sábado, 31 de diciembre de 2016

San Silvestre

Xi, el bosquimano de Los dioses deben de estar locos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si dices que Putin tiene más carácter que Obama, incurres en racismo.
    
Si dices que Putin es más inteligente que Merkel (ambos con la misma educación comunista), incurres en machismo.

    Pero si dices que Putin “hackea” la maratón vallecana de San Silvestre desplegando una boina de “smog” en el aire velazqueño de Madrid, pasas por santón de la Triple C religiosa, Consenso del Cambio Climático, y las madres te traen sus niños a besar.

    –Es que para nosotros y nosotras lo importante es la salud –dice Rita Maestre, la portavoz del Ayuntamiento que, por preservar la salud, en vez de limpiar las calles, hechas un muladar, prohíbe la circulación de las matrículas pares con un celo policial digno de Sarajevo en guerra.

    Carmena aplica los protocolos de Botella, sólo que a suertes, un poco como la justicia aplicó el Código a Rita Maestre, quien, temiéndose por lo suyo un 523, que son seis años por lo que hizo, recibió un 524, que es una discusión escolástica para legos por lo que no hizo y que terminó en tablas o absolución.

    Hoy hay menos polución que mañana, pero hoy se puede circular y ayer no. La salud, pues, en lo del fumar como en lo de circular, es una excusa municipal falsa, pero el consenso socialdemócrata acostumbra adornar sus socaliñas con un buen pretexto moral. Es la inestabilidad de la psique humana (y esto lo dice Santayana) lo que mantiene el movimiento histórico, mucho más que el agotamiento del suelo y que los cambios de clima.

    Veo la boina de “smog” y no dejo de pensar en esos cuarenta mil maratonianos que hoy afrontan la San Silvestre con un ánimo tan risueño como el de Xi, el bosquimano del Kalahari al que cayó del cielo un casco de coca-cola en “Los dioses deben estar locos”. Si fuera por la salud de estos atletas, Carmena los obligaría a correr con máscaras antigás, aunque cuarenta mil tíos (y tías) así pertrechados iban a parecer una performance de la batalla Yprés, abril de 1915, más que de la de Maratón.