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domingo, 11 de febrero de 2018

Entre Rejas

 Cai de mi arma 7,20 (ya 7,30)

Entre rejas 1985


Javier Gómez Fernández

Desde que el Carapapa quiso obsequiarnos con esos versos tan sobresalientes en contenido y rima: “… y acabé en una barraca comprando pistachos, anacardos y gomitas”, procuro en la final hacer honor al mandato. Con acompañamiento si puede ser. Máxime en la final más larga (en agrupaciones) desde que se abandonó a la churrería La Guapa en sábado de carnaval (allá por Araka la Kana).

12 horas de maratón que el TeleSur, como siempre protagonista, nos obsequió con demostrarnos la suerte que tienen algunos, como un tal Jordi, que sin participar pudo obtener una de esas preciadas entradas al Paraíso del Falla. Qué pena la mía, que tenía el número 22.000 y no fui tan suertudo como el tal Jordi. Ni alguno más que no vimos.

Decían algunos que era ésta la final de los cuartetos, por ser la primera con 4 en la historia. Para eso tiene que haberlos. Y sólo había sobre las tablas dos. Uno, el gran Gago, que vuelve a sus fueros de ser menospreciado por atreverse a rimar. El otro, el del gran Morera, que se salió. Aparición estelar de ¡Don Antonio! incluida.

En chirigotas, empeñado el jurado en el apartheid repostero, quedaba el hombre que mejor concursa desde que el dieron el último babuchazo con los Hinchapelotas. 4 primeros y 1 segundo en 5 años. El Vera tiene que tener todo, el Congo incluido, para que le cuelguen farolillos. Le ganó al sprint a un Cascana que no sé yo si llevaba más de 4 pasodobles cuando le escuché en Preliminares. Valga la chirigota para que levanten el peaje que lleva desangrando a la AP4 más años de los que se recuerdan. O que lo pongan en Puerta Tierra para el Jordi colao.

Pero la Pasión está en otro lado. Está en ese Tino Tovar que descansa como lo hizo Ares, con un Tercero. En ese Perro Andalú que nos dio coba y que cerró la final ladrando (luego cabalgamos). En el Primer Premio, don Juan Carlos Aragón, que ya tiene los que Brasil. La mafia volvió a ganar, con una enorme actuación sobre todo en semifinales. Y sobre todo, con mi fetiche ornitológico. Con el Monchi del carnaval. Don Ángel Subiela. 7 Primeros y 7 Segundos. Y la balanza podría ser más favorable. Nos dejó, gracias al Chapa, una primera letra con la que medio teatro se encaramó; una segunda con la que saltó; y un final con el que volvieron a subir a la Torre Tavira a ver si podían volar de verdad. Faltaron las flores. Y que el público no fuera de escayola. O de Tractoria.

Y el coro. Pastrana y tres más. Pero como decía el Yuyu, el coro son mucha gente pa repartir.