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domingo, 25 de septiembre de 2016

Córdoba, 2; Gimnástico de Tarragona, 0


Francisco Javier Gómez Izquierdo

      El aficionado escucha a un nota decir que fulanito marcó el gol que dio la liga al Flamurtari en la liga albanesa del año 2001 y es lógico que no se atreva a discutirle nada de lo que diga el sabio. Hay periodistas que saben mucho de fútbol. Una jartá, pero eso no quiere decir que entiendan de fútbol, porque el fútbol se contempla desde una subjetividad para mí harto traicionera.

     En 2ª división, por ejemplo. Llevamos un sexto de liga y aún no he visto un equipo digamos fiable. Tanto del Levante, la plantilla más cara con ese Campaña por el que tengo debilidad,que pasó por Córdoba como una sombra; como de mi equipo, el Córdoba, veo escritos demasiados adjetivos bonitos que no creo que se correspondan con la realidad. Una realidad, ya se sabe, mudable ante dos derrotas seguidas. Fíjense, de momento me quedo con el Lugo, a pesar de sus extravagancias en defensa.

    Ayer vino el Gimnástico de Tarragona, una plantilla corta y casi, casi de saldo. Los laterales, Mossa y Kakabadze, un desconocido, se las ven y se las desean para corregir la lentitud de los veteranos Lopo y Bouzón, desbordados por un Rodri que al final va a tener el año. El delantero centro Rodri hará unas cinco temporadas, cuando aún no tenía veinte, se salió en el Sevilla, hasta tal punto que se lo llevó el Barça. Tuvo una o dos lesiones morrocotudas y el Barça lo iba cediendo por Europa y hasta a Zaragoza y Almería sin que acabara de recordarnos lo que prometía. Como aún es joven, 26 años, no me pareció mal fichaje, teniendo en cuenta que venía prácticamente gratis. Cuatro goles lleva ya y yo no entiendo de fútbol, pero creo en las rachas de los goleadores. Del centro del campo tarraconense salvo a Madinda un revoltoso cedido por el Celta, aunque al resto no queda más remedio que perdonarles por esa manía de hacer jugar con 36 grados. Tejera, un calvito del Español que prometía, pero que se va quedando como futbolista menor, me defraudó como ese Uche, el Ikechuku, que está para pocos trotes. Un tal Cordero y un tal Lobato, de los que no tengo referencia, deambularon por el campo sin criterio y al parecer sin misión alguna, pues el Nástic no llegó ni una sola vez ante nuestro portero polaco.

     Dos a cero. Uno en cada parte. Sin agobios, pero yo creo -no sabemos de fútbol- que sin rival. Al entrenador Vicente Moreno, al que respeto en lo mucho que vale y en sus extraordinarios logros, le queda mucha estrategia que ensayar, porque talento, talento, yo no ví por ningún lado.

Del Rojo Flamígero de la tea progresista a las ricas industrias del morro y la cecina

Villarejo de Salvanés
Feria Agroalimentaria 2016
P'habernos matao

 Iglesia parroquial de San Andrés Apóstol
Siglos XIV-XVI

 El remate es una joya del Rojo Flamígero, estilo español desarrollado
 durante la Segunda República mediante la Tea Progresista,
 generalmente previo desahucio del cura, realojado en el otro mundo

 A lo que íbamos
Caballo, cabra y toro

 Primera industria nacional

 Vaca y jabalí
 
 Berenjenas

Un hombre y su sueño
 
Los cuatro muleros

Domingo, 25 de septiembre


-En tiempos de revolución, la gente se vanagloria casi tanto de los supuestos crímenes que quiere cometer como, en los tiempos corrientes, de las buenas intenciones que pretende tener.
Alexis de Tocqueville

"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto"

DOMINGO, 25 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."

Lucas 16, 19-31

sábado, 24 de septiembre de 2016

Perretes

Pregunta ontológica

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Decíamos ayer que, frente al perro estalinista, rebosante de salud y cultura, está el perro occidental, que sólo puede ladrar y que Manolita Carmena quiere liberar con su Radio Pirenaica de capital municipal.

Doña Manolita sostiene que la libertad occidental se reduce a la libertad que el conejo tiene para huir de los cazadores. ¡Oh, España, tierra de conejos! Y de perros de cortijo, donde, en imagen de Pemán, el cortijero nos amarra para que no mordamos, pero dejándonos ladrar con magnífico e ingenuo furor. Si nos aburrimos, sintonizamos Radio Carmena, que nos abre los ojos y entonces nos suicidamos. Son los “suicidios caninos” (sic) de que habla el fiscal de Medio Ambiente, que dice que él es jurista, no sociólogo.

Madrid, pues, es el Salzburgo de los perros, que diría Thomas Bernhard, aquél que dijo que a que lo meen a uno también te acostumbras con el tiempo.

Bueno, uno se brinda a hacer de árbol. Y vienen los perritos y se mean. Pero ningún árbol se muere porque lo meen.

Ateniéndonos a la doctrina carmenitana, para suicidarse un perro ha de tener dos cosas: conciencia de la muerte, que el fiscal debe de dar por acreditada, y un piso del que el animal pueda ser desahuciado, dado que, políticamente, sólo el desahucio es causa de suicidio en España. Cobra así sentido la controversia, que recomiendo a la fiscalía, entre José Pla, perrófilo de campo, y don Manuel Halcón Villalón-Daoiz, marqués de Villar de Tajo, perrófilo de piso.
No deja de ser hermoso ver a un mistolobo en la acera del Viaducto hablando como un personaje de Dostoyevski: “Temo el suicidio porque temo dar muestra de magnanimidad”, y a su lado un bodeguero refunfuñando como Sócrates: “No nos pertenecemos, somos propiedad de los dioses y quitarse la vida sería una impiedad”. ¿Y qué me dicen de un “cane corso” citando a Séneca en un ático de la Castellana?

A cualquier parte que mires encontrarás fin a tus males. ¿Ves aquel precipicio? Por allí se baja a la libertad.

¡Perretes! España.

La Merced en Córdoba

La Virgen de la Merced en el Zumbacón
  
Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Va para unos veinte años cuando los funcionarios de prisiones,”represores fascistas” en necio discurso de la alcaldesa Ambrosio en nefasto día del presente año, empezaron a detectar un elevado número de ingresos en las cárceles de marroquís, argelinos y distintos individuos procedentes de las naciones del golfo de Guinea que se suponía llegaba en pateras  y que les parecían más que majarones.

