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sábado, 11 de noviembre de 2017

Cisneros



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cisneros representa todo lo contrario de cuanto tenemos hoy por aquí, y por eso el silencio del Régimen al cumplirse los quinientos años de su muerte: ni siquiera una estampilla de monja como la que El Vaticano de Bergoglio ha dedicado a Lutero (¡el amigo de frau Merkel!), habiendo pasado por alto a Teresa de Ávila… ¡y al primer reformador de la Iglesia!, este Cisneros, hijo de criado y labradora, que anduvo tres o cuatro años reformando su orden por España a lomos de un asno, y que sólo dejó de andar en él porque una vez saltó en mitad de la calle sobre una borrica que pasaba, “y por poco le matara de la caída”.

Copiamos de la Historia: saliendo el Cardenal a ver un alarde que se hacía en Madrid, fuera de la Puerta de Moros, hiciéronle salva los arcabuceros, y como se levantó mucho humo, un caballero le dijo: “Apártese vuestra señoría de este humo, que es muy dañoso y hiede”. Y respondió (¡con un Bill Kilgore!) el Cardenal: “No le hace al caso, que mejor me huele que incienso”.

Es el Cardenal que, siendo gobernador de España, asió su cordón y dijo: “Haga el Rey de Francia lo que quisiere, que a tres cordonadas que dé con este cáñamo, le tomaré a toda Francia”.
Cuando el Rey Francisco de Francia (prosigue la Historia) tomó Milán y se confederó con el Papa y con venecianos, vino de aquellas partes el Doctor Agreda, gran médico, que después fue canónigo de Toledo, y visitando un día al Cardenal preguntóle éste en qué estado quedaban las cosas de Italia, y él respondió: que se temía de Nápoles, según la pujanza de Francia, por ventura, la tomasen. Y respondió el Cardenal: “¿Qué será entonces de París?” Éste fue “uno de los mayores fieros que hizo”, dando a entender que si fuesen a Nápoles, él entraría en Francia hasta París.

Descanse en paz Cisneros, primer español que pudo decir “Yo sé quién soy”, como el apaleado Don Quijote a su vecino Pedro Alonso al volver a su aldea montado en su jumento. Cuando todos los españoles sabían quiénes eran.