jueves, 31 de agosto de 2017

El manicomio




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    De los creadores de “La democracia representativa es el consenso” llega a nuestras pantallas “La libertad política es la sedición”.

    –Ni España ni Cataluña deben ser indisolubles –tuitea un orate liberal, es decir, un pájaro de cuenta–. Las comunidades políticas que no permiten la secesión son cárceles políticas.
    
He aquí un Ortega invertebrado pasado por el Colmado Senén en la 13, Rue del Percebe de Ibáñez, representación “cómica” del separatismo catalán, con Senén, Don Hurón, Ceferino Raffles, la Portera y Manolo el pintor.
    
El orate tuitero es el resumen de la desintegración setentayochista de la conciencia nacional y de la moralidad social y pública. Con su desvarío sedicioso, el orate liberal busca que no le digan “alt right” (con su consiguiente pase a la clandestinidad) y allana el camino mental para los oligarcas conchabados en la kermés secesionista. Esto sólo es el principio.

    Ante la sedición catalana, junto con los trinos del pájaro de cuenta, el editorialista del periódico global engola la pluma para avisar de que en la grande polvareda de una república catalana independiente los catalanes perderían… ¡a Montesquieu!, un caballero desalojado de todas las cortes de Europa, ¿o dónde, aparte la Constitución de los Estados Unidos, se ha visto una forma de gobierno sujeta a los tres principios democráticos: representativo de la sociedad, electivo del gobierno y divisorio del poder estatal?

    Al paso, la derecha que para hacer ver que no cree en nada escribe “dios” con minúscula, considera la posibilidad de hacer… ¡un referéndum legal!... sobre la sedición catalana.

    –¡Pues Todorov hubiera dicho sí!

    –¿Todorov? Huy, yo a ése lo leí cuando estaba embarazada de Pelayo.
    
Si en el 36 la izquierda votó en el Ateneo la existencia de Dios (ganó el “no” por un voto), ¿por qué en el 17 la derecha no iba a poder votar la integridad de España? Sólo se necesita ser español y meter una papeleta en una pajarera.

En esta catástrofe no se ve un solo inocente.