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sábado, 16 de diciembre de 2017

Sábado, 16 de Diciembre


Hemos arribado al muerto más gigantesco que puede sostener la noche.
José Camón Aznar

viernes, 15 de diciembre de 2017

Escritor cubano Orlando Luis Pardo aclara que su próxima novela no es anti-Trump



Luis Felipe Rojas

A partir de un error tipográfico en un twitter del presidente Donald Trump, el escritor cubano Orlando Luis Pardo Lazo (OLPL) ha hilvanado las historias de su nueva novela, Que la patria os covfefe orgullosa, que Editorial Hypermedia alista para inicios de 2018.

En conversación con Martí Noticias, Pardo Lazo, que decidió quedarse en Estados Unidos en 2013 y ahora cursa un doctorado en Literatura Comparada en la Universidad Washington en Saint Louis, Missouri, reveló que se trata de una continuación de su primer libro Del clarín escuchad el silencio.

Ácido, cínico e irreverente, ¿no está Pardo Lazo de algún modo rindiendo culto a Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas?

Es homenaje, sí. Yo he escrito incluso criticando al Maestro (Cabrera Infante), pero que nadie  tome a mal porque para mí es un homenaje tremendo a la escritura de ese hombre que estuvo treinta años fuera de Cuba y jamás escribió un solo párrafo que no fuera cubano.

¿Es una lectura anti-Trump?

No, para nada. Desafortunadamente Estados Unidos está viviendo un momento de mucha radicalización política. Yo he sufrido agresiones en la universidad, precisamente por lo contrario: me han acusado de ser un fanático de Trump por lo que comparto en mis redes sociales, en mi Internet, en mi Facebook…

"En las universidades de Estados Unidos, hoy por hoy, la libertad de expresión está bastante comprometida, bastante en peligro y prácticamente cualquier criterio que se asuma de derecha, o en el caso de nosotros los cubanos anticastristas, pro-democráticos, pues de alguna manera nos aíslan en las universidades por el hecho de no tener un pensamiento socialista", explica OLPL.

Con sólo cuatro años aquí, ¿no estarías haciendo solo una postal turística al describir algo como el exilio?

Lo hago con mucho respeto. Mi libro y mi voz reduccionista, delirante, no es más que mi visión. Todas las otras visiones del exilio histórico, de los exilios de los ’80 y ’90, tienen la misma validez y el mismo valor. Mi visión es más deconstructiva, más caníbal; yo soy el último que llegó y lo hago pateando la lata y haciendo ruido, pero eso no niega mi conocimiento de todo, toda la memoria histórica y lo que se hizo fuera de Cuba para ayudar a la causa de la libertad y lo que se hizo incluso para ayudar a cada ola de exiliados, incluido yo mismo.

A continuación reproducimos un primer capítulo de su nueva obra,
 cedido por la editorial Hypermedia


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Les digo que en menos de un año los Estados Unidos eran otros. Lucían feos y subdesarrollados.

Los vagones de los metros eran una cochinada. Las escaleras olían a orine. Había grafitis comunistas por todas partes. Y, peor, unos murales hechos por minusválidos o algo así, casi siempre con palomas de la paz que parecían gallinas genéticamente degeneradas.

Y encima el presidente Barack Obama haciendo campaña electoral al descaro, para que la gente votara a ciegas por Hillary Clinton. Incluso chantajeando a la América negra para que no se atrevieran a simpatizar con el rubio de oro, y se casaran con la rubia platino que el mulato les proponía.

Un país es la propiedad.

Y su presidente tiene que poseer propiedades, sólo así puede contar con intereses no imaginarios que defender en ese país como tal.

Desde que aterricé en Chicago, las pantallas del aeropuerto repetían a troche y moche los debates presidenciales. Me di cuenta de que, a todos y cada uno de los casi veinte candidatos republicanos, la gente los llama “fascistas” sin ningún tipo de recato.

Trump era el tipo infiltrado del Partido Demócrata. El Agente Naranja espontáneo que garantizaría que el planeta entero se mofara de los veinte republicanos.

Trump era la patente de corso para que Hillary Clinton trampeara al cascarrabias de Bernie Sanders, y saliera electa por amplio margen como la primera mujer presidenta en la historia de los USA.

E pluribus hymen.

Así que no habría elecciones presidenciales en noviembre del 2016. Todo estaba atado y bien atado de antemano. El que se moviera no iba a salir en la foto. Y los demócratas terminarían gobernando la única democracia de las Américas por lo menos otros ocho años. Dieciséis en total.

Creo que fui la única persona de costa a costa de la Unión que se alegró con la elección contundente de Donald J. Trump. Nació el mismo día que Ernesto Ché Guevara y Antonio Maceo, por cierto, para que vayan llevando cartas de cómo será la cosa.

Ni siquiera los que votaron por él se alegraron demasiado de ganar en noviembre del 2016. Y, por supuesto, dentro de su Partido fue donde más se lamentó la victoria. Estoy convencido de que los republicanos, acorralados por la corrección política de izquierda y un complejo de culpa post-esclavista, hubieran preferido perder.

Hacía un silencio ensordecedor.

En la CNN de Atlanta se fue la luz, dicen.

En California querían de pronto independizarse.

De Primera Dama, Hillary pasó a ser oficialmente la primera desaparecida política de los Estados Unidos. Hasta el día de hoy.

Entonces, a la medianoche, quien apareció fue el hijo pequeño del presidente, bostezando y cayéndose de sueño en cámara.

La izquierda oligofrénica, por supuesto, la cogió enseguida con él. Supongo que por ser blanco.

Quedaba así inaugurado el otoño del odio.

Hasta aquí

 Mariano Manent

Pedro Laín

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los hackers de Putin colocaron a Trump en la Casa Blanca, sacaron a Inglaterra de la UE, proclamaron una República en Cataluña y ayer, en triple salto mortal con tirabuzón, titularon el crimen de Zaragoza en el periódico global:

El nieto de almirante acusado de matar por unos tirantes.
El pareado parece inocente (¡vaya ripio sabinero!) hasta leer que el almirante es Huidobro, “uno de los principales apoyos del dictador Augusto Pinochet” (si os gusta el creacionismo).

¡La guerra híbrida! –fue el "hastaquí" de María Soraya, que decidió destinar cincuenta becarios y 16 millones de euros a una División Azul para combatir a Rusia en su terreno.

Ya tenemos dicho que la “guerra híbrida” es la prolongación de la “guerra fría”, pero con becarios, pues tampoco esta División Azul de María Soraya es “The Congress for Cultural Freedom seen from the dynamics of the Cold War” con que Michael Josselson repartió la sopa a toda la intelectualidad europea contratada para disolver en socialdemocracia la basura espacial de Willi Münzenberg, con Mariano Manent y Pedro Laín gulusmeando, ¡1964!, los coloquios sobre “la cuestión Cataluña-Castilla” con cargo a la Cía (Putin tenía doce años).

La idea de María Soraya, vicepresidenta de España y presidenta de Cataluña, es que “su” opinión pública (los editoriales de Cebrián y los monólogos de Ferreras, mezcla de Victoriano Fernández Asís y Marianico el Corto) nos llegue sin más interferencias rusas que el vodka.
Con veinte inquisidores mantengo a España en paz –dijo famosamente Felipe II.
María Soraya necesitará cincuenta cibernautas y la activación de la pragmática del Rey Prudente: “Mandamos que de aquí adelante ninguno de los nuestros súbditos y naturales… no puedan ir ni salir de estos reinos a estudiar…” Etcétera.

