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lunes, 12 de febrero de 2018

Ensayo de la manita



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cinco goles a la Real de Eusebio Sacristán (aquel fino ocho de La Seca en el Drean Team), un sparring perfecto para lo del PSG de Unai Émery, ese equipo bonito que la propaganda de esta industria del espectáculo que es el fútbol nos presenta como si fuera el Ajax de Michels o Van Gaal, el Dinamo de Lobanovsky o el Milán de Sacchi.
    
Menos de cinco goles al PSG de Émery en el Bernabéu será un fracaso: no se puede pedir menos a un club que tiró la Liga y la Copa del Rey para poder preparar tranquilamente este Miércoles de Ceniza que, al coincidir con San Valentín, también podrían aprovechar los kikos de la Grada de Animación para acometer con música de Pablo Alborán el “Amor constante más allá de la muerte”, que, dado lo que se juega el Madrid, lo mismo vale para un roto que para un descosido:
   
 …“Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, / Venas, que humor a tanto fuego han dado, / Médulas, que han gloriosamente ardido, / Su cuerpo dejará, no su cuidado; / Serán ceniza, mas tendrá sentido; / Polvo serán, mas polvo enamorado”.

    Un poquito de polvo enamorado y al PSG le hará gol incluso Benzemá, delantero centro del mejor equipo del mundo, que lleva dos en lo que va de temporada, números que a Mendiolea, cuando yo me aficioné al fútbol de niño, le hubieran costado la titularidad en el Burgos de Arráiz, Olalde, Requejo y Angelín.
   
 José Ignacio Mendiolea Lope de Eguinoa, centrodelantero setentero de Santurce, tenía un R-8 TS amarillo que quitaba el hipo, hizo dos goles en la temporada-debut del Burgos en Primera, y ya no lo recuerdo jugando más.

    Karim Mostafa Benzemá, centrodelantero “muy técnico” del Real Madrid, tiene/tenía un McLaren plateado que echa el pelo para atrás y ha hecho dos goles en seis meses que le garantizan el puesto con Zidane, aunque el piperío le pita y estaría dispuesto a cambiarlo el año que viene por Neymar, la joya publicitaria del PSG, “El Bayeta” (así llamaban al motero Carlos “Tiriti” Cardús por su “afición a limpiar la pista con el mono”), aunque no hay opinión que no pueda cambiar una hábil campaña publicitaria.

    El PSG es el equipo más indicado para el lucimiento de Benzemá, que tiene a huevo ganarse la renovación con el Madrid para otra década: tanto miedo han metido a la afición con la banda de Émery, que un gol de Benzemá sería celebrado como el de Marcelino a Rusia, y el Madrid paga historia.
    
En cambio, el PSG de Neymar y Émery es la versión futbolera de “Ninette y un señor de Murcia”, aunque Émery sea de Fuenterrabía. Su verdadero peligro está en Di María, el futbolista-cormorán, que en Madrid no jugará porque Émery vendrá a amarrar, y tampoco es cosa de quitar a Mbappé o a Neymar.

    Un gol, en fin, de Benzemá al PSG, y para el madridismo habrá valido la pena el sacrificio de la Liga (el Barcelona le saca al Madrid los mismos puntos que el Bayern al Leverkusen) y de la Copa, regalada como trofeo de pobres al Leganés por Zidane, un hombre que oye voces y que quiere cambiar a Asensio por Hazard, aunque en el fútbol todos estemos en manos de Roures, un basilisco de la lucha de clases metido a magnate audiovisual en cuyo calidoscopio se mezclan “el PSG, Bein Sports, la Liga de Fútbol Profesional, el Calcio, Junts pel Sí, TV3, Podemos, Puigdemont y el ‘share’ de Real Madrid TV”. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras.


DI STEFÁNO Y EL UNITED

    Ahora que el Madrid quiere “levantarle” al United a De Gea (portero con inferiores cualidades, por cierto, que Arrizabalaga, desechado por Zidane), el “Daily Telegraph” ha tenido el buen gusto de recordar el “fair play” de Santiago Bernabéu cuando en el 58, con motivo del desastre aéreo del equipo inglés, ofreció al United la cesión de Di Stéfano, que no se formalizó por el impedimento de la Football League. El gesto de Bernabéu es más radical que el que tendría Florentino Pérez ofreciendo a Sergio Ramos al Atlético para aliviar la baja de Godín, desdentado por el portero del Valencia. Aquel mismo año Bernabéu dedicó su Tercera Copa de Europa al Manchester United. Y en el 59, Di Stéfano haría un gol de tacón en Old Trafford, escenario de otro taconazo legendario, el de Redondo, hace dieciocho años: cambio de ritmo, autopase y túnel de tacón a Stam (¡a Stam!) para servir a Raúl el 0-3 y la semifinal.