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lunes, 6 de marzo de 2017

El Córdoba en su agonía

¿Hacia dónde nos lleváis?

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         No creo que los usos modernos en educación valgan para el fútbol y que equipos a los que se supone prestigio y se les debe cierta consideración se empeñen en aprobar a fin de temporada no ya con un cuatro, sino con un tres y medio, como ha llegado a admitir la autoridad competente en materia educativa andaluza.

        Rayo, Almería, Mallorca, Córdoba, póker de pseudogloriosos, rivalizan en despropósitos y en una falta de elemental aplicación que trae de cabeza a sus aficionados y llevan sus naves al pernicioso lodazal de 2ªB. El Córdoba, mi equipo,  jugaba con el Gimnástico de Tarragona, al que el entrenador Merino a falta de mejores armas, le ha inyectado coraje y mucho choque con el contrario. Emaná, exbético como Juan Merino, señala el camino y saca codos con la habilidad del veterano que es. A Rodas, nuestro central, le partió la nariz a los diez minutos, cuando ya Rodri había puesto el 0-1 en el marcador y la cosa pintaba regular para los catalanes. Como el entrenador Carrión viajó sin defensas de reserva, tuvo que sacar a Caballero, un centrocampista que se adorna y engaña a los que no saben, pero que les aseguro que lleva demasiadas temporadas viviendo por encima de sus méritos. El atentado a Rodas lo quiso cobrar el que menos esperaba un servidor y lo más insoportable es que lo hiciera tan en seguida. Pedro Ríos, con trienios para alicatar un cuarto de baño, sacó el brazo con intención de parar al voluntarioso Delgado y el linier le dijo al árbitro: “agresión”. El  señor Ais Reig, que es de lo peorcito que arbitra en el universo, expulsó al veterano Pedro Ríos a los 15 minutos, con lo que el Córdoba se quedó con diez y sin central durante prácticamente todo el partido. Razak, nuestro extravagante portero, al que el míster ha puesto en vez de al polaco Kiscezk, probablemente el mejor guardameta de Segunda, volvió a hacer una de las suyas y permitió que el remate, simple y parable, de Perone, empatara el duelo entre menesterosos.
      
Conscientes de que el árbitro estaba en plan tralarí-tralará, los jugadores del  Córdoba nadaron como posesos y a ritmo de bolero triste y decadente para alcanzar la playa del empate. Cuando ya hacían pie en la arena llegó la jaimitada propia de un equipo que chirigotea toda la temporada, y nuestro defensa Caro, a los 93 minutos y 30 segundos, saca una falta a favor desde el centro del campo y en vez de ir con el balón hacia el banderín, como siempre se ha hecho desde que el Lobo Carrasco lo patentara, se lo da a ellos para que en el ataque consiguiente nos cuelen el doloroso gol del 2-1 en el minuto 94.

     Es incomprensible que con la trayectoria que lleva el Córdoba aún no esté en puestos de descenso. Que aún tenga opción a la beca del cinco raspado. Y que a sus jugadores ni se les pase por la cabeza guardar a la semana, una hora y media de concentración.