      Hubo Mohameds de siempre del chocolate que confesaron cierta connivencia de las autoridades del lado de allá para desprenderse de locos evidentes a los que ataban unas planchas de jachís en las costillas para que las entregaran en Algeciras, Conil, Fuengirola o Motril y allí empezaran a “buscarse la vida”, como diría el Kichi. Pateras había en las que sólo venían orates y eran las que los chivatos ponían en el ojo de la Guardia Civil. Esto, dicho así hoy, puede parecer ventajista, inaceptable y por supuesto políticamente incorrecto. Pero, desgraciadamente para unos pocos, señora alcaldesa, es verdad.

     En septiembre, por la Merced, los boquis oyen discursos de las autoridades -la señora Ambrosio y su troupe municipal ignora vírgenes y mártires y no se suele enterar de la conmemoración, ella que es alcaldesa y tiene enterrado al lado de su casa al reformador de los Trinitarios, aquellos que liberaron a Cervantes-, reciben placas de veteranía y hablan de sus peripecias pasadas. Los más antiguos, con los que me suelo juntar, desgranaban en el ágape de hoy un rosario de percances con los majarones de los que quiero poner unas pinceladas.

      Los Larbys, Nabiles y Omares  irreductibles de pincho presto han ido eternizándose en las prisiones y han ido muriendo poco a poco a manos de los de su condición durante fugaces permisos en barrios poco recomendables, pero aún perduran esquizofrénicos y psicópatas de aquellas tandas y otras nuevas que son trasladados de cárcel en cárcel cada vez que cometen canalladas sin justificación y sin conocimiento en régimen de primer grado. No pueden estar con nadie. Intentan matar si consideran que los miras mal, si no les gusta los macarrones, si la visita prometida no viene, en el amanecer de luna llena...

    A un negro gigantesco del Golfo de Guinea, de un “negro subido” como diría don Pío Baroja, y con músculos para explicar Anatomía en la Facultad de Medicina, no le gusta que le llamen por su nombre. “...Feliciano sólo me llama mi papáaaa..” dice al funcionario en el recuento de las ocho y el funcionario ya le toca cavilar y mirar por su vida, señora Ambrosio. El negro Feliciano entró por matar hace años y a pesar de seguir preso, sigue matando. Suele pasear solo en el patio, ¡sí, en el régimen opresor del primer grado!, pero cuando los psicólogos consideran que debe relacionarse y pasear con otro interno, ya está liada. El negro Feliciano, una mañana a las ocho y media cogió por los pelos a su compañero de “promenade” y estuvo golpeándolo hasta que se hartó. “... En el tigre os lo he dejado. No lo he matado por que no he querido”, dijo a los funcionarios y echó un trago al café con leche. El negro Feliciano no quiso matarlo según sus palabras, pero lo mató. El inocente murió al cuarto de hora. El negro Feliciano sigue pegando a quien se le pone por delante y en El Puerto, el otro día, se lió a palos con seis funcionarios. El asesinato de Córdoba queda en Córdoba y las agresiones de El Puerto quedan en Cádiz y sólo los despreciados por la alcaldesa Ambrosio saben de las andanzas de Feliciano ú Osman y sus criminales puñales sacados sin venir a cuento, del asqueroso Hamsur al que nunca se ha de dar la espalda, de Habib el kamikaze que le gusta meter los destornilladores en el ojo de los que le parecen chivatos, de tantos y tantos... que se han enquistado en el país sólo para hacer daño.

     Con este tipo de perlas la Virgen de la Merced no tiene influencia, alcaldesa. Al final va a tener usted razón y no va a merecer la pena reconocer el trabajo de un prójimo con tan mala literatura. Literatura, señora Ambrosio, de la que usted parece haber oído hablar y que le ha hecho de indeseable condición para un colectivo que, según cuenta, agradece que no haya echo usted acto de presencia en los actos de su patrona.

     Un saludo, boquis y a perseverar.
 
Un tipo parecido físicamente a Feliciano

Sábado, 24 de septiembre


-Jamás lo ridículo y lo sublime estuvieron tan cerca, porque lo sublime estaba en los hechos y lo ridículo en el narrador.
Alexis de Tocqueville

viernes, 23 de septiembre de 2016

Radiocracia

Beethoven

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A la vejez, vihuelas.

Millán Astray fundó en Salamanca Radio Nacional de España y puso al frente del invento a Gecé, un genio de las vanguardias.

Manolita Carmena funda en Madrid Radio Municipal de Podemos y pone al frente del invento a un menda que desmenuza el stalinismo con un chiste de perretes (el proverbial sentido del humor de la izquierda): dos perretes, uno a cada lado del muro de Berlín; el del este presume de educación y sanidad; el del oeste sólo puede presumir de que le dejan ladrar. El Arévalo del Gulag se llevará una morterada del Presupuesto por ladrar en Madrid, no por enseñar trigonometría en La Habana o por pasar consulta en Pionyang.

Para no joderle la gracia al chiste, no se dice cuál de los dos perretes, y para qué, levantó el muro, o si fue Juanillo Benet, que era ingeniero y padre de la Generación Pisuerga por escribir cosas así:

Creo que mientras existan gentes como Solzhenitsin deben perdurar los campos de concentración (...) Nada me parece más higiénico que las entidades soviéticas busquen el modo de sacudirse semejante peste.
Es la radiocracia, o representación de un ejercicio del poder por irradiación. El filósofo Sloterdijk cita una carta de Beethoven al archiduque Rodolfo de Habsburgo en que el músico asegura que lo máximo que se puede lograr en la tierra es acercarse a Dios y “desde aquí extender los rayos de la divinidad sobre la raza humana”.

Doña Manolita cambia a Dios por Stalin, que para un comunista viene a ser lo mismo, pero más (léase “La facultad de las cosas inútiles” de Dombrovski), y se va a dejar un millón de “leures” de los contribuyentes en una radio porque le han dicho que los pintores de brocha gorda ya no cantan: cuelgan un transistor de la escalera.

La radio cermenitana es, pues, para los pobres, que son quienes la pagan, ya que, en la lógica comunista, en el capitalismo no contribuyen los ricos.

Es normal que en Madrid se suiciden los perretes, aunque ésa es otra historia.

Viernes, 23 de septiembre


-Es normal que las insurrecciones comiencen sin jefe, pero siempre acaban por encontrarlo.
Alexis de Tocqueville

jueves, 22 de septiembre de 2016

Los Kichis y la poli

 El Alexis, con collarón

Las Brigadas del Kichi en el ascenso


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    Puede parecerlo, pero no tengo obsesión con el Kichi, a la sazón alcalde de Cádiz. El Kichi, y los muchos Kichis que han alcanzado relevancia, puestos y sueldos públicos a costa de una moda, esperemos que peregrina, que consiste en regalar  loas y bulas a un ente que llaman “gente”, no pueden gobernar nada porque vienen educados en el odio y el desprecio a todo tipo de cuerpos y fuerzas de seguridad y por este orden: guardia civil, policía nacional y policía local.

