy día algo así como tener la oportunidad de ver a un bicho de esos que dicen que están en peligro de extinción. Resaltamos esos detalles de Finito de Córdoba, detalles de personalidad de quien estaba llamado a más altas cumbres que las obtenidas para poner el contrapunto adecuado a la estética restorcidista, atlética y febril de Román y de Adame II, cada cual en su forma. El Fino trajo eso para el ojo que estuviese avizor y, de una manera más genérica, trajo una sucesión de cuatro medias verónicas a su primero en los lances de recibo y un derechazo de mucho cuajo en ese mismo toro. En el segundo ná de ná. Magra cosecha, pero ciertamente quien esperase más de esto o es un iluso o no tiene repajolera idea de quién es Juan Serrano, Finito de Córdoba en los carteles.

Como el más oportuno contrapunto a Juan Serrano salió a continuación Román, el torero extrovertido y populista con su pirotecnia de fiestas patronales. En su primero, Organista, número 13, desplegó su enorme muleta y su desparpajo en una faena a menos compuesta por la sucesión de muletazos de ida y vuelta, en un toreo empalmado más que ligado y, desde luego, atropellado. En su segundo, Gandul (sic), número 75, se encontró con la horma de su zapato pero al revés. El animal, de carácter soso, no se prestó al incesante movimiento que el toreo de Román demanda, por lo que la lidia y muerte del toro se convirtió en una ceremonia plúmbea a la que no se veía el final. El bullidor desparpajo de Román necesita que el toro tenga una inequívoca inclinación al correteo, y sin eso el torero se queda en una patente demostración de las carencias del valenciano.

Y Adame, Luis David en el cartel, que iba de tercero. Yo creo, a mí me parece,  que este Adame es mejor que el otro Adame, el del otro día. Hoy encontró un toro dispuesto a echar una mano en lo que él quería hacer y un público muy proclive a lo que traía en la cabeza, o sea que si no se llega a cruzar la espada en su camino ahora estaríamos hablando de la primera Puerta Grande de Madrid de este Isidro 2018, en esta Plaza de Talanqueras más Importante del Mundo. Para que las cosas le rodasen como él quería necesitaba la colaboración de Ombú, que fue un toro cinqueño de muy buenas condiciones para la muleta, que se había arrancado con alegría y fijeza a los cites de Óscar Bernal, que hizo bien la suerte y le dejó sendos puyazos traserillos sin pegar en demasía, y que en banderillas demostró su galope largo para que Miguel Martín pusiese sus pares con eficacia de buen peón y Luis Cebadera se viese tomando el olivo innecesariamente. Con ese material Luis Miguel ya podría habernos dado fiesta a los aficionados, porque el toro no tenía ningún defecto, acudía a los cites como si fuese al encuentro de su primera novia, repetía las embestidas sin exigir nada a cambio en cuanto a colocación, andaba cuando había que andar y se paraba cuando había que estar parado. Ante este derroche de generosidad por parte de Ombú, a Luis Miguel Adame no se le ocurrió otra cosa que entonar la conocida jaculatoria: “no te cruzarás, al toro lejos echarás, con el pico citarás y si el toro se mueve y se mueve, tú triunfarás”, y en vez de aprovechar las condiciones óptimas del toro, se tiró por la calle de en medio, la que lleva a la orejilla guarripé, y donde tenía que haber construido un sólido edificio, hizo un chamizo con los tablones clavados. Comenzó su faena de manera espectacular con cuatro del Celeste Imperio y uno del desprecio. Fue muy jaleado por el público, ansiosos de ver algo, pero el tema que cantó estaba lleno de morcillas y, cómo decirlo, de olvido, pues mañana nadie de los que pidió la oreja a don Trinidad López-Pastor Expósito (el presidente que en cierta ocasión concedió una oreja con una estocada haciendo guardia) y ni siquiera el propio don Trinidad recordarán nada de lo que Adame hizo al amable toro que le cayó en suerte. Su segundo, el Parladé, cantaba bien claramente las pocas ganas de lío que tenía dada su condición mansurrona. Le costaba echarse a correr, pero cuando estaba en movimiento se tragaba los muletazos y eso lo hizo por tres ocasiones; luego ya no hubo cuarta tanda, porque el animal se paró y se dedicó a lanzar arteros derrotes al mejicano, que si lo pilla lo destroza. Ni que decir tiene que las tres tandas de las que se habla más arriba son bajo el mismo concepto de lo que le hizo al primero. Falló a espadas y su sueño del 1+1 se esfumó y con él el de la cantidad de gente que estaba ya deseando verle salir por la Puerta de Madrid.