El mando de la fuerza expedicionaria podrían rifárselo Lassalle, con nómina de Secretario de Estado de la Sociedad de la Información y Agenda Digital de España, y el pequeño Nicolás, cada día más pichi.

Viernes, 15 de Diciembre


Madrugaba (Buñuel), cosa insólita en los anales estudiantiles, y se lanzaba con el torso desnudo y con una garrocha en la mano a dar saltos y hacer gimnasia sueca cerca del canalillo.
Guillermo de Torre

jueves, 14 de diciembre de 2017

El Mundialito del VAR



Francisco Javier Gómez Izquierdo

   No sé a ustedes, pero a mí esto del Mundialito me parece poco serio. Lleva pareciéndomelo desde que dejó de ser Copa Intercontinental para convertirse en un escaparate al que se mira sin entrar en la tienda. Un trofeo que pagan unos señores muy ricos para que en las televisiones que ellos venden se vean las estrellas futbolísticas  que anuncian sus negocios. Las estrellas de hoy son dos: Messi y Cristiano. Bueno, tres, porque Zidane cuenta mucho en Oriente. Por eso es muy importante para los organizadores que la final del Mundialito la juegue Madrid o Barça. Ellos saben que futbolísticamante es un asunto menor, pero como es gente que sólo sabe hablar de dólares y euros no ha de extrañarnos que no les preocupe que el campeonato sea incómodo para los clubes, para los jugadores y para los aficionados, que se encuentran poco antes de Navidad y de sopetón con una obligación harto molesta. Está claro que la incomodidad y la obligación es para los equipos campeones de Europa, y un poquito los suramericanos, porque los asiáticos y africanos asisten al torneo como niño que va a Disneylandia.

     Estoy seguro de que a bote pronto usted no sabe cómo se llama el equipo  subcampeón del año pasado ante el Madrid, ni qué dos equipos brasileños, sólo brasileños, han sido campeones de esta rimbombante copa Mundial de Clubes. Un servidor lo acaba de  mirar. Al aficionado, que ve los partidos  si puede y  se acuerda, le quedan las diabluras de un japonesito, Goku, que le valió ser fichado por el Getafe, la escalofriante lesión de Villa o... el VAR. ¡No va a traer cola el VAR!

       Opino como ModricBale, pues si esperpéntico fue el espectáculo del año pasado, el gol no-gol de ayer a Casemiro a ustedes les parecerá insólito, pero a un servidor no le extraña nada. Es más, aventuro que el artefacto va a convertirse en arma peligrosísima pues dependerá con toda seguridad de ojos viciados por conciencias corrompidas. El sábado pasado coincidió el descanso del Madrid y el Sevilla con el partido del Bayern contra en Eintracht y en el Europa de Barbate se lo sintonizó el camarero a un alemán. Justo en ese momento el defensa Wolf entra por detrás a James y el colegiado ¡zás! tarjeta roja. El lateral se va, el árbitro duda, se para, piensa, cabecea y se acerca a la banda a consultar el VAR -el nuevo oráculo de Delfos- y el VAR ¿insinuó? que no. Que sólo amarilla. Wolff, ya en la ducha, se vistió de nuevo y volvió al campo con fortísima ovación. Objetivamente creo que la expulsión no fue decisión exagerada, ni injusta, ni fuera de lo que dice el reglamento. Como el Madrid iba ya 5-0 el bar estuvo una hora discutiendo una jugada creo que menor. El gol de Casemiro fue de poderosa corrección pero como al Mundialito suelen ir los colegiados más exhibicionistas y vanidosos de cada federación mundial hemos de asumir como lógicos los extraños  momentos de confusión que se repiten en cada edición. Resulta que el VAR también es una interpretación. Para camino tan corto no se necesita tanta alforja. Me mantengo en el burro. La polémica es consustancial al fútbol. La derrota siempre necesita una justificación para ser honrosa y es norma no escrita y por eso sagrada que todos los aficionados tenemos claro que los árbitros van contra nuestro equipo. Ahora, encima, se van a ayudar de la tecnología. 

Reconciliación



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Vuelve la “reconciliación”, concepto religioso que en política deviene consenso, o reparto del saco.

La “reconciliación” es el último grito del nieto de Iglesias, aquel miliciano de Victoria Kent con quien, ya en el franquismo, Manuel Vázquez-Prada se paseaba por “Arriba”. Llamar Pablemos a la “reconciliación” y matar los okupas maños a un motero en Zaragoza por llevar tirantes de España ha sido todo uno.

La Agencia Efe (no sé si su comisario, Vera, que anda por Chile vendiendo el cambio climático, sabrá que se llama Efe “por ser ‘F’ la letra inicial de Falange”) insiste en que el motero era… “simpatizante del partido de ultraderecha Falange Española”, que siempre es una manera de quitar hierro al asunto, o sea, al bate.

“Reconciliación” fue el abracadabra comunista para emprender lo que Víctor Alba llamó “la conquista de la respetabilidad”. El folleto, de junio del 56: “Declaración del PCE por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español”. Había que enterrar odios, decían, y miraban a todo el mundo. Carrillo era el cocinero, y Dolores, la mesera. “Gentes que visten la camisa azul pueden defender las reivindicaciones de los trabajadores –decía la Pasionaria–. En la Falange se puede ser útil a la causa de la clase obrera”. Eso, sí: quince años después de la “Arenga a los muertos” de Sánchez Silva en “Arriba”:

Los capitanes, los religiosos, los soldados, los falangistas, los monárquicos y los republicanos; los obreros, los estudiantes, los nobles… Sobre el blanco lecho duro de vuestra fosa pedimos imperiosamente paz, tiempo y levadura para la España que llega
Carrillo no buscaba reconciliación, sino imagen. La consigna alternó con el “terror intelectual” (temor a que los comunistas te colgaran la etiqueta de fascista). El plan: destruir las fuerzas democráticas con la ayuda del franquismo para luego derrocar a Franco y ocupar el poder.

Si para que la gente luche hay que engañar, se engaña.

Jueves, 14 de Diciembre


"La irradiación de mil soles en el cielo, el esplendor del máximo poder... Soy la muerte, que destruye a los mundos".
José María Massip

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Debilidades de “Ciutat Morta”

ESTABA ESCRITO
JUNIO, 2015
Hughes
Abc

El documental “Ciutat Morta” me despertó sensaciones encontradas. Se empatiza con los protagonistas de la historia: es imposible que ese chico matara a alguien, piensa uno desde el principio. Y lo de Patricia Heras es conmovedor. Una chica sensible, poeta, que homenajea con su peinado a Cindy Lauper y que por ello se ve atropellada por una policía torturadora y  un sistema corrupto que la llevarán al suicidio. Lo que cuentan es terrible. Sus amigas son personas extravagantes que caen bien. Una se dice pornoterrorista. Tienen slogans como “devenimos perras”, como lo de Ylenia, perras máximas, pero en feminista a ultranza y antisistema.

Y tanto como la historia me asombra la credulidad. Se da todo por hecho. Así Manuel Delgado, Gregorio Morán, David Fernández, el hombre de la sandalia. Cientos de miles de espectadores. Las redes sociales y los políticos catalanes en el Parlament. Porque no se duda de la policía, se duda de las justicia.