    “... entre un policía que denuncia y un vecino que se busca la vida, me quedo con el vecino” dijo el Kichi al poco de ser investido alcalde. ¿Qué se entiende en Andalucía y Cádiz por buscarse la vida? Algo ilegal, como por ejemplo vender caballas “mu baratitas, dos kilos al precio de uno” camufladas en bolsas verdes a las puertas de una pescadería, el mercado o el mercadona. ¿Consideramos incorrecto, ilegal ó abuso el que el pescadero denuncie al intruso? El Kichi, alcalde que exige al denunciante “un jartón” de impuestos, sí. Así se lo dijo al periodismo que le preguntó con motivo de la detención de un joven que se puso violento con los municipales al requisarle las caballitas en medio de una calle.

     Buscarse la vida es también vender todo tipo de loterías ilegales, organizar rifas en una mesita con cien números, que la familia te haga las peonás si estás en el talego o lesionado, y por descontado “...vender unos porritos que no hacen daño a nadie”. “¿Y las papelinas, tronco?” “ Las papelinas son para mi consumo, don...”

    El Kichi tiene a un tal Alexis en su lista de Podemos que en el pleno del Ayuntamiento se dirige a los concejales de la oposición y que no votan conforme conviene a su jefe: “...vais a necesitar escolta”. Este Alexis ahora se busca la vida dando conferencias por Cádiz. ¿Y qué decir del Bódalo, al que la novia de el Kichi considera el Miguel Hernández de Jaén? ¿Cómo se buscaba la vida el Bódalo antes de conquistar su concejalía?  Como se diría en un patio de El Puerto: “de aquélla manera”.
    
“El Kichi se ha enmarronao como el pringao que es...” dice uno de San Fernando que presume conocerlo “.. porque los locos de las Brigadas son unos venaos y no te pués fiar d’ellos”. Los locos de las Brigadas Amarillas, como los Celtarras, los Bukaneros... son luchadores de izquierdas. “Gente” con la que el Kichi está a gusto y con la que se sienta en el Carranza.  Uno de las Brigadas, no está claro si del sector Fermín Salvochea, fue expulsado durante un partido por pelearse, y enterado el Kichi salió a la calle a por él y lo metió de nuevo al estadio “porque el alcalde manda en la policía”. Quejóse allí mismo la fuerza pública, que esgrimió la tolerancia cero de la ley del deporte, con lo que el Kichi comenzó a acojonarse y no tuvo más remedio que obedecer al que mandaba en aquel momento en el recinto público y dejar que de nuevo expulsaran a su conocido de las Brigadas. Eso sí, para que luego no dijera la concurrencia fiel, soltó cuatro frescas inconvenientes a la legalidad presente.  Ahora dicen que le van a multar y el vulgo se escandaliza sin que tenga conocimiento de la cantidad de multas de a tres mil un euros que todas las  semanas -cada vez menos, la verdad sea dicha- se publican en  los boletines provinciales por incidentes en los campos de fútbol. 
     
Muchos de las listas podemitas se han pasado la vida regateando y engañando con los trucos de las leyes a todo tipo de bofias y administraciones y por eso lo pasan rematadamente mal cuando llega la fiesta de los Custodios por tener que quitarse la indumentaria revolucionaria para vestirse de alcaldes ante capitanes, coroneles y generales.

El "boom"

El Gran Farsante Galimático

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La versión española de Hamilton, Madison y Jay en “El Federalista” son Pablemos, Errejón y Echenique en Twitter.
Compas, que alguien baje al garaje y desenchufe por favor el núcleo irradiador, que esto se nos está yendo de las manos –tuiteó Echenique, el Hamelín que no podía ensayar su aria “Chúpame la m…, Dominga” por el ruido de la controversia tuitera entre Pablemos, el becario de Blesa, que no sabe escribir el español, y Errejón, el doctor complutense cuya beca “black” no cabe en el balde de lavar la ropa que, según dicen, la otra Rita se llevó al río.

Echenique apunta a Errejón, que se doctoró, como él dice, en Ciencias Políticas con un tuit (“La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”) que hizo sentirse joven a todo el progreterío: de nuevo el conocimiento sustituido por el sinsentido, tras del cual, explica Roger Scruton, yace la eterna y siempre pospuesta promesa de liberación: liberación no sólo de la verdad, sino del pensamiento.
Pablemos es un chico ensimismado en la infancia con los “playmobil” de El Cojo de los Molletes, El Vinagre o El Ojo de Perdiz.
Pero Errejón es un Tamagotchi del 68, el discípulo más amado de Althuser y aquel su “Pour Marx” que hace desmayarse a Rita Maestre, siempre con el “Tel Quel” (que ahora es la tele de Ferreras) bajo el brazo:

–…sino la relación de esta situación de hecho con la situación en principio, esto es, la íntima relación que hace de esta situación de hecho una situación de, “invariable”, la estructura, dominante, de la totalidad
Y estranguló a su esposa.
Pablemos y Errejón cobran del Estado por vendernos la conquista del Estado con la dogmática (entrecomillada) de Ramiro Ledesma que Franco (“todo el poder al Estado”) Felipe González (“superación radical del marxismo”), Cuerda (“difusión imperial de nuestra cultura”, sus pelis) y Méndez & Toxo (“estructuración sindical de la economía”) ya han consumado.

El “boom”.

Sed Libera Nos A Malo... Epístola a los crédulos

 Identidades idénticas
Primera República Española
1873

Identidades idénticas
Tercera República Francesa
1875


Jean Palette-Cazajus


(La Gran Paradoja y la encuesta del Institut Montaigne)


¿Derecha o Izquierda? Nunca pude optar por la hemiplejía. Ortega y Gasset se me había anticipado en 1930,  "... es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía ...”

Los síntomas de la cruel minusvalía aparecen claramente en el tema de las identidades. El concepto es cardinal. Identidad biológica, individual, síquica. Se hace polémico cuando es referido a las llamadas “identidades nacionales”. Porque no es evidente trasladar a una colectividad las características de un organismo individual. Sobre el tema, y como era de esperar, la caricatura reina en ambos extremos del espectro hemipléjico. Los diestros no ven el problema y adoran sin empacho una tosca estampita de colorines. Los siniestros ven el problema y lo solucionan con igual desahogo, negando la realidad del concepto. 

Quienes disfrutan de ambos hemisferios intuyen que nos enfrentamos a una representación sin duda real, pero particularmente volátil e inestable. Entienden que la identidad de una colectividad histórica sólo puede ser evolutiva, fluctuante, inaprensible e intermitente, que es la suma contradictoria de millones de sensibilidades individuales. Sensibilidades que oscilan desde el odio a la propia identidad hasta el fetichismo cerril, pasando por la indiferencia. Las identidades nacionales aparecen sobre todo básicamente estructurales e interrelacionadas,  pues cualquiera entiende  que dependen de la evolución  simultánea de otras  identidades antagónicas o colindantes. Dicho de otra manera, quien habla de “Identidad” postula por definición una “Alteridad”.