La cosa es que llevamos ya nueve corridas en la Feria, 23 matadores de toros han pasado ante nuestros ojos, y aún nadie se ha acercado ni por el forro a lo que hizo el día 2 de mayo Javier Cortés.
__________
*Finito de Córdoba declaró que sus toros habían tenido buena voluntad

  Tres balas de almendra verde
tiemblan en su vocecita
Lorca

Andanada del 9
Abonado atado a la columna

Jesús atado a la Columna
Josep Maria Subirachs
Sagrada Familia de Barcelona (fachada de la Pasión)

Viernes, 18 de Mayo

Valle de Esteban

Resisto un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo

jueves, 17 de mayo de 2018

Chinchón & Galapagar

El Quinto Coño
Chinchón

La Quinta de Pablemos
Galapagar

Solos

Ivan Illich

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Marx, un filósofo colosal al que los ministrables de Ciudadanos despachan en un tuit, dice que los hombres hacen la historia, pero sin saber lo que hacen. Ahí tenemos las Autonomías.

Un Estado de Autonomías (“contradictio in terminis”) fue la aportación del Psoe, que quería “dar un sueldo” a su famélica legión, a la causa del 78. Suárez, que tampoco había leído a Marx, firmó el decreto por el que la autonomía del Estado se desdoblaba en varias (?), y los “juristas” socialistas desarrollaron ese título octavo de la Constitución que supone la destrucción del Estado desde dentro con un arte que para sí hubiera querido Marx, hijo mecanicista de Newton, a fin de cuentas.
O te callas o te vas –dijeron los liberalios de la Ucedé a Fernández Miranda, que lo avisaba.
Vista la comedia de Salas Barbadillo que desde el 78 la partidocracia española había venido interpretando en “La Cuestión Catalana”, en octubre dijimos que el Rey y la Nación se habían quedado solos.
Solos, porque el Konsenso soberano del 78 los excluyó políticamente de la Constitución, donde la Monarquía no es constitucional (el rey no gobierna) ni parlamentaria (el Parlamento no representa la voluntad nacional) y donde la Nación carece de representación, que es hacer presente lo ausente (lo impide el sistema proporcional de listas de partido), origen de esta distancia marciana entre la vida real de la calle y la vida fantasmal de la gobernación.

En lenguaje de Ivan Illich, el 78 sería la historia de una esperanza declinante y unas expectativas crecientes. Una historia que comienza con la degradación del mito de la caja de Pandora (“la que todo lo da”: dejó escapar todos los males de su ánfora, pero cerró la tapa antes de que pudiera escapar la esperanza) y termina en el cofrecillo que se cierra solo y que Illich vio en una juguetería de Nueva York; lo abrías y salía una mano mecánica que cerraba la tapa. Esperabas sacar algo del cofrecillo, pero sólo contenía un mecanismo para cerrarlo.

San Isidro'18. VIII de Feria. Del "¿Quién se ha muerto?" a la comunión con orejas chicas

El Rey de los Toreros

José Ramón Márquez

-¿Quién se ha muerto?

Esto pregunta un señor a mi izquierda cuando se detiene el paseíllo y se guarda el, más o menos, minuto de silencio.

-Es que hoy hace noventa y ocho años de la muerte de José Gómez Ortega, Gallito, en Talavera de la Reina.

Éste es el nivel en el inicio de la corrida número 18 de las de la temporada, octava de la Feria del Isidro, para que nadie se llame a engaño. Hoy por primer día en lo que llevamos de Feria colocaron en las taquillas el primer cartel de “No hay billetes”, para que se vea a las claras lo que muchos buscan en el abono. Sobre el lleno hay que matizar que lo mismo era un truco de mercadotecnia de Domb, que él tiene estas cosas y a lo mejor el cartel tenía algo de lockout porque se veían huecos, no muchos pero los había, y desde luego en el asiento se estaba ancho y a gusto, no como en las corridas de auténtico reventón. En cuanto a lo del personal que compró su entrada, la verdad es que día a día  no conseguimos conocer a casi nadie en los alrededores, como si en lo que va desde el año pasado hasta el presente hubiese habido una deserción masiva de los habituales. Otro misterio.