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Expolios



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cataluña grita “¡Expoli! ¡Expoli!” cuando, en Lérida (a instancias de un juez y contra la voluntad del gobierno de Madrid), la Guardia Civil recupera para Aragón el tesoro de Sijena, a falta de piezas que la sabiduría popular descuenta en concepto de Tres Por Ciento, o almojarifazgo catalán. ¿Será aquella esmeralda de trabazón verde que, avaro y con poesía de la Biblia, descubrió a Foxá un comerciante judío, sefardita, en la ciudad de Sofía?

Es del color del césped nacido a la sombra de un gran árbol después de un día de lluvia.
Desde luego, llovía en Lérida (“Lleida”, escriben los hackers rusos en el periódico global), y la presencia de manifestantes enviados por el secesionismo evita que se pueda hablar de “robo en despoblado y en cuadrilla”, como se decía en las leyes bárbaras.

¡Ah, el robo! “¡Expoli! ¡Expoli!”

Por culpa de Pi y Margall, que tradujo al español (en catalán no lo hubiera leído nadie) “El principio federativo” de Proudhon, muchos catalanes son lo bastante proudhonianos para sostener que “la propiedad es el robo”: si Cataluña retira a Aragón lo que éste retiene como perteneciente a él, no le roba; no hace sino entrar de nuevo en posesión de su bien y usar de su derecho, que es adonde se llega cuando se hace del fantasma Cataluña una persona moral, en razonamiento del azote de Proudhon, Max Stirner, escracheado por Marx y Engels y “robado” por Nietzsche (“es lo más audaz y consecuente que se ha pensado desde Hobbes”) y Ortega, que se conformó con quedarse la “circunstancia”.
Proudhon cree hacer la peor injuria a la propiedad calificándola de robo, pero nadie, dice Stirner, se indigna ni protesta contra su propia propiedad: sólo se indigna contra la de otro. En realidad, no se ataca a la propiedad, sino a la propiedad ajena. ¿Cómo se hace? Se reivindica el bien ajeno no en nombre de uno mismo, sino en nombre de un tercero, Cataluña, por ejemplo, con lo que todo egoísmo desaparece, y todo es más puro y más humano.

Miércoles, 13 de Diciembre

Valle de Esteban

Rilke escribe sus cartas y sus poemas en Ronda en los dos primeros meses de 1913. Entre 1913 y 1920, enmascarado por una terrible guerra, discurre uno de los septienios más fecundos de la historia del espíritu humano. Proust, Rilke, Joyce, Freud, Einstein, Picasso, Strawinski, Heidegger...
Juan Rof Carballo

martes, 12 de diciembre de 2017

Peligra el jamón




Hughes
Abc

Venía hoy en la prensa el enésimo artículo sobre el patriotismo constitucional. Es una cosa un poco sofisticada que se tradujo, popularmente, con variantes como la del patriotismo de Campofrío. Recuerden esos anuncios de cómicos navideños y salchichones, y el “hazte extranjero”. Eso está en el ADN de mucha gente: “no soy patriota, no me siento especialmente español, pero reconozco que aquí vivimos bien, que aquí se sabe vivir”. Esto es una declaración modelo. Y es cierto que hay, alrededor de “la cervecita” y “el jamoncito” algo de idiosincrasia hedonista que (nos creemos) define al español.

El jamón es, particulamente, la clave de ese sentimiento nacional. En España se come el jamón, y al compatriota en el extranjero “se le lleva jamón”. Recuerdo incluso que cuando Obama visitó España, Rajoy le regaló no sólo un jamón, sino un jamomero. El jamón está en nuestras entretelas, y en tiempos anteriores a la crisis, solía coronar la cesta de navidad, ese otro belén civil de la concordia patrón-trabajador.

Pero ojo con esto. Porque sobre este paradigma español se cierne, ahora sí, la globalización. La globalización nos había tocado, pero nunca en lo más íntimo, no del todo. Ahora es el momento. La fuerte demanda de mercados jamoneros emergentes presiona sobre el precio del producto. El precio del jamón se multiplica, el de bellota crecerá un 50%, y esto va a obligar a introducir otras variedades, nada menos que un jamón húngaro. El jamón mangalica, se llama. Así que, en pocos meses, podemos estar comiendo (los más modestitos) jamón húngaro, mientras que el de bellota se lo rifan los chinos. Esto es un poco como lo de los pisos en los centros de las ciudades, pero con las lonchas. Si los españoles asumen pacíficamente esto querrá decir que lo asumirán todo, y que la globalización habrá triunfado plenamente en España. Por el contrario, de este sinsentido de comer jamón húngaro pudiera surgir, por reacción, un nuevo populismo, no tanto venezolano como ibérico, distinto.



Cunas

Jorge I


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Es un orgullo que el equipo presidencial piense que “Rajoy progresa adecuadamente en inglés”. Desde luego, en la rueda de prensa con Trump tartamudeó un poco, artificiosamente, que, según Pemán, es un truco de los ingleses para hacerse perdonar el hecho de hablar uno solo mientras el resto del mundo escucha. Escribir es distinto.

Britain’s stance is particularly important, as it is the cradle of parliamentarism and the rule of law –escribió Mariano (para pasarle la mano a May) en “The Guardian”, el periódico que dijo que por el precio de Bale los ochocientos mil británicos residentes en España podrían conseguir una barrera en Las Ventas.

¿Gran Bretaña, cuna del parlamentarismo y del “Estado de derecho”?

En León quieren darle a Mariano con un botillo por lo del parlamentarismo. En cuanto a la tautología “Estado de derecho”, que nada significa, un presidente debía saber que es como si May escribiera en Twitter que España es la cuna… del protestantismo; y eso que Lutero, un toro sanguíneo, es la cuna del totalitarismo (el Estado es Dios sobre la Tierra, dice Hegel, su teólogo), y los españoles somos estatistas hasta en la cama, mientras que los ingleses son tan reacios al Estado (incompatibles, por tanto, con el covachuelismo de la Unión Europea) que Hobbes hubo de colocar su Leviatán en el continente.

Hablar o no hablar inglés tiene importancia política, sobre todo en Inglaterra, donde un rey que no lo hablaba, Jorge I, precisamente por no hablarlo, cambió la monarquía constitucional (el rey gobierna) por el parlamentarismo de Gabinete (gobierna el Gabinete dependiente del Parlamento).
Antes gobernaba el rey a través de los ministros; ahora gobiernan los ministros a través del rey.
Su Constitución es tan de hecho que no tiene 155, y se resume en que el rey puede disolver el Parlamente y el Parlamento puede disolver la monarquía, con lo que, entre bomberos, no se pisan la manguera. La democracia es otra cosa: un “thrill-a-minute” americano.

A la sombra de Montaigne. Episodio X. Turcos contra griegos

 Turcos contra griegos

Jean Juan Palette-Cazajus

En el último episodio, era mayo de 1919 y dejábamos las tropas griegas recién desembarcadas en Esmirna. Entusiasmo de la comunidad griega y terror de la población turca inmediatamente sometida a terribles sevicias. Para entender lo que va a ocurrir es preciso contemplar un instante la agonía del Imperio Otomano. “El hombre enfermo de Europa” lleva un siglo arrastrando sus achaques. La propia casta gobernante es consciente del retraso acumulado en todos los campos pero la Sublime Puerta cree que la modernización amenaza el Islam. Se abrió un período de esperanza, el de los “tanzimat”, de la reorganización, culminado con la promulgación, en 1876, al principio del reinado de Abdül Hamid II, de una Constitución Otomana. Pronto abrogada por la presión de los más conservadores y el propio talante del nuevo sultán.