Europa sostenida por África y América
W. Blake, 1796

Recordemos que el concepto es muy reciente, que se forja no mucho más allá de finales del siglo XIX, y que la propia expresión de “identidad nacional” es rabiosamente moderna. Los europeos tenemos metabolizada la idea de que el siglo de las catástrofes se inicia en el momento en que terminamos de pergeñar el relato de nuestras identidades. Coinciden, prácticamente, la tendencia a saltar a la yugular del vecino y la que nos llevó a  merendarnos muchas poblaciones exóticas harto sorprendidas por la visita. Finalmente escaldados, creímos entender que el nuevo reto de la construcción europea tenía por vocación extinguir la virulencia de las pasadas identidades y reconducirlas hacia un continente definitivamente pacificado.

Así nos metimos en la temática de la Gran Paradoja. La progresiva renuncia a las propias identidades, entendidas como agresivas y culpables, fue la primera manifestación de nuestro masoquismo pero también la última de nuestra soberbia. Nuestro desarme unilateral  se consideró necesario para que pudieran expresarse las otras identidades, las que habíamos contribuido a apagar. Las presumimos todas ellas  inocentes, inofensivas y benévolas por definición. Es decir que la condescendencia que nos llevó a la voluntad de dominación se perpetuó de forma suicida en nuestra incapacidad de augurar el lógico futuro. En este caso la emergencia, entre los pasados damnificados, del sentimiento más inmemorial y mecánico en la larga historia de la conflictividad humana, la ley del talión, la sed de venganza. Dicho de otra manera, cuando éramos fuertes y agresivos, modificamos definitivamente la historia de numerosas poblaciones. Hoy, arrepentidos, culpables y pasivos, ni se nos ocurrió que dichas poblaciones quisiesen y pudiesen, en algún momento, modificar la nuestra. La Gran Paradoja postuló la Historia como universal, pero la hemos vivido como particular burbuja cerrada al exterior.

Ejércitos en marcha

El principio del proceso fue el traslado progresivo de masivas fracciones de las poblaciones anteriormente dominadas hacia el suelo del dominador. La culpabilidad arrepentida se vistió entonces, hablando como Rawls, con un “velo de ignorancia”. La llegada de los primeros inmigrantes de la era poscolonial fue referida a un modelo piadoso, el del individuo, solitario, desvalido e inerme. Hoy la realidad consiste en comunidades poderosas, cerradas, agresivas y revanchistas. Pero la venda rawlsiana no acaba de caer de los ojos y la perezosa ideología compasiva se mantiene inmutable.

Pero nada permitió visualizar mejor los conceptos básicos que intentamos manejar como las imágenes de la gran migración de los pasados meses.  Vimos masas humanas que recordaban a los ejércitos en marcha de antaño, sitiando las fronteras de Europa. Y las vimos en más de una ocasión usando el recurso clásico de la presión agresiva. Pero el arma más eficaz seguía siendo la indefensión, real o simulada, capaz de perforar los corazones más blindados y destinada a provocar la rendición incondicional de la Europa compasiva. No se nos ocurre llamar invasión al resultado de la pasividad o del sistemático retroceso frente a la presión migratoria y culpabilizadora, binomio implacable y concertado. Frente a un continente condenado al destino de eterno centro asistencial, el número de candidatos crece de forma exponencial, movidos por infundados espejismos cuando no exigencias cínicas. El reto supera la capacidad de respuesta de las sociedades más prósperas y el único resultado es el crecimiento exponencial del resentimiento y la profundización de la grieta cultural.

Viaje de ida

Corazón fisible del problema que nos ocupa es el particular fracaso integrativo de las poblaciones sometidas al Islam. Ha querido una inesperada casualidad que me sorprenda, en medio de este trabajo, la publicación de una amplia y rigurosa encuesta del Institut Montaigne que ya está dando, y dará, que hablar. Dispongo de repente de las soñadas estadísticas. Observo que corresponden a mis intuiciones, cuando no las empeoran. La población musulmana en Francia sería así del 5,6%, pero alcanza el 10% entre los menores de 25 años. Quedan en evidencia los demográfos bienpensantes que afirmaban que no existía diferencia significativa entre la fecundidad de indígenas e inmigrados, en contra de la simple percepción callejera. Confirmación de que se trata de una demografía de combate y de autoafirmación comunitaria. 

Luego viene el trauma:¡Casi un 30% de los encuestados consideran la Sharia más importante que las leyes de la República! Pero entre los proliferantes menores de 25 años, la cifra alcanza el 50%. Si nos guiamos por referentes como las actitudes frente al velo islámico, la comida halal o la cifra de enterrados en el país de origen, cabe inferir que el porcentaje de quienes dan en buena medida la espalda a los valores del país de cuya nacionalidad, mayoritariamente, se benefician, llega hasta el 70%. La encuesta estima en un 18% el porcentaje de los musulmanes que cumplen los criterios de una integración lograda. Casi todos ellos, como era previsible, pertenecientes a los estratos socioeducativos más elevados.

Y viaje de vuelta

A largo plazo el porvenir se anuncia sombrío. A corto plazo se trata de un claro fenómeno de “balkanización”. La imagen más adecuada sería la de un enorme quiste de corazón pétreo y de bordes algo más dúctiles, instalado en el corazón de la nación. Se habrá entendido que el caso francés, particularmente instructivo por razones históricas, lo comparten o lo compartirán, en breve plazo, otras muchas naciones. Como los cretinos religiosos que piensan que la verdad de sus creencias salta a los ojos, hemos creído que la excelencia de nuestros valores era evidente. Era sólo una cuestión de tiempo para que, una vez instalados en nuestros países, los musulmanes los adoptaran y se fundieran en el molde nacional. No ha sido así. Hoy sabemos que una mayoría los rechaza y que muchos los odian visceralmente. No solamente la mayoría no se ha montado en el progresivo tren de nuestra historia lineal sino que muchos, como los indios de las películas, han irrumpido para atacarlo transversalmente. Fieles a la ley de la Gran Paradoja, nos volvió a cegar la soberbia y quisimos creer en la solubilidad del Islam en una sociedad democrática. La partición de la India, en 1947, con la secesión de Pakistán, fue la primera advertencia sobre la imposibilidad del envite. Siguió una interminable serie de coyunturas sangrientas que seguimos sin querer interpretar. 