El momento de más emoción de la tarde se produjo pasadas las nueve de la tarde, cuando el toro llamado Rosito, número 131, castaño chorreado en verdugo, acudió al cite que le hacía Manuel Cid (a quien un célebre crítico hizo hermano de Manuel Jesús el Cid en otra de sus humoradas sin vaso) desde lo alto del penco guateado. El toro se consiguió colocar en la trasera del aleluya y levantando con facilidad los cuartos traseros del arre le fue facilísimo hacer caer al picador por encima de la cabeza del caballo y luego poner al propio équido en el suelo, para a continuación encelarse con él y, con un monosabio coleándole, aún consiguió pegar una fuerte cornada en el muslo del aleluya antes de que los capotes se llevasen a Rosito a otros menesteres.

Los toros, que no se había dicho, pertenecían a ese megamix de sangres que se etiquetan como Núñez del Cuvillo pero que para muchos es, simplemente, la estirpe de Idílico, señor de las Adelfas indultado por Tomás en Barcelona, cuya extraña muerte, nunca suficientemente explicada, daría para uno de los estupendos reportajes de Cuarto Milenio. Para quien no sepa de esto, los cuvis son los toros que se estilan, los que son el “must” de la parte alta del escalafón, los que se crían pensando en la faena de muleta, los que llevan en sus inocentes embestidas la promesa firme de las grandes faenas contemporáneas, los que han sido seleccionados para no dar miedo, los toros con los que los toreros pueden “sentirse muy a gusto” porque “me han permitido expresarme”, como si dijéramos los toros de la libertad de expresión. Los toros se vienen a Madrid acompañados de dos mayorales que ocupan su asiento en el burladero que pone “Mayorales”, con sus trajes cortos y su sombrero de piel de conejo,  y para que se vea que la suya es ganadería que está a la última en el uso de las tecnologías, uno de ellos porta una videocámara con la que se graba la corrida entera, que las noches de invierno en El Grullo son muy largas, sobre todo si hay levante, y allí se juntarán con el amo don Joaquín para mirar los planchazos que se pegaron los toros el día 16 de mayo en Madrid, como el que ve el vídeo de la boda del vecino.

En cuanto al juego del ganado, aparte de la blandenguería consustancial al hierro y el poco interés por la cosa equina y, en general por el mundo de los picadores, fue el esperado en esta vacada: pocas o ninguna idea, persecución de las telas mientras sus menguadas fuerzas lo permitan, entrega total a lo que se les diga, exigencia nula para sus matadores, colaboracionismo, en una palabra al servicio de las magnas obras de arte que se presupone que se van a realizar sobre bases tan seguras. Y la verdad es que si estos seis galancetes de hoy los llegan a pillar por banda en su buena época Miguelín o Diego Puerta, o Palomo Linares o, qué se yo… ¡Carnicerito de Úbeda!, no cabe duda de que los hubieran mandado a los seis al desolladero sin orejas y sin rabos, pero los tiempos han cambiado y ahora es la solemnidad quien se va haciendo la dueña de las Plazas de Toros y como la cosa artística es la que impera, las gentes esperan del matador una actitud como sacerdotal, llena de unción, que esto cada vez es menos Fiesta.

Así que el que buscase unción ahí tuvo a Antonio Ferrera para pegarse un atracón, que yo no sé quién le habrá inoculado las palabras ofidias y le ha inmiscuido en la cosa artística en versión “viejo maestro” y el hombre lo ha interiorizado de una forma total con lo que ahora Ferrera a) lo hace todo con parsimonia como en las obras de teatro contemporáneo en que varios actores suelen ir en pelotas b) se pega unos paseos entre serie y serie que se queda el toro allí parado donde le dejó para luego volver al mismo sitio y c)  a veces deja el estoque de madera pinchado en la arena y prosigue su labor sin él, cosa que extasía a cierta clase de  público. En su primer cuvi, Ferrera puso en marcha todo lo dicho y, por momentos algunas cosas le salieron bien, especialmente el remate de una serie de naturales con un cambio de mano por delante que da lugar a un redondo, que se sigue con un cambio de manos por detrás para enhebrar un natural rematado por alto y en seguida finalizar con un pase de pecho. También hubo algún momento bueno toreando con la derecha y una estocada bien ejecutada que le valió una oreja. En lo negativo esos paseos interminables en que explora introspectivamente su mundo interior y esa absurda manía de dejar el estoque simulado clavado en la arena. Y al fondo, la constatación palmaria de que Antonio Ferrera necesita más toro que el cuvi, que se le queda muy corto, como le pasó en el segundo en el que tuvo que torear de enfermero con la muleta a media altura y cuando la bajó, el bicho se fue al suelo. En el segundo toda su introspección no le sirvió para ver lo pesado que se estaba poniendo y alargó de manera innecesaria su faena, vaya usted a saber por qué. Hay que verle con toros, que es lo suyo, como quedó dicho.

