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martes, 15 de mayo de 2018

Criados

Francisco de Miranda


Ignacio Ruiz Quintano
Abc
  
Ya está aquí “ese mediodía caliente y redondo” que es San Isidro, sin que en las calles se noten los viejos “isidros”, que fueron los primeros turistas.
  
El viento se les llevó la boina y los hijos de los que tenían arrugas en el cogote están en Alemania –escribía Ruano, aquí, en su último San Isidro.
  
Para Ruano el escritor es un animal rumiante, y en cada colaborador de Prensa sentado en el café ve un San Isidro contemplativo mientras los ángeles del oficio le aran el artículo.
  
Un caballero es un hombre que tiene criado –observó en Inglaterra Santayana, que nunca tuvo criado.
  
La relación señorito-criado en Inglaterra era más “profesional”: cuestión de tenerlo todo dispuesto para el amo. En España era más moral: el criado servía al amo en todos sus asuntos. (Para desacreditar a la esposa de Cánovas, Joaquina, se murmuraba que hablaba a los sirvientes vuelta de espaldas).

    San Isidro sirve en vida a los Vargas, y en la posteridad, junto con su esposa Santa María de la Cabeza y su hijo Illán (“el de las vacas”, dice Gecé), sirve a los jesuitas (durante la Contrarreforma y la ascensión de Madrid a Capital del imperio español) para exaltar el misterio de la familia. Los mismos jesuitas que luego, expulsados por el nefasto “Mejor Alcalde de Madrid”, se convierten en la fuente intelectual de la revolución hispanoamericana, la Emancipación, cuyo Precursor, Francisco de Miranda, participante en las tres revoluciones (Estados Unidos, Francia e Hispanoamérica), el único demócrata que ha dado España, se escandaliza ante el republicanismo estadounidense como ahora Lassalle y demás señoritos liberalios ante los votantes de Trump:
  
El espíritu de republicanismo (en Springfield) es tal –anota en su “Diario”–, que el mozo de mulas y todos los demás nos sentábamos juntos a la mesa, y no fue con poca pena que hube de conseguir el que a mi criado le diesen de comer separadamente.
  
España, hoy, es un país isidril de paniaguados de la Providencia, que es el Estado.