Pero Alien se fue incubando clandestinamente durante generaciones y se nutrió con nuestro metabolismo. Sus referencias, sus valores y comportamientos son  absolutamente ajenos a nuestra filiación histórica e intelectual. Otra consecuencia de la Gran Paradoja es que el nivel intelectual, económico y societal del espacio cultural europeo donde arraigó el Islam, fue el que permitió a buena parte de sus seguidores permanecer amodorrados entre los renglones de una versión polvorienta y caduca que, abandonada a sí misma se mostraría incapaz de garantizar la viabilidad de ninguna sociedad. Es la vieja historia de los huevos del cuco. Los etólogos llaman cleptoparasitismo a este tipo de comportamientos.


Monna Lisa y el pluralismo

El error trascendental consiste en pensar que semejante ideología, en total contradicción con nuestro recorrido, pueda constituirse en un elemento más del sistema plural. El Islam tradicional es un sistema ideológico que pretende aportar una respuesta global a la realidad humana. Su única referencia es la “Umma”, la comunidad de los creyentes. El resto del mundo, nuestras naciones, se diluyen en el horizonte borroso y hostil de los infieles. Ajeno a nuestra historia, se le puede considerar, sin embargo, como una versión extrema y petrificada de lo que era nuestra sociedad premoderna, precrítica y prerracional. Contemplamos, incrédulos, su impensable resurrección bajo una forma vigorizada y particularmente agresiva. 

Nuestro problema es profiláctico. Cuando, tras muchas campañas de vacunación, una grave enfermedad desaparece totalmente de una sociedad, tiende a olvidarse la necesidad de la vacuna. Si reaparece la enfermedad, el peligro inmediato puede ser enorme. En nuestro caso la nueva campaña de vacunación debería ser particularmente enérgica, basada en el cuestionamiento crítico, radical y constante de los comportamientos anacrónicos, pretendidamente basados en el hipotético sonajero de la “Revelación”. Apoyada en una escuela santuarizada como transmisora de valores. En lugar de este básico cordón sanitario, y acorde con el catastrófico proceso evolutivo de las enfermedades autoinmunes, la reacción, suicida, consiste en integrar a nuestro organismo los anticuerpos que lo agreden.

Anticuerpos

Jueves, 22 de septiembre


-Corromper al pueblo sin desafiarle, falsear el espíritu de la constitución sin cambiar su letra; oponer los vicios del país, los unos a los otros; ahogar dulcemente la pasión revolucionaria en el amor por los goces materiales: ésa había sido la idea de toda la vida de Luis Felipe.
Alexis de Tocqueville

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Jugando al 68

Instituto de la Juventud
Calle de Lista

Jugando al 68
Mayores de cinco años, abstenerse

Ortega Lara

 El Cid

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Por asuntos particulares que no vienen al caso tengo muy poca relación con “la actualidad”, ese monstruo que envejece a las dos horas y que convierte en bichos raros a los que, como por ejemplo un servidor, nunca han tenido teléfono móvil. Los gallegos y los vascos van “a las votaciones” y como después de que saliera Otegui -entre los suyos “el Gordo”- de la cárcel no dejo de acordarme del famélico aspecto de Ortega Lara bajando de un coche en la calle Francisco Grandmontagne de Burgos, no hago por ver la tele, ni escuchar la radio, ni comprar el periódico. No quiero avergonzarme ya más de pertenecer a un país que se enorgullece de honrar a todo tipo de asesinos  y educa a sus ¿ciudadanos? en el insulto a los héroes y el desprecio a las víctimas de pistoleros sin corazón. Como ejemplos de tal deriva tenemos en Burgos a Rodrigo Díaz de Vivar y a Ortega Lara.
   
 ¡Cuánto me alegra que queden vigilantes de esa “actualidad” como Hughes y Quintano que nos avisen de lo que se avecina! Cierto, queridos amigos, lo más doloroso no es la sangre derramada y las injustas afrentas a víctimas que nacieron para ser personas anónimas. Lo más doloroso es comprobar cómo cogen lozanía esos principios éticos que gangrenan la moral de las “gentes” y que distinguen a los individuos entre transmisores de energía positiva, Otegui y su paz, y energía negativa, Ortega Lara y su triste mirada, y se asientan como la roña en las entrañas de un pueblo que quizás merezca lo que le pasa.

    Colegas de ese hombre que llamó “hombre de paz” a Arnaldo Otegui ordenaban a los funcionarios de prisiones -carceleros en parla abertzale, uno de ellos Ortega Lara-  requisar de las celdas  las cometillas con los colores de la ikurruña que los etarras hacían en los talleres -jueces con la instrucción adecuada consideraron luego motivo de redención- y regalaban a las visitas de fin de semana para que se las colocaran en la camiseta a la altura de la tetilla. ¿Cuánto han padecido los funcionarios de prisiones... y sus mujeres e hijos? ¿Y para qué? No pregunten a Domitila, porque no es objetiva. La objetividad está en las cadenas tres, cuatro, cinco, seis... y etcétera.
     
No dudes, Hughes, de que abundante cosecha de psicópatas amenaza tras cada esquina y de ella tendremos que protegernos, pero no me negarás que “gran parte” del periodismo, los políticos al uso y también “la gente”, también... hacen como que ignoran desvaríos tales como el suceso de Vitoria y “culpan” a un señor que padeció martirio todas las horas de 532 días por querer representar al ciudadano con más méritos que aquellos que le secuestraron y martirizaron.

    No sigo porque me enciendo. ¡Mira que estaba uno tranquilo después del triunfo del Córdoba -sólo pude ver la última media hora- en Alcorcón, pero ha sido leer a los dos amigos y llenarse de gatos la barriga!

     Un servidor trató mucho con Ortega Lara en el barrio y era un mozo como cualquiera de nosotros. Estuvo con el Gaitu interno en  Saldañuela. El Bachiller lo hicimos todos en el Diego Porcelos al que íbamos andando desde Gamonal y con Joaquín, Manso, Sinesio, Pik,  otra vez el Gaitu... estudiaron Magisterio.  Los veranos nos buscábamos unas perras para gastos y uno de los trabajos de los que la cuadrilla estaba más orgullosa fue la limpieza del Arco de Santamaría. Quitamos todo lo negro y dimos un tratamiento a las piedras para que brillaran durante generaciones. ¿Saben por qué recuerdo a Ortega Lara, “Larín” para nosotros entonces, cuando veo a Otegui retratado o paso por debajo del Arco de Santa María? Porque como demuestra el episodio vitoriano, lo democrático,  progresista y elegante  de hogaño sería pintar con frases oteguinas los monumentos que a unos pocos nos alegran una vista por desgracia harto cansada.

El Arco de Santa María

El silencio


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Si una recua de jumentos cocea una charla política de Ortega Lara y nadie dice nada, es que a Ortega Lara lo ha cogido el toro bizco de la memoria histórica. ¿Quién nos lo iba a decir en aquellas caminatas, por la orilla del Vena, al Instituto Conde Diego Porcelos en Burgos?