Manzanares III no ha visto un toro, lo que se dice un toro, en su vida. Él va de cosa fina, de boda real, de Vogue Uomo, y desde aquel remoto día en que nos hizo soñar en que sería un torero grande, no ha hecho otra cosa que abusar de su innegable esteticismo a cambio de casi nada, taurinamente hablando. Con su primero, que cabeceaba un poco, estuvo amontonadillo y hasta vulgarote y cuando el torero se iba a por la espada de verdad el toro se echó al suelo, para que se vea el cariz del ganado. En su segundo, Tristón, número 69, un jabonero sucio que parecía que venía de currar en un taller mecánico, nos dejó un primor de capoteo y un toreo de nonada apoyado en la estética, sin colocación, sin compromiso y sin pasión, lo que antes se decía “aseado”, que fue jaleado con no mucho entusiasmo. Muy poco para lo que se espera de uno de los reyes del escalafón, poquito toreo y poquita ambición, acaso pensando en salir de Madrid cuanto antes. Mató a sus dos toros con su característica facilidad y por arriba y le dieron la oreja del segundo. La estocada valía la oreja, pero es poca cosa para un hombre de quien se espera más.

Y de tercero el camaleón, Talavante, que hoy venía embadurnado de gomina y recordaba a Javier Conde. La gran apuesta con Tala es ver de qué palo va cada día y en su primero parecía que estaba en lo de imitar a Ponce, con un inicio sacándose al toro hacia el tercio con la pierna flexionada y rematado con un cambio de mano y uno por alto. Luego dos series de redondos donde se pone ventajista de pata atrás, a lo moderno y dejando que el toro vaya enhebrando los muletazos con sus condiciones y, cuando recibe la admonición desde las alturas sobre su colocación, corrige la posición y dicta una buena serie con la izquierda demostrando que si quiere, puede. La faena tiene sus altibajos, el torero hace algún bonito adorno y cuando le metió el estoque entero dentro al toro, un poco trasero, la verdad sea dicha, le pidieron la oreja. El toro fue el más toro de la corrida, atendía por Aguador y llevaba marcado a fuego en su cuero el número 255. En el sexto, el del caballo del principio, Talavante vio las condiciones del animal, la manera en que el toro se movió en banderillas, se fue a brindar al público y en seguida lo citó en los medios, donde Rosito acudió de mil amores e hizo concebir esperanzas sobre la faena que vendría, pero tras el remate de pecho de la serie inicial decidió que hoy no era el día de echar la pata hacia adelante y de lucirse con el toro que iba e iba sin cesar, dejándonos un catálogo del neotoreo más vil, que excitó una barbaridad a parte del público y que jalearon aquel latón como si fuese oro molido. Luego falló a espadas y la previsible oreja se quedó en nada.

Que hoy, con esos toros, no haya habido un triunfo muy fuerte de la terna indica de manera bien clara cómo está esto. No les basta con los toros que ellos mismos pastorean por el campo, no les basta con tener la plaza bizcochona y ansiosa de darles el triunfo, no les basta con nada. Hoy deberían haber salido los tres por la Puerta Grande y se fueron al hotel con una oreja por coleta. Les importa un bledo. El que más tiene que perder es Ferrera.

El tercio de varas hoy fue técnicamente inexistente y del segundo tercio lo único reseñable fue lo bien que estuvo Juan José Trujillo pareando y la pena que da ver a Montoliú tomar el olivo, cosa que hizo en el segundo de sus pares al cuarto.


Padrenuestro de la Nada por Gallito

Gol de Griezmann