Último sultán autócrata, Abdülhamid II manipula las masas analfabetas con el espectro de un Islam amenazado por las reformas occidentales. Entre 1895 y 1897, frente a la exasperación de las minorías, pondrá en marcha contra los armenios las masacres conocidas como “hamidianas”. La técnica es la habitual y servirá más tarde para el posterior genocidio definitivo. Consiste en pretextar afrentas al Corán o al Profeta y azuzar los perros más ruines del lumpen social. En este caso concreto la caballería “hamidiye”, anárquica tropa de violadores y saqueadores reclutada entre las tribus kurdas nómadas. Murieron entre 200 000 y 300 000 armenios, 100 000 fueron forzados a la conversión y 100 000 mujeres fueron raptadas para harenes y “usos” familiares. En la pedrea perecieron también algunos miles de griegos pónticos y de cristianos de rito siriaco residentes en el centro este de anatolia. Las masacres hamidianas fueron el aperitivo, el plato fuerte estaba por venir.

 Constantinopla en 1895

El terror aterroriza un tiempo los problemas y al final los empeora. El 24 de Julio de 1908, entre anarquía, hemorragia de territorios y motines varios, se hacen con el poder los llamados “Jóvenes Turcos”. Así se hacen llamar los miembros del CUP (Comité Unión y Progreso). Hay una mayoría de oficiales y buena parte de los jóvenes y escasos intelectuales. Los une el odio al sultán y la urgencia de cambiar las cosas. Los dividen tres tendencias poco compatibles, la occidentalista, la turquista y la islamista. Abdül Hamid II suscita entonces a su alrededor una frágil coalición de privilegiados palaciegos y turbas islamistas que arroja del poder a los Jóvenes Turcos. Estos recurren al ejército de Macedonia, el mejor preparado y más predispuesto a su favor, que marcha sobre Constantinopla. Abdül Hamid queda destituido y lo sustituye su hermano Mehmet V. El sultanato ya no es más que una fachada decorativa y el 24 de abril de 1909, asumen el poder los llamados “tres bajás”, Enver Bajá, Talaat Bajá y Djemal Bajá, que restauran la Constitución de 1876.  

Ellos son la facción “turquista” de los Jóvenes Turcos. Son occidentalistas en los aspectos científicos, técnicos, industriales así como en la política y la organización social. Mantienen la fidelidad al Islam como columna vertebral de los valores morales y familiares. Esta dimensión nacionalista turca es absolutamente novedosa. El Imperio “otomano” jamás se autodefinió como Imperio “turco”. Se regía por el eterno concepto islámico de la “Umma”, la comunidad de los creyentes. Era un imperio multiétnico y multirreligioso  donde quienes dominaban no lo hacían por turcos sino por musulmanes. Osmanlí, Otomana, se calificaba la dinastía y otomana era toda la casta gobernante que rodeaba la Sublime Puerta, de la cual podían formar parte los “dhimmíes”, los “infieles” de segunda clase, cuando sus competencias eran imprescindibles. Era el caso de la élite de los griegos “fanariotas” de Constantinopla.

 Mustafá Kemal, joven y disfrazado de jenízaro

La lengua oficial del Imperio era  el llamado turco osmanlí. Escrito con alfabeto árabe y plagado de palabras de esa procedencia, su retórica complicada y encorsetada dificultaba la expresión de un pensamiento moderno y proclamaba su naturaleza privativa de lengua del poder. Su reforma fue un objetivo primordial de la revolución kemalista. Como el Islam prohibe esclavizar las musulmanas, los sultanes solían ser hijos de las esclavas cristianas del Harén, griegas, armenias, caucasianas, circasianas. Armenia era la madre del propio Abdül Hamid II.  En las postrimerías del Imperio otomano, el adjetivo “turco” había adquirido el sentido de “patán”. Turco era el pueblo bajo mientras las clases medias eran mayoritariamente cristianas. Hacia 1910, 50% del capital industrial otomano está en manos de los griegos, 20% en manos de los armenios, 5% en las de los judíos, 10% pertenece a extranjeros. Sólo un 15% está en manos étnicamente turcas. El rencor de una masa musulmana miserable y totalmente analfabeta, la instrumentalización de sus peores instintos, fueron la materia prima con que trabajaron siempre los artesanos del horror.

Cabeza pensante de los Jóvenes Turcos fue Ziya Gokälp y adepto del “panturanismo”. “Turan” era una zona de Asia Central, supuesta cuna de los pueblos uralo-altaicos y turcómanos. Hoy se sabe que Turán solo era un mito y es muy cuestionado el propio concepto uralo-altaico. Pero la proximidad lingüística y cultural entre la Turquía actual y los países del Asia Central, como Azerbaiyán,Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán y otros, sigue siendo intensamente potenciada por la política exterior de Erdogan y la presencia turca es omnímoda en aquellos países. La posibilidad de una comunidad de estos pueblos musulmanes hoy llamados túrquicos, parecida a la odiada Comunidad Europea pero opuesta a ella, obsesiona el cerebro de los actuales gobernantes turcos. Cuando los Jóvenes turcos consolidan su poder en los albores de la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano ha perdido la totalidad de sus posesiones europeas conservando, hasta hoy, la sola Tracia oriental. Italia le ha arrebatado Libia. Egipto lleva tiempo prácticamente independiente. Túnez ha sido ocupada por Francia y los árabes del Medio Oriente tienen veleidades de independencia. Los Jóvenes Turcos llegan a la conclusión de que la nueva nación deberá replegarse sobre Anatolia y basarse en la cohesión étnica y religiosa. La desvalorizada etnicidad turca pasa a ser promocionada, enaltecida y mitificada. Empieza incluso una manipulación de las fuentes históricas y etnológicas que verá su apogeo durante el régimen kemalista y sigue siendo norma bajo el sistema de Erdogan

 Infantería kemalista hacia 1920

El problema es que la peculiaridad histórica y religiosa del Imperio otomano había complicado seriamente la cuestión étnica. Vimos cómo buen número de los dhimmíes se habían convertido al Islam para librarse del agobio fiscal y de la discriminación jurídica. El predominio de la religión sobre la etnicidad favoreció las mezcolanzas. Basta observar que los países túrquicos comparten un indudable fenotipo asiático, no siendo el caso para la inmensa mayoría de los turcos. Pronto la “turqueidad” étnica aparecerá inseparable del Islam y el criterio religioso demostrará finalmente su papel fundamental en el genocidio armenio y a la hora de la “Gran Catástrofe” de los griegos. Hay quien sigue creyendo que fueron unos gobernantes occidentalizados los que planearon el genocidio armenio. Científico, técnico o sociológico, el interés de los Jóvenes Turcos por Occidente era utilitario. Pero eran hostiles a sus valores culturales y éticos. Usaron la razón instrumental y desecharon la razón crítica. Daesh mantiene idéntica relación con el saber occidental e idéntica incapacidad de reconocer la humanidad fuera del perímetro de sus creencias.