El silencio elocuente es esa admirable virtud cultivada por las actrices francesas de la época de Santayana y, desde luego, por la partidocracia española de la nuestra.
Primero fue una dama pepera de acrisoladas virtudes, Elvira Rodríguez, preguntando en TV con grandes aspavientos que a quién representaba Ortega Lara, muy convencida de representar a alguien ella. Y luego, silencio. Por no hablar, no habla ni Villegas, el Regenerador, que ahora, con la semana savaterina que lleva, debe de estar en el garaje metiéndose entre pecho y espalda la “Ética para Amador”, libro sagrado que, como ocurre con “El Capital”, es menester para leerlo entero “abandonar toda ocupación profesional”.

Con Ortega Lara, igual que con Calvo-Sotelo, los comisarios de la memoria histórica tratan de ocultar, más que el crimen, del que nunca se arrepintieron, el error.

En Logroño cometen la humorada de cambiar por la de Leopoldo Calvo-Sotelo la calle de José Calvo-Sotelo, “un hombre de la Dictadura”, argumentan, cuando no hay que ser un cormorán de biblioteca para acceder al libro “Los hombres de la Dictadura” del comunista Joaquín Maurín, que en 1930 presenta como “los hombres auténticos de la Dictadura” a Sánchez Guerra, Cambó, Pablo Iglesias, Largo Caballero, Lerroux y Melquiades Álvarez.
Mantener vivo a un hombre en un agujero de 2 x 3 x 1,80 durante 532 días podrá conceptuarse como un logro científico de la izquierda española en su lucha por el I+D, pero en el “boom” del buenismo constituye un error político que por el bien de la socialdemocracia se debe ocultar.

Como las sirenas de Kafka, el socialdemócrata posee un arma más terrible aún que su canto, y es su silencio.

Miércoles, 21 de septiembre


-Ninguna advertencia ajena le había preparado, porque, desde hacía varios años, el espíritu de Luis Felipe se había retirado a esa especie de soledad orgullosa, donde acaba casi siempre viviendo la inteligencia de los príncipes largo tiempo felices, que, confundiendo la suerte con el genio, no quieren escuchar nada, porque creen que ya no tienen nada que aprender de nadie.
Alexis de Tocqueville

martes, 20 de septiembre de 2016

Palita

Hispania aeterna

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la grande polvareda del callejero, mi Emilia Landaluce ha visitado a María Peregrina Millán-Astray Gasset, Pala, Palita, a quien Jorge Berlanga y yo veíamos algunas tardes, con admiración secreta, tomar la copa en el “Gitanillos” de los 80.

En la redada estalinista de la memoria histórica, el comité central del Ayuntamiento comunista ha resuelto cambiar la calle de Millán Astray (el único español que ha cerrado la Quinta Avenida de Nueva York), por la calle de la Inteligencia, guiño chorra a la anécdota salmantina con Unamuno, que primero decía que para servir a la patria es preciso hacerse odioso a los muchachos sensibles, “que no ven el universo sino a través de los ojos de su novia”, y luego hacía una frase de camiseta, “¡Venceréis, pero no convenceréis!”, a la que respondió el general con su “¡Muera la intelectualidad traidora!”, que en la España de los Julio Rodríguez, donde la traición alcanza rango de virtud social, ha sido reducida a “¡Muera la inteligencia!”

Sorprende, ay, este reconocimiento que la virtud comunista de la purga rinde al vicio capitalista de la inteligencia: nada hay en este mundo más desigual ni peor repartido que la inteligencia.

Sólo el odio a lo extraordinario en la España de los Julio Rodríguez explicaría la persecución a una figura tan contraria a cualquier expresión franquista, que es puro siglo XIX, como la de Millán Astray, que es puro siglo XVI.

Estaría la posibilidad de la venganza por los coqueteos del general con la Celia Gámez del “Ya hemos pasao”, si no fuera por la notificación, ¡en el 34!, que el juez instructor de la causa contra los revolucionarios de Asturias hace al general de una lista negra (¡la memoria histórica!) en la redacción de “El Socialista” en la que aparece, con el número 4 (Primo de Rivera era el primero), el fundador de la Legión.
Ya saben: la manía izquierdista, dicho por Revel, de imponer el deber de mentir sobre el pasado con el pretexto de salvar la lógica del presente.

Martes, 20 de septiembre


-Su tumba, en el cementerio de la iglesia, está ya cubierta de una losa de mármol. La inscripción y la verja han quedado para la primavera.
Dostoyevski

Romance Germania


Lina Tono

Esa señora que lleva el suéter de paño color vino tinto colgando del brazo y un folder lleno de papeles atrapado con fuerza entre los dedos regordetes, ahorcados por los anillos deslucidos, va para la notaría. Se va a bajar en la calle treinta y tres con carrera séptima y desde ahí caminará hasta la carrera trece. Irá golpeando sus tacones bajos contra el pavimento y tendrá especial cuidado con las lozas sueltas que, al pisarlas, escupen agua estancada. Ya le ha pasado antes: se ha empapado las medias veladas. Son las 10:34 a.m. Es jueves. Es octubre. Bogotá está tiesa. Voy para la clase del profesor Pedro, que me pregunta por qué tengo la letra tan grande y pide que no le ponga títulos literales a mis ensayos de lingüística.

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lunes, 19 de septiembre de 2016

El silencio loco



Hughes
Abc

Si la “normalización” post-ETA fuera cierta, fuera lo que se dice que es, o mejor, lo que por abandono se quiere hacer pensar que es, a Ortega Lara se le tendría que recibir con aurreskus. Lejos de eso, sus mítines son boicoteados. Porque normalidad, en España, es que se ultraje a ese señor al que entre todos le han querido quitar toda la carga simbólica que tiene a su pesar.

Ortega no es muy conocido. No está en las tertulias. No se hacen series sobre él.
Las víctimas interesan mientras sean mudas y asuman un discurso escrito. Ortega Lara es el ejemplo de lo que sucede cuando se salen del carril.

Que un mitin sea boicoteado es noticia; que le suceda a Ortega Lara es un hecho político y una vejación, una especie de recochineo sangrante. Algo estrictamente insoportable, guste o no guste VOX, incluso más, con más fuerza, si no nos gusta (¿los liberales españoles llenan un Bernabéu?).

Pero lo peor no es que suceda, que locos hay en cualquier sitio, y exaltados, lo sustancioso, la noticia, es el silencio posterior. En los medios y en los demás partidos. Un silencio que contrasta con lo que pasó hace unos días, cuando Alonso Alfonso o Alfonso Alonso dudaba ante Pili Zabala. Ese balbuceo movió a reacción inmediata a todas las fuerzas del progreso y a sus palmeros concomitantes.

