lunes, 15 de diciembre de 2014

Quedadas

 Carroñeros esperando cruzar la carretera

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Entre personas de un mínimo sentido común, creo que es aceptable el insulto espontáneo en la grada de los estadios. El insulto al árbitro, al leñero rival, al envidiado del otro equipo, es parte del espectáculo. Pretender recogimiento, oración y cánticos espirituales en un partido de fútbol no puede salir más que de mentes calenturientas, hipócritas y desconocedoras de los arrebatos de esas masas aborregadas y sometidas a interesadas domesticaciones desde los púlpitos del tele y la radio.
     
El homicidio consumado y los frustrados del Manzanares son resultado de una “quedada”, moda  aposentada entre nuestros mozos y no tan mozos para practicar ese cainismo español que Don Antonio Machado localizara equivocadamente ¿o no? en la Tierra de Alvargonzález. Mi chico me cuenta que los de Filosofía quedaron con los de Químicas en el Arenal para darse unos curros. Los ultras del Córdoba quedan con los del Granada  antes de los partidos ¡¡de 2ªB!! para “calentar” el ambiente. Los dragoes del Oporto se citan con los radicales rivales cada vez que viajan. El coletudo charlapuñaos que tiene hipnotizado al personal desde el tele, presume de haber organizado aquella quedada tras el 11-M ante la sede del PP para insultar y lo que hiciera falta si los peperos osaban asomar la gaita. Lo cuenta orgulloso el nota, como si alguno no supiéramos que lo que de verdad pasó es que murieron asesinadas 200 personas y no lo que él explica sobre las mentiras de un tal Acebes. Quien violó la democracia condicional española hasta reventar toda honestidad alardea de haber inventado la más vergonzosa quedada de la Historia del país. Lo peor es que hay muchos más españoles que se atribuyen la paternidad de aquellos gritos contra unos asesinos tan particulares como el patio de sus casas.

      Aquellos días los viví al volante hacia Toledo y con un transistor en la silla de un hospital. Aún resuenan en mis oídos las llamadas del locutor Iñaki Gabilondo, de Paco González en el Carrusel Deportivo, de políticos ventajistas que invitaban desaforados a presentarse en la calle Génova 13, cuando tocaba día de reflexión. El problema no eran los 200 muertos. El problema era que el PP siguiera gobernando. Desde entonces he perdido toda confianza en cualquier español que hable de progreso, de paz y de solidaridad. El ilustre demagogo y su cuadrilla de la facción Podemos dicen que son profesores. Entiendo que son asalariados del Estado  encargados de educar a nuestros jóvenes y si su mayor mérito consiste en organizar quedadas ¿por qué tanto escándalo ante lo que se va de las manos cuando los más acérrimos cerriles embisten a una señal del amo, ¡perdón!.., educador?

    Está demostrado que los buitres carroñeros han aprendido a camuflarse hasta entre hojarascas.