Exterior a nuestro propósito concreto, la sombra del genocidio armenio planeará sobre los acontecimientos que vamos a relatar. Es hora de asomarnos a la figura de Mustafa Kemal (1881-1938). Salvador del país, demiurgo de la Turquía moderna y progenitor de la profunda esquizofrenia que fundamenta su identidad actual. El celo férreo con que  la Turquía oficial controla su biografía alimenta la proliferación de dudas y rumores sobre sus orígenes, su orientación sexual y su vida privada. Nacido en Tesalónica, entonces con mayoría de población judía, parece que se rebela muy joven contra la indigencia de la educación coránica. Ingresa pronto en una escuela militar. De joven, lee los autores de la Ilustración y admira la Revolución francesa y la figura de Napoleón. Consciente de la catastrófica situación del Imperio y de la urgencia de cambios profundos, se acerca a los Jóvenes Turcos si bien con manifiesta desconfianza crítica. Difiere de ellos en su profunda voluntad de occidentalización y su acérrima crítica del Islam. Se convierte en héroe nacional dirigiendo la resistencia victoriosa de los turcos durante el sitio de Gallípoli (1915/16). Muy activo política y militarmente durante el resto de la guerra, le indigna la capitulación de Turquía en el armisticio de Mudros (30.10.1918), que pone fin al Imperio otomano y somete el país a la ocupación de británicos, franceses e italianos. 

 La Megali Idea en una estampa griega de 1920

 Pronto Mustafa Kemal y sus partidarios entran en disidencia contra Mehmet VI (1861-1926), último y efímero sultán, entre 1918 y 1922, al que consideran simple marioneta de las potencias vencedoras. Estalla la guerra civil entre kemalistas y sectores religiosos favorables al sultán. Estos arrancan las uñas y descuartizan vivos a los militantes kemalistas. Los kemalistas replican con ejecuciones sumarias pero llevan las de perder. Mas cuando el sultán firma el Tratado de Sèvres que consagra el despedazamiento de Turquía, el 10 de agosto  de 1920, la opinión pública se vuelca hacia Kemal que crea un gobierno de salvación pública y organiza la resistencia. Las opiniones británica y francesa claman contra esta nueva aventura militar apenas terminada la escabechina europea. Sus tropas son escasas y en ambos casos de procedencia casi exclusivamente colonial. Las francesas, con frecuencia musulmanas, llegan en algún caso a confraternizar con los turcos. Ni unos ni otros se enfrentan a los kemalistas y dejan cara a cara turcos y griegos.

Vimos cómo solo a última hora habían entrado los griegos en guerra, al lado de las potencias vencedoras. Casi por imposición de los franceses que instruyeron, armaron y vistieron con su propio uniforme, 9 divisiones cuya calidad combativa fue notable durante la campaña final de los Balcanes, en 1918. Fueron recompensados con territorios turcos que les permitian acariciar el sueño de la Megali Idea.  Desembarcó en Esmirna  un ejército ampliado (12 divisiones y 180 000 combatientes), disciplinado, y bien equipado por los aliados. Sólo que evidentemente limitado por la realidad demográfica y económica de la modesta Grecia. Pero peor estaban los turcos practicamente desprovistos ya de ejército regular. Los griegos quisieron forzar la situación, tomar Ankara, la nueva capital kemalista y tal vez culminar la “Megali Idea” con la ocupación de Constantinopla. En Agosto de 1921 llegan a las puertas de Ankara. El nuevo ejército kemalista resiste. Los combates son terribles, las bajas enormes y los dos adversarios a punto de colapso. Pero las líneas de abastecimiento helenas se estiran peligrosamente y deciden replegarse. Al año siguiente la contraofensiva kemalista termina con el desmoronamiento del ejército griego que capitula en octubre de 1922.

Mapa de la gran catástrofe

Entre 1916 y 1922 se produjeron las masacres para unos, el genocidio para otros, de los griegos pónticos que poblaban las orillas del Mar Negro. Probablemente a instigación de los mismos que habían planeado el genocidio armenio. Durante aquellos años fueron asesinados entre 350 000 y 500 000 griegos. Matanzas exasperadas al final por la despiadada guerra grecoturca. Durante su retirada hacia la costa egea, en 1922, fuese venganza, despecho o maldad, los griegos practicaron por su parte una política de tierra quemada, incendiando y saqueando los pueblos turcos, asesinando masivamente las poblaciones civiles. A finales de 1922 la “Megali Idea” había desembocado en la “Gran Catástrofe”. En pocos meses se produjo el mayor intercambio de poblaciones de la historia, decidido por ambos gobiernos sobre la base exclusiva de la religión. 1500 000 griegos ortodoxos abandonan Asia menor, tras 2500 años de presencia, para hallar refugio en Grecia. En el otro bando, cerca de 500 000 musulmanes todavía presentes en Macedonia y el Epiro son expulsados hacia Turquía. En 1928, los refugiados constituyen más del 20% de la población griega. Buena parte de la clase media turca moderna se capitalizó con los bienes y propiedades arrebatadas a las víctimas, asesinados o expulsados.

Mustafa Kemal cuidó de no pringarse en las prácticas genocidas pero aprovechó sus consecuencias para rematar la construcción de la nación étnicamente homogénea soñada por los turquistas. Hasta el punto de que una de sus reformas más audaces consistió en imponer manuales escolares con el relato de un falso origen autóctono de los pueblos turcos que hacía de ellos descendientes de los antiguos pobladores hititas de Anatolia. Los años siguientes, hasta su muerte de cirrosis en 1938, con 57 años, muestran el caso único de una importante nación radicalmente transmutada por la seca voluntad de un solo hombre.  Mustafa Kemal empezó aboliendo el Sultanato. Abolió seguidamente la secular institución del Califato y proclamó la República. Cerró las escuelas coránicas y creó las bases de una enseñanza pública moderna. Cambió el alfabeto árabe por el alfabeto latino y procuró vaciar la lengua turca de palabras árabes y sustituirlas por equivalentes turcos. Prohibió  el velo islámico. Estableció la igualdad entre hombre y mujer, prohibió la poligamia, creó escuelas mixtas y potenció el acceso de la mujer a los estudios superiores.  Suprimió la Sharia e instituyó una rigurosa laicidad. Adoptó el sistema métrico, el calendario gregoriano, el código civil suizo, el código criminal francés, el código penal italiano y el código comercial alemán. La lista completa de sus reformas a las que habría que añadir sus iniciativas y proyectos tanto agrarios como industriales, llenaría páginas. Pero la mayoría de estas reformas fueron impuestas de forma autoritaria, cuando no dictatorial, cuando no bajo amenazas - en varias ocasiones cumplidas - de ahorcamiento. Hoy, la menor de sus reformas provocaría un baño de sangre en cualquier país musulmán. Hoy sus logros aparecen apenas concebibles. Mustafa Kemal fue una especie de  múltiplo turco de Robespierre elevado al cuadrado.