¿Quién ha reaccionado para defender a Ortega Lara? La opinión pública tiene mano de niña gimnasta: nívea piel por un lado, callo rocoso por otro.

El silencio es jodido. Es un silencio que llama la atención. Es como la canción esa de Paradisio: es un silencio loco.

Se cumplen veinte años del secuestro de Ortega Lara, y a ver cómo lo digo: hay veces en que las cosas, en su estricta lógica, suenan fácilmente demagógicas y por eso las evitamos, pero comparemos el tratamiento mediático y político a Otegui y el que recibe Ortega Lara; comparemos el papel de uno y otro en la vida nacional de las últimas décadas.

La consunción física del “españolito” Ortega Lara nos recuerda la tendencia constitucional y política en España a la desigualdad: el norte, lo “histórico”, lo “singular”; y el resto, ciudadanos de segundo nivel, apreciables sobre todo como consumidores.

¿Pero de verdad no se ve la realidad cívica y simbólica de ese señor y del maltrato al que fue sometido? ¿De verdad que nadie se siente concernido?

La soberanía está hecha de sangre. Las víctimas han aportado (martirio, ofrenda) la suya para algo que a veces parece subvertirse. Quizás el gran error de raíz del terrorismo sea que en su afán derrama sangre que fecunda el derecho ajeno.

Si pierde, claro. Si pierde.

Zidane en el Templo Maldito


Blofeld (Donald Pleasance)



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El mejor golpe de Indiana Jones es el que da en busca del Arca perdida tirando de pistola para zanjar el desafío del moro con látigo, cuyos jeribeques tiquitaqueros (¡el tiquitaca del látigo!) eran como los de aquel espadachín que Pablos el Buscón encontró en el camino de Alcalá haciendo esgrimas en el aire (¡el tiquitaca de la espada!) con arreglo a un libro de instrucciones escrito por un loco.

    La leyenda dice que la escena de la pistola contra el látigo la improvisó Harrison Ford, que estaba mermado por la fiebre para rodar escenas de acción, y que gustó mucho a Spielberg. El gag funcionó tan bien que los protagonistas la repitieron en el episodio del Templo Maldito.

    Los “hestetas” (con hache) del cine afearán la genialidad de la escena abrumados por la desproporción de las armas, pistola frente a látigo, que es decir la desproporción de la pegada.
    Después del partido del Madrid contra el Sporting portugués, los “hestetas” (con hache) del fútbol afearon “la pegada” del equipo de Zidane, que puso los goles, ante un equipo “que había puesto el fútbol”, como si el fútbol fuera otra cosa que los goles. En realidad, los “hestetas” (con hache) del fútbol, del cine y del boxeo nos quieren imponer el “como si” del “pressing catch”, y Guardiola sería su Hulk Hogan, que tanto éxito tuvo siempre en Sitges.

    El Madrid tiene pegada porque se gasta el dinero en los jugadores que lo valen, que son los que “le pegan” y no los que “la tocan”. Más Zidane, que tiene un patrón de juego como sacado de una caja mágica del zoco de Tetuán, con Modric de yugo en un escudo (las flechas de la BBC) de la Falange, según la imagen heráldica de Hughes, que ha sido el primero en advertir el “tres en uno” (tres planes en un mismo partido) del equipo de Zidane. Los partidos de Zidane comienzan a ser el partido de Zidane, ¡Zidadanos!, más serio, en cualquier caso, que lo de Rivera. Y esto, la verdad, no nos lo esperábamos.

    Capricho presidencial fue la contratación de Bale (¡Zidadane Bale!). Capricho presidencial fue la contratación de Zidane. Y capricho presidencial fue la no contratación de Pogba, ése que corre por el campo como un escolar en el recreo, al decir de los veteranos ingleses. Flóper, pues, bien podría sentarse en el palco como el Blofeld (Donald Pleasance) de James Bond: a acariciar al gato, mirando con un ojo al Madrid de Bale, y con el rabillo del otro ojo (el ojo de Donald Pleasance, precisamente), al United de Pogba, que va a ser verdad lo que Hughes anticipó en un tuit, y es que Mourinho está gagá, mientras Benítez triunfa a lo loco en Newcastle.

    Queda la Fifa, con su aparataje político y mercantil (una copia vulgar de la Comisión Europea), que no permite fichar al Madrid, y cuando el piperío se veía ya teniendo que jugar el año que viene con García Ferreras en el puesto de Modric (¡ese yugo de los Reyes Católicos!), Zidane le saca a su presidente a Asensio, a Morata y a Lucas Vázquez, que no ganará el Balón de Oro, pero que se lleva todos los “Empleado de Mes”.
   

PITOS Y APLAUSOS

    El abanderado del fútbol español en el mundo es de Sampedor y no quiere ser español, pero dice cosas que sólo se le ocurren a un español, y no precisamente ésa de que sólo hay dos futbolistas en el mundo, Messi, primero, y luego… el belga De Bruyne, aunque sea tan graciosa como leer en la “Wiki” que el poeta predilecto de Guardiola, Martí i Pol, “ha sido traducido al castellano, al asturiano…” El caso es que el tiquitaca de Guardiola no arrastra gente al estadio del City, y el “hesteta” de Sampedor ha tenido que hacer a los manchesterianos dos observaciones: una, que la razón de que él esté en Manchester es que ellos vayan a verlo; y otra, que los pocos que van hagan el favor de no pitar al himno de la Champions, que ni ellos son catalanes ni el himno es el español.

Anda, anda con los lagunajandas y adiós al verano en plena incuria comunal

La mugre en el tendido


José Ramón Márquez

Lo de Lagunajanda era la famosa crónica de una muerte anunciada. La verdad, para qué negarlo, es que sólo con que veamos la palabra "Domecq" en un cartel ya nos entran los sudores fríos y el cólico miserere, de lo baqueteados que andamos con esas seis letras, que más que un apellido conforman una invocación al Maligno, taurinamente hablando. Y, como no podía ser de otra manera, los Lagunajanda, Sociedad Limitada propiedad de doña María Domecq Sáinz de Rozas, no defraudaron en complacer las nulas esperanzas que en ellos habíamos depositado. Por supuesto que además de los cuatro resentidos de retorcido colmillo también se sentaron en las piedras venteñas, exquisitamente sucias en esta particular ocasión, los consabidos viajeros provenientes del Oriente para quienes las palabras Domecq y Lagunajanda no significan absolutamente nada: los pobres, para una vez en su vida que iban a ir a los toros, se habrán llevado una impresión bastante poco halagüeña de lo que es en sí el llamado toro de lidia. No creo, sinceramente, que vayamos a hacer grandes aficionados entre ellos.

