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viernes, 19 de mayo de 2017

"Bullsh-ter"

William Randolph Hearst

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La ventaja de ser Obama es que puedes pasar por intelectual declamando durante ocho años los discursos de Favreau, un Errejón de los jesuitas (¡"becario black!") de Massachusetts, y por supuesto, la libertad de expresión.

“¿Qué piensa realmente Obama de Trump?” pregunta la revista “People”:

He’s nothing but a bullsh-ter –contesta Obama (cuyo imperial brazo fue levantado en triunfo habanero por el hampón Raúl Castro) a dos amigos.
“¡Bullsh-ter!” Desde luego, va más allá del “Bobo Solemne” de Mariano a Zapatero y se acerca al “Merde en bas de soie” de Napoleón a Talleyrand. “Bullsh-ter” sería el truño de corrida que cada tarde de Feria nos echan en la Venta de Simón, antes Las Ventas.
Logro trumpiano es haber desenmascarado al periodismo americano como oficio de villanos. El “Post”, cuyo director vino a España a contarnos que él era el sostén (y el liguero) de la democracia, harto de que “el magnate” no sea el Hitler que Bezos anunciaba, exige un “tejerazo”:

Trump has caused a catastrophe. Let’s end it quickly.
Roca Barea resume en su “Imperofobia” las campañas de Pulitzer y Hearst para crear la necesidad de la guerra de Cuba (“¡Recordad el ‘Maine’, al infierno con España!”): bastó con un dibujo que años antes había ilustrado un eclipse de sol, más una película de 25 segundos de Edison (hoy, Michael Moore) con españoles matando insurgentes (“Shooting Captured Insurgents Spanish American”).
En privado, Pulitzer bromeaba diciendo que “nadie fuera de un manicomio” podía creer que España realmente hubiera decidido hundir el barco.
Es el mismo manicomio que agitó “las armas de Iraq” y, ahora, “el robo de las elecciones” a Hillary por Putin, “socio de Trump”. El mismo periódico, el “Post”, que, ante el mismo hecho, con Obama titulaba “Usa ofrece compartir información de Siria sobre terroristas con Rusia”, y con Trump, “Trump reveló información altamente clasificada al ministro y embajador ruso”.

Y en Washington, al revés que en Hollywood, ganan siempre los malos.

Voladura del Maine