 M. Kemal Atatürk hacia 1932

Como todas las revoluciones pero mucho más que cualquiera de las habidas, la revolución kemalista se hizo contra la voluntad de la gran mayoría. Pensar que el preocupante fundamentalismo islámico de Recep Tayyip Erdogan está desandando el camino de un tipo de modernidad elegida por la Turquía kemalista sería un gran error. Erdogan es un reflejo de la Turquía real mucho más fiel de lo que nunca fuese Atatürk. No hay inconsciente nacional sin su buena dosis de realidades censuradas. Pero en el caso de Turquía nos enfrentamos con una olla a presión de las memorias y de las negaciones. Negación de la presencia y del papel milenario de griegos y armenios. Negación de las masacres y de los genocidios. Negación de los propios orígenes. Incapacidad de asumir el problema kurdo, incapacidad de asumir las creencias de la importante minoría aleví. Nostalgia del Imperio Otomano y al mismo tiempo contradictoria conciencia de la deuda contraída con el kemalismo por la modernidad turca. Tentación del regreso a la inercia islámica y voluntad bélica de competir con Occidente. Las cabezas turcas conforman colectivamente una bomba de relojería inmensamente peligrosa. El mito unitario que vertebra Turquía se paga con la fisión explosiva de las cabezas. Turquía ha acumulado en la construcción de su historia moderna y en dosis letales todos los invariantes trágicos que sustentan la historia de los nacionalismos y que tratamos de venir repertoriando. 

Erdogan estuvo en Grecia la semana pasada. Primer viaje en 65 años de un mandatario turco. Visitó la minoría musulmana (130 000 personas) de Tracia occidental. No fueron expulsados a Turquía en 1923 a cambio del mismo privilegio para la minoría griega fanariota. Erdogan se quejó de las discriminaciones –reales– padecidas por esta minoría. Comparó su situación con la exquisitez del trato reservado hoy a los griegos de Istambul. Erdogan sabe bien que, todavía en 1955, delincuentes y marginales manipulados y concentrados por la derecha islámica saquearon el barrio griego, asesinaron a 19 personas, hirieron a muchas, violaron a decenas de mujeres y ...circuncidaron con navajas algunas de sus víctimas. Huyeron 128 000 griegos y solo quedaron 7000 hoy reducidos a 2000. Cuidar de estos residuos es lo menos que puede hacer Erdogan. Entre griegos y turcos el libro de historia lleva siglos abierto en la misma página.

Ordogan en Atenas el 7 de noviembre

Martes, 12 de Diciembre


Desde aquella primera visita , y durante los meses que permanecí entre rejas, no me faltó ni un solo día tu amistad y compañía. Y tú -bendito paradójico-, que pertenecías al grupo de los triunfadores, desde aquellas conversaciones con un periodista encarcelado te pasaste al grupo de los vencidos.
Juan Ignacio Luca de Tena

lunes, 11 de diciembre de 2017

Horizontes de grandeza





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El madridismo se mueve de nuevo en horizontes de grandeza, como el capitán James McKay (Gregory Peck) por las llanuras texanas del capataz Steve Leech (Charlton Heston) en “Horizontes de grandeza”, la película de William Wyler.
    
Benzemá, que se ha pasado la vida ponderando lo grande que es Alá, volvió de la Champions en Chipre diciendo que él, el delantero centro del Real Madrid, es muy grande.

    En la vida, nos dejó dicho Corrochano (el mejor escritor de toros que nos regaló el fundador de esta Casa, don Torcuato Luca de Tena), es modesto el que no puede ser otra cosa.
    
Benzemá no es modesto, pero Cristiano, que volvió del Balón de Oro en París diciendo que él es el más grande la historia, tampoco.

    La inmodestia, desde luego, precede a Cristiano, quien, además es tímido, con lo cual estamos, psicológicamente, ante otro Luis Miguel Dominguín, un gran tímido que atribuía a su timidez todos los éxitos de su vida:

    –El que no es tímido –explicaba el torero, más inteligente que el futbolista– tiene en sí demasiada confianza y se echa a dormir. El que desconfía de él, por lo menos trabaja.
    
Luis Miguel (“hijo, Luis Miguel, estás de un guapo que atonta”, le saludaban las veraneantes en Biarritz) fue el más grande cuando en la tarde del 18 de mayo de 1949, en la primera plaza del mundo, que es la plaza de Madrid, se llevó la mano derecha al pecho y luego levantó el brazo con el índice enhiesto. Era el Número Uno.

    –A mí no me trataban bien en Madrid... –le contó a Amorós. Me acordé de un pase circular que había dado en Zaragoza y lo puse en práctica en esa corrida, la primera vez que lo di en Madrid, y, al salirme perfecto, me volví y me proclamé el número uno, de lo cual no me he arrepentido nunca. Si naciera otra vez y fuera torero, me apodaría “El Uno”.
    
“Perseo con las cabezas de cinco Medusas”, nos dice Hughes que era Cristiano el sábado con su tenderete de Balones de Oro en el Bernabéu. El “5”, ahí donde lo ven, es un número esférico y circular, pues en cada multiplicación se recupera a sí mismo y continúa al final del número que resulta. También se le llama Venus (macho impar y hembra par se unen en él), en un tiempo representada con barbas y senos.

    Cinco Balones de Oro Cristiano y cinco Balones de Oro Messi, pero Cristiano se ve el más grande de la historia, y como es tímido, lo dice.

    Con números en la mano, Cristiano podría ser el más grande de su época, pero encontraría muchas pegas para poder figurar entre los diez primeros de una historia encabezada por Alfredo di Stéfano, el más grande incluso hablando.

    La grandeza es una dimensión muy compleja.

    –¿Le gustan a usted los pájaros grandes? –preguntó el conde Keyserling a Ruano ante el escaparate de “La Favorita” en la calle de la Montera.
    
Los pájaros grandes, aclarará Ruano, eran pollos que vendían asados. Keyserling, que era una especie de Relaño viajero, se comió tres de pie junto al mostrador, con los dedos, y se bebió íntegra una botella de jerez. Luego se fueron a cenar.

    –Daba casi miedo ver lo que comía y lo que bebía aquel hombre.
    
¿Messi? La mejor descripción del futbolista argentino se la debemos a Terry Venables: “Messi es Oliver Twist”.
    
Algo de Oliver Twist hubo el sábado en Benzemá: que un equipo le meta una mano al Sevilla y su delantero centro se quede “in albis” parece un cuento de Dickens por Navidad. Y el otro Oliver fue Isco: faltar él y ponerse a jugar el equipo fue todo uno.

    La solución, el 23 (con el Barcelona en el Bernabéu).


David Merrick

LOS ODIADOS

    La revista inglesa “FourFourTwo” ha elaborado una lista con los cincuenta nombres más odiados (en realidad, más antipáticos) del fútbol, entre los cuales figuran Ramos y Cristiano, lo dos estandartes del madridismo triunfante, más Pepe y Mourinho. A estos simpáticos revisteros ingleses el sevillano se les hace antipático porque resulta imposible, dicen, tomárselo en serio. Contra Cristiano, en cambio, lo único que tienen es su narcisismo. En Pepe afean la sobreactuación al margen de la inteligencia, y en Mourinho, su imitación constante de David Merrick, productor de Broadway cuyo plan de trabajo se resume en una idea: “Ganar no es suficiente, mis enemigos deben perder”.