Estos Lagunajanda de divisa encarnada y blanca como la de la casa matriz se hierran con un escudito como el que perteneció a Veragua, el de la casa matriz, en el que han sustituido la uve de Veragua por la jota de joróbate. Es una forma de propaganda subliminal, para que nadie se llame a engaño, para que nadie se ponga a pedir la hoja de reclamaciones de la casta, la fuerza, la fiereza o de la acometividad. Lo malo es que, con absoluta certeza, los lagunajandas que salieron por las puertas simétricas que custodia un señor disfrazado de barquillero, eran las materias taurinas soñadas por los tres matadores que se anunciaron. Lo malo es que los tres coletas del cartel de esta última corrida del verano en Madrid habrían firmado por encontrarse con seis animales del comportamiento de los lagunajandas, compendio de nulas intenciones, supina bondad y dotes de toreabilidad, por usar el palabro del taurineo.

Repaso de albañilería

Los japoneses en el estercolero

Los japoneses ya se han ido

Porque los seis galanes que se vinieron, en su último viaje, desde Vejer de la Frontera, regalaron sus embestidas y sus trotes, se esforzaron lo suyo en no crear problemas graves a sus matadores, sabedores acaso del momento complicado que pasan en sus carreras, colaboraron lo suyo y ni por ésas las cosas salieron. El más interesante de los Lagunajanda, para que se vea que se hace un esfuerzo en reseñar cosas positivas, fue el cuarto, Lavandero, número 67. El pobre, de grata estampa y buen trapío, andaba con las fuerzas muy tasadas, pero en algún recoveco de su ADN quedaba algún rastro de bravura. Esto se vio cuando se arrancó con gran fijeza y alegría al caballo en el que iba subido Héctor Vicente. El Lavandero metió la cabeza y apretó lo suyo romaneando con las fuerzas de que disponía, con el rabo enhiesto. Mientras, Héctor Vicente le señaló un picotazo -la consabida sangre para un análisis- y retiró la vara y el toro se estuvo un rato empujando al caballo con fijeza aunque, como se dijo, sin recibir castigo. Lo sacaron y hubo quien pidió que se pusiera al toro de largo -aficionados ilusos-, que es lo que casi todos, excepto los orientales, queríamos. A cambio el toro fue al relance, sin cite, con alegría de nuevo, y aunque no apretó como en la anterior entrada, se quedó medio aquerenciado cerca de los faldones del penco hasta que se lo llevaron de allí a capotazos. Esto es lo más próximo a lo que nos gusta de todo lo que hoy se vio en la Plaza de Todos los Vientos, como la llamaban los viejos aficionados.

Para enfrentarse al regalo de los Lagunajanda -y no se quiera ver en ese sustantivo el más leve asomo de ironía- se vinieron a Madrid Iván Vicente, cinco corridas en 2015, Eduardo Gallo, una corrida en 2015, y Esaú Fernández, once corridas en 2015.

Si del primero de Iván Vicente, Oceanador, número 9, llegamos a decir que era la tonta del bote estaríamos insultando gravemente a Oceanador, pues dicho personaje mitológico no pudo llegar a tener menos ideas, ni buenas ni malas, menos intención y menos capacidad de aprendizaje de las que presentó este toro, al borde de los cinco años. Oceanador era la versión robotizada del carretón, ansioso de colaborar, deseoso de ir desde donde le dijeran hasta donde le llevaran, amable y obsequioso. Lo que se dice un "mandao". No fue suficiente su innato afán de echar una mano para que Iván Vicente armase un trasteo con el que decir "¡aquí estoy yo!" y Oceanador se fue al otro mundo, lo mismo que los orientales que se salieron del coso a su muerte, sin llegar a conocer lo que es el toreo. Los amigos de Iván Vicente, que los tiene y de los buenos, le jalearon el trasteo a base de ¡bieeen!, pero aquello era por cosa del cariño más que de lo que el madrileño iba poniendo en su texto. Las trincherillas, pase estimadísimo en la actualidad, fueron jaleadas como obras de arte también a base de ¡bieeen!. Su segundo fue el Lavandero del que hablamos más arriba y, para completar lo que de él se dijo, añadiremos que en el trasteo toreó bastante más el toro al torero que viceversa y que el bicho acabó rajándose o aburriéndose y volviendo grupas de su matador. Lo mejor de Iván Vicente la manera en que se tiró a matar a este Lavandero. Tuvo la mala pata de pinchar, pero las tres veces se tiró en rectitud y haciendo bien la suerte hasta que cobró la única estocada de la tarde digna de tal nombre.

Paseo

Lo de Gallo es un sinvivir. Los viejos del lugar recordaban el sanisidro de hace diez años, en que se anunció con una corrida de lagunajanda que acabó siendo lagunarremiendo. Por entonces Gallo era un valor sobre el que algunos apostaban, basándose en su solvencia como novillero, pero su carrera no ha conseguido cobrar vuelo. En 2012 firmó una seria tarde que hizo concebir ciertas esperanzas, pero por la razón que sea él ha optado por no asumir el riesgo de ejecutar el toreo y así le va. Hoy tuvo la ocasión, pues sus dos toros -oponentes no se puede poner, en honor a la verdad- le regalaron los mimbres con los que si hubiese tenido esa decisión podría haber dejado una actuación de enjundia. En su primero tiró de oficio para traer y llevar al animal de acá para allá en una faena de tentadero, faena campera sin ambición, y en su segundo volvió a tirar de oficio para torear como un témpano de hielo, como un bloque de mármol, con la más denodada frialdad y la más exasperante falta de pasión que concebirse pueda. Toreo de todas las ventajas, hecho con oficio y verticalidad y aprovechando la estúpida condición de los toros, acaso orientado a un esteticismo ful que no va a ningún lado.

Y Esaú. Nos trajo desde Sevilla dos porta gayola, una larga de rodillas, una pedresina y un circular invertido. En la parte seria, toreo fueracacho, ventajismo, pico y codilleo con un aire más bullidor y alegre que el de sus dos compañeros de terna, sin dejar ni medio verso del que acordarse el día de mañana.

La suciedad de la Plaza hoy era extrema. Baste decir que los japoneses trajeron unos cubrealmohadillas con los que proteger sus vestimentas; en cuanto al suelo y las escaleras más parecía que estuviesen al cuidado de la anciana alcaldesa de Madrid que del Fernández, el de la Cifu. Del trapo encarnado y amarillo hecho jirones que hay sobre la Puerta Grande ya ni hablamos. Penosa incuria.

Las cosas de rocarrey

Al tajo
El barquillero espera

Premonición del otoño

Los benhures por si cae algo

Descalzaperros

Gran Hermano

Lo de cada día

Inicio del Español-Real Madrid