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miércoles, 27 de mayo de 2015

Aletheia




Jean/Juan Palette-Cazajus

En la mañana del día 22, la BBC emitió un vídeo de los filántropos del llamado EI, donde el humanista de guardia volvía a susurrarnos la tradicional declaración de amor:  «Nos gusta la muerte tanto como a vosotros os gusta la vida ».

El horror no sería absolutamente inútil si al menos sirviera para acabar de una vez con la idea más estúpida, criminal y descerebrada de la historia de la modernidad: ésa de que la Historia tiene un Sentido. Con mayúsculas abotargadas.

Nada de que han «salido de la edad Media», o de la «caverna del tiempo». Son nuestros contemporáneos. Rabiosamente contemporáneos.

A ellos no les gusta la muerte. Para eso les falta la conciencia intensa de la vida. Les gusta matar. A Occidente, no le gusta la vida. Le falta para eso la conciencia intensa de la muerte. Le gusta vegetar en óptimas condiciones metabólicas y calóricas.

Hubo una excepción, un ritual insólito que potenciaba el gusto por el privilegio de vivir, piropeando a la muerte. De tal forma que ésta fuese éticamente necesaria, estadísticamente improbable y accidentalmente posible.

Phúsis, Aletheia, Thánatos. Los griegos, siempre los griegos. Naturaleza, Verdad, Muerte. Maticemos: la Verdad es un funesto invento hebreo.  Aletheia es voluntad del esfuerzo hacia ella, certeza de su vanidad. Phúsis, Aletheia, Thánatos. La Vida, el Hombre, los Toros.

Aletheia en los toros es forzar la naturaleza del toro, sacarlo de su viaje natural, hacia fuera; obligarle a ir adonde no quiere ir, hacia dentro, hacia el terreno del torero. Cruzarse, adelantar la pierna contraria, cargar la suerte. Toreo de intensa curvatura. A la salida de la curva espera la cornada, el percance, tal vez la muerte.

Lo que vemos todos los días, jaleado, ovacionado, orejeado, futilidad del toreo paralelo, inanidades al hilo del pitón, puerilidades de ir y venir, bagatelas manieristas, no es sino el odio a Aletheia, la garbosa contribución taurina a la sedación terminal de Occidente. ¡Además con desplantes!

Gallardo paseíllo, a los sones de España Cañí, hacia los terrenos de la Gran Sumisión, que diría el imprescindible Houellebecq.