Lunes, 11 de Diciembre


"¡Snieg, snieg...!" Es el grito jubiloso que he escuchado hoy al saltar de la cama.
Alejandro Casona

domingo, 10 de diciembre de 2017

Otra vez 2-2

 Playa del Carmen de Barbate

 Unai López en el Athletic

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        No ha sido complicado convencer a mi doña de que había que recortar la última mañana del puente para volver a Córdoba a la hora del partido en vez de a la hora de comer. Lo que no ha entendido del todo bien ha sido el molesto madrugón “para que encima perdáis” con la buena temperatura que hacía en Barbate y lo agradable que resulta pasear por una playa espléndida en su tranquilidad. Total, que a las doce estaba en mi localidad de preferencia escuchando los gritos anti-González, la despedida del que va dentro de Coki, la mascota, y el bombo guerrero de los bucaneros vallecanos.

       Es devoción tan incorregible la mía que reconozco incomodidad cuando falto a un partido de El Arcángel, pero el caso es que hoy -ya estamos descendidos salvo milagro imposible- el equipo no ha estado del todo mal. Estrenábamos nuevo entrenador, el tercero, de nombre Jorge y de apellido Romero, nueva alineación y hasta nueva disposición táctica. Del nuevo entrenador sabemos que entrena al B desde el año pasado, de la nueva alineación que Javi Lara es titular y la disposición táctica un acertado 4-5-1 con matices. Dos cosas no han cambiado: la primera, la posición privilegiada en el club de Caballero, incomprensible mediocampista habitual en las alineaciones y al que se distingue en el campo por su disciplinado marcaje al árbitro; la segunda, la pésima condición física del equipo, disimulada durante una hora pero que nos muestran treinta últimos minutos escandalosos.

      Como ante la Cultural, ganábamos 2-0 en la primera parte merced a dos saques de esquina puestos por Javi Lara en la frente de Caro, pero, como ante la Cultural, la segunda parte nos ha venido larga. El entrenador vallecano Míchel, que sigue manteniendo su eterna cara de niño, dejó tras el descanso en el banquillo a Santi Comesaña, creo que con más fama de la que merece pues hasta me ha parecido torpe y un poco pataleto, y ha sacado al recuperado Javi Guerra, delantero sobrado para 2ª División. Ha acertado el míster pues además del cambio ha bajado al Chory a la media, donde le gusta hacer diabluras y ha dado todos los galones al endiablado Unai López, el mejor jugador sin duda del Rayo Vallecano. Si al acertado movimiento táctico unimos el desfondamiento cordobés, el canguelo que se apodera de futbolistas inseguros de natural y la habitual mala suerte de los equipos a los que miran los tuertos, el resultado final ha sido otro nuevo castigo  que hay que tomar  más como rutina dominical que como deméritos  propios. El 1-2 vino también de córner. El central Velázquez peinó el balón en el primer palo dándole un efecto tan mortal que lo clavó en la escuadra del segundo y el empate lo cabeceó Javi Guerra en el minuto 85 sin oposición tras un centro del Chory al que no se supo, al menos, molestar,  teniendo en cuenta lo justito de fuerzas que corría la banda izquierda.

      En fin... saben ustedes que ni podemos ni debemos culpar a una plantilla de 2ªB por no ganar en 2ª. Que sabemos -el cordobesismo- el nombre del culpable de la actual y futura ruina de nuestra equipo y que nada seremos capaces de hacer pero no podemos evitar un enfado tras otro al ver la condición miserable y caprichosa de un hombre que sabe ser valiente con las personas débiles y los hombres educados. A mi peña por ejemplo y al resto de las cordobesistas , y con ánimo de molestar por molestar, no nos deja meter un bombo de animación en el Arcángel -por seguridad dice- pero a los bucaneros de Vallecas se lo ha permitido so pena de atenerse a las consecuencias. El amo del Córdoba vive en Madrid y los bucaneros lo conocen. Son sus vecinos y se ve que no le incomoda tratar con ellos. Con los aficionados del Córdoba, su equipo y el nuestro, no encuentra temas ni motivos de los que hablar.

En la muerte de "un héroe francés"

 Discurso de Macron ante el pórtico de la Madeleine


Jean Juan Palette-Cazajus

¿Quién yace en el féretro blanco que, en esta fría tarde parisina del 9 de diciembre, desde el Arco de Triunfo, recorre los Campos Elíseos en un vehículo funerario solemnemente escoltado por los motoristas de la Guardia Republicana? ¿A quién han querido acompañar las ochocientas motos cuyo fragor cierra el séquito? ¿Para quién los aplausos y las lágrimas de los cientos de miles de espectadores que llenan las aceras de la avenida y la Plaza de la Concordia, camino de la neoclásica iglesia de la Magdalena?

¿Quién yace en aquel féretro blanco depositado un momento al pie de la monumental escalinata que sube hasta el pórtico de un santuario con aspecto de templo griego? Santuario cristiano, de aspecto grandiosamente pagano como quiso su constructor, Napoleón Bonaparte. Ambigüedad que todo el día caracterizará la imponente celebración ¿Quién es el ilustre difunto a quien el actual Jefe del Estado le dedica entonces un corto discurso largamente aplaudido por la multitud. “Era un héroe francés... era una parte de Francia”, dice el Presidente.

 Funeral en la iglesia de la Madeleine

¿A quién han venido a despedir los muchos cientos de personas que abarrotan naves, columnatas y peristilos del templo? Cientos de personajes habría que decir. Las imágenes de la tele están absolutamente saturadas de conocidas caras de la música, del cine, del teatro, del periodismo, del espectáculo, de la televisión. Parece que están todos los que son y desde luego son todos los que están. Y a quien no haya estado hoy o no se lo haya reconocido, sólo le puede esperar larga y amarga “depre”. En cambio, muy escasamente representado se muestra el mundo del pensamiento.

¿A quién ha venido a despedir la flor y nata de la política, sentada en el coro, a ambos lados del  nítido ataúd?  Allí están los ex Presidentes de la Republica Hollande y Sarkozy, flanqueados por sus respectivas y mediáticas compañeras, ambas compungidas y de negro luto vestidas. Está Edouard Philippe, actual primer ministro. Está el presidente del Senado. Están varios ministros y ex primeros ministros.

Es el funeral más solemne e impresionante en muchos años. Tras la homilía del obispo, se suceden en el púlpito actores y actrices oscarizadas para leer fragmentos del Evangelio o personales oraciones. Jean Reno pone todo su talento en la dicción de una fábula titulada “Dos caracoles en el entierro de una hoja muerta”. La escribió Jacques Prévert, poeta bohemio y antiacadémico donde los haya. Pero obrita escrita en perfecto alejandrino nacional y el inconfundible ritmo del verso francés llena entonces las bóvedas ¿Quién es el representante de “la Francia Eterna” así homenajeado?

 Los ex presidentes, el primer ministro y demás políticos

Entre versos y versículos suenan guitarras. El compás del blues invade la aristocrática iglesia y la distinguida asistencia bate palmas como en el oratorio bautista de un pueblo de Alabama ¿Quién es el personaje transgresivo en cuyo recuerdo se autorizan semejantes libertades? Al final de la ceremonia deudos y amigos se acercan al féretro para bendecir al difunto. ¿Quién es el personaje que ha conseguido que tantos amigos judíos, como el director de cine Claude Lelouch, traten de manejar, torpes y aplicados, el católico hisopo?


 Tras el discurso en la escalinata de la Madeleine, Emmanuel Macron y su esposa han permanecido en la iglesia en un discreto segundo término. ¿Quién es el personaje cuya despedida le suscita ahora un dilema al Presidente cuando, a punto de empuñar el hisopo, recuerda -sin duda con excesivo escrúpulo- que su función le prohibe cualquier gesto o actitud que signifique adhesión a cualquier creencia o descreencia particular? A continuación Brigitte y Emmanuel intercambian besos y abrazos cariñosos con los deudos. Ya metidos en harina, prosiguen con los inmediatos rostros conocidos. En las inmediaciones de la presidencial pareja estalla entonces la feroz batalla de los egos. Hay quien consigue y quien no, colocarse al alcance de los ósculos presidenciales. Odio y resentimiento invaden el alma de los perdedores.

Cuando el blanco féretro llevado a hombros asoma fuera de la iglesia e inicia la lenta bajada de las escalinata, una inmensa ovación sube de la densa muchedumbre que ha aguardado el final de la ceremonia frente a las pantallas. ¿Quién es el personaje que consiguió que una multitud francesa fuera capaz de cantar a coro y afinadamente? ¡Improbable hazaña, no tratándose de la Marsellesa! La gente dedica al desaparecido una letrilla muy popular: “¡Que je t’aime, que je t’aime!”, “¡cuánto te quiero!”

 La multitud delante de la Madeleine

El morador del féretro era el creador del estribillo entonado por las masas. Se llamaba Jean-Philippe Smet y era hijo de un clochard belga y una marginal francesa. Todo el mundo lo conocía como Johnny Hallyday. Denominación de origen desde luego con menos prosapia fonética que el Bourgogne. El hombre era el indestructible ídolo, desde hace 57 años, de un inmenso público fielmente enamorado de su universo, entre rockero y popular. Sin duda el mejor símbolo en su momento del definitivo basculamiento de Francia hacia la aculturación anglosajona. Al mismo tiempo excesivamente francés para conseguir el éxito internacional. Pocos lo conocían en España. Uno de ellos, Loquillo, que lo coloca, en El País, a la altura de Bruce Springsteen. Ciertamente tenía energía, sentido melódico, una voz portentosa, criada en la barrica del vibrato “bluesy”. Las letras también eran “demasiado” francesas, muchas veces de calidad, pero cantadas en un idioma culturalmente incompatible con la internacional del rock.

(Pas cette chanson-Quant revient la nuit- Si j'était un charpentier.
Le Pénitencier.)

Tal vez. No lo sé. Ni me interesa. Quizá por ser escrupuloso aficionado al jazz desde mi infancia, nunca pude superar cierto desprecio hacia un universo musical para mí subordinado y escasamente capaz de superar lo rudimentario. Un tipo de música  cuya estruendosa dependencia del artificio energético acabó con el momento áureo de la canción francesa. Una frágil porcelana basada en dos trípticos sagrados: letra, melodía y carisma del intérprete por un lado, inteligencia, sensibilidad y sentido de los matices, por otro. No he creído nunca en la supuesta revolución sociológica del rock. Si fuese cierto que el rock tumbó el Muro de Berlín, sólo significaría que tan indigente era la ideología que tumbó el Muro como la que lo levantó.

La nación no coincide nunca con la idea que tenemos de ella. Denominador común de una compleja maquinaria colectiva, su historia transcurre ajena a nuestros fantasmas personales. Hoy presencié la comunión real, fervorosa, de una Francia con la que me cuesta...comulgar. El fallecimiento de “notre Johnny national” colapsó los medios. Era imposible encontrar un canal televisivo que no fuese recordatorio, recopilatorio o adulatorio. De modo que tuve que superar cierta exasperación antes de intuir que, paradójicamente, este caballo de Troya de una fantaseada cultura popular americana, se había ido convirtiendo en el símbolo de “la Francia de antes”. Tal ha sido el vertiginoso cambio sociológico del país en las dos últimas generaciones, tal es su malestar, tal su inseguridad cultural ante la imposición de valores y culturas que jamás eligió. El impresionante espectáculo vivido esta tarde fue la manifestación de una voluntad de perdurar que por poco se me escapa.

El primer comentario de un lector, publicado en Le Monde tras la retransmisión en directo del funeral decía escuetamente:  “Público poco mestizado. ¿Acaso el final de un mundo?” No sé si lo deseaba o lo deploraba. Pero estaba dicho todo.

Johnny

Domingo, 10 de Diciembre

Valle de Esteban

La voz de Churchill, el verbo de la raza anglosajona, expresó, por sus labios, la resolución de mantenerse firme ante la amenaza; de pelear hasta la muerte; de no capitular, ni negociar, con el jefe alemán victorioso; de resistir hasta el fin.
José María de Areilza

"Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias"

DOMINGO, 10 DE DICIEMBRE

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."»

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

Marcos 1,1-8

sábado, 9 de diciembre de 2017

Los derechistas sobrevenidos



Hughes
Abc

Hablaba el otro día con un señor de derechas que me contaba que había dejado de hablar sobre lo de Cataluña con un amigo suyo muy progre. La razón no era la desavenencia ideológica, sino la perplejidad. Su amigo, eterno izquierdista de salón, opinaba como él, incluso más allá que él. “Hombre, yo le digo que esto podía haberlo dicho unos meses antes”, añade divertido.

Su amigo socialdemócrata, o directamente progre, ha acabado siendo, por obra de Puigdemont y de alguna cosa más, un hombre de derechas sin fisuras.

Esto se ha repetido durante los últimos meses. Un conocido compraba siempre un diario de derechas pero ahora se le van los ojillos en el kiosco. Ya no hay periódicos de izquierdas y los periodistas y escritores antaño progresistas son más de derechas que los de derechas, más monárquicos que los monárquicos y más unionistas que Manolo el del Bombo. Cuando se han puesto a serlo han resultado además unos auténticos ultramontanos. El problema es qué van a hacer ahora los de derechas, porque la ocupación de sitio es total, completa. Se ha puesto muy difícil. Y los que han estado un tiempo “pasteleando” para entrar en el “reino de los cielos” resulta que ahora se quedan colgados de la brocha centrista. Los que buscaban el progresismo tocan una ventanilla en la que ya no hay nadie.

En la izquierda están los de derechas, y en la derecha están los que querían ser “de izquierdas”. Ha habido un corrimiento espectacular y desorientador. Los izquierdistas de salón, entrañables criaturas, han dejado el izquierdismo, pero no el salón, así que quizás podemos llamarlos derechistas de salón. Son unos derechistas sobrevenidos. Algunos, incluso, empiezan a llamarse “conservadores”, para pasmo general.

La caída del guindo colectivo ha sido enorme. Se ve y lee en novelistas, cómicos, viñetistas, actores… Ahora todos dicen “aunque me llamen facha”. Pero ya no hay nadie que les llame así porque eran ellos, precisamente, los encargados de esa función social. Fue sorprendente cuando Serrat reconoció haber roto con Zapatero por su promesa de aprobar cualquier cosa que saliese del Parlament. Esto era la opinión general de cualquier individuo derechista vulgar y corriente, ¡quién iba a imaginar que Serrat pensaba igual!

Pues sí, y no sólo Serrat, los que durante años fueron sofisticados pensadores en realidad llevaban debajo a un ordinario señor de derechas.

Este años, en las cenas navideñas, todos los cuñados se van a dar la razón.