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miércoles, 20 de septiembre de 2017

En el Camino

 Camino mozárabe en Santiago

Peregrinos

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Los cordobeses vestidos de carreristas que luchan contra el colesterol no se paran. Lo esquivan. Dos señoras le hacen un quiebro semicircular y los dos hombres vestidos de pintores que se paran no saben darle razón. No saben de lo que habla. La escena se representa a las once de la mañana en la Ribera junto a la ermita de los Santos Mártires. La veo desde unos cien metros y conforme me voy acercando intuyo la penuria del hombre de los dos burros.
   
El hombre de los dos burros es peregrino a Santiago y se ha perdido al pasar un puente peatonal que no es otro que el romano. Solicita enderezar la ruta. Dice también que en el puente peatonal ha perdido un bocadillo y que tiene “una poca jambre” porque  viene de Málaga. Alguien le ha dicho que tiene que tirar para el Cerro Muriano y anda buscando el buen camino. Le mando Avenida Libia arriba hasta que tope con la dirección Badajoz y me lo quedo mirando. Le solicito una foto y le doy para una cerveza. Posa y los paseantes, al ver que el peregrino no es peligroso, se paran curiosos y apuntan con sus móviles a los pobres animales. Le explico que allí mismo está la iglesia de Santiago, parada obligada del peregrino con su mapa azulejado en el alminar musulmán más antiguo de Córdoba. Noto que no le importa el apunte y que su interés está en enfilar la calle a la que le llevo. Me pregunta si llegará hoy al Cerrro Muriano. Le contesto que imagino que sí y me intereso en cómo volverá de Santiago. El hombre, de aspecto perroflaútico, pero que al hablar aparenta una ingenuidad beatífica, no sabe qué hará. Preferiría quedarse allá de guarda en una finca o algo parecido. Y si no es en Santiago, en cualquier pueblo del camino. No le he preguntado más porque no me ha parecido decente y porque me da la sensación de que camina para olvidar. Incluso sospecho que quiere beber algo sin mi presencia.

    ¡Buen camino, malaguita!

La partida

"Ustedes tienen el corazón de un cobarde y el carácter de un sicofante"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La teoría del poder de Montesquieu, de quien María Soraya se dice amiga (María Soraya habla de Montesquieu como Vanessa Redgrave de José Martí, “un amigo de mi amigo Fidel Castro”), arranca de un axioma que a los finos analistas no les encaja en la situación catalana:
Todo hombre con poder se inclina a abusar del mismo, y avanza hasta donde encuentra límites. Para impedirle abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder.
Ningún poder va a detener aquí a ningún poder, pues todos los poderes son el mismo. El Estado de Partidos es una partida a cuya mesa se sientan los socios del reparto, que ahora se encuentran en plena negociación porque uno de ellos, el separatismo catalán (uno de los pilares del pacto del 78), quiere mejores cartas… o rompe la baraja. En el entretanto, los políticos nos dan la chapa con las tautologías liberales de Hayek y el ministerio del Interior pone a policías y guardias civiles a requisar “vietnamitas” para el concurso de García Pavón “De cómo el Quanque mató al hermano Folión y del curioso ardid que tuvo el guardia Plinio para atraparlo”.

Como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano –avisa a la audiencia (plastilina de oveja) Ferreras, el Jeremías del Régimen.

Que estamos en una negociación se ve en la manera de escarbar de los jefes de bando. El único peligro está en que los catalanes, contrariamente a su fama, no saben negociar (“todo para mí y nada para ti”), y la timba podría írseles de las manos, aunque el presidente, en pijama de seda blanco con rayas color fresa, repite que garantizará nuestros derechos. “El rey protege el derecho”, proclamó Jacobo I. “No –corrigió el juez Coke–: el derecho protege al rey”. Y se desmayó.
En esta negociación todos los jefes han hecho suyo el lema del Pirri: “Banderillero cobarde vale para otra corrida”. Para ellos escribió Tom Paine:
Ustedes tienen el corazón de un cobarde y el carácter de un sicofante.

Miércoles, 20 de Septiembre

Valle de Esteban

Solís necesitará de la colaboración socialista para evitar el crecimiento del comunismo en las filas sindicales.
Felipe Mellizo

martes, 19 de septiembre de 2017

Daniel Onega

De pie: Molina, Pablo, Marín, Salas, Urbano, Varo
Agachados: Lezcano, Abelenda, ONEGA,Burguete y Calero

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Escribía ayer un joven columnista local que “los mejores jugadores son los de nuestros padres y abuelos. Jugadores que nunca hemos visto pero que nadie -cordobesistas, se entiende- discute”. En Burgos tenemos a Juan Gómez González como el más grande aunque no faltan quisquillosos que mientan a Kresic, Requejo e incluso Pello Olalde como de mayor magisterio. A mí, el que más me emocionaba era Viteri hasta el punto de que me apodaron con el nombre del ídolo. El otro día en Salas de los Infantes uno de Vizcaínos me saludó con un “hombre, Viteri”, porque no sabe mi auténtico nombre.... y es que la decadencia futbolística de los clubes se advierte en el  continuo recordatorio de futbolistas que fueron.

     En Córdoba como en Burgos se localizan dos jugadores excepcionales que no admiten discusión: el difunto Juanín, una buena persona que tuve el gusto de conocer, y Daniel Onega, un argentino que Rafael Campanero trajo a España por aquella moda setentera en la que los aficionados exigían  a sus presidentes goleadores brasileños, argentinos o uruguayos y si no podía ser, defensas oriundos, categoría ésta que tiene pendiente una tesis doctoral.
     
El caso es que Daniel Onega, después de 40 años, volvió al Arcángel la semana pasada para ser homenajeado. Antes del saque de honor  del Córdoba-Tenerife, mis vecinos veteranos de localidad argumentaban en ese inútil “quién es mejor” unos en favor de Onega y otros ponían por delante a Juanín. Me preguntaron  y no supe decirles mucho aunque recuerdo su calvicie, que sacaba las faltas y creo que su lentitud, tipo Del Bosque
    
El Gaitu y yo mirábamos mucho al Córdoba porque estaba Aguilera, no sé qué pasó con los porteros Navarro y Taladrid, el difunto Burguete que se fue del Burgos por no poder competir con Viteri o Carmelo Salas, que me dice que aún le debemos dinero. La verdad es que recuerdo mejor a Onega que a Juanín, más que nada porque nos gustaba saber la vida de los que venían del otro lado del mar y porque se mató un hermano, Ermindo Onega, también futbolista y también de River Plate. Imagino que por las buenas le adjudicamos el talento que creyó comprar don Santiago Bernabéu en el goleador Óscar Pinino Mas, por ser su asistente en River. Dice el presidente Campanero que lo compró porque lo vio, con el difunto Dominichi, en una portada del Gráfico. Onega asegura que tardó en decidirse y que como los equipos de Primera española ya tenían el cupo hecho, le pareció bien ser cabeza de ratón en Córdoba que cola de león en no dijo lugar. Se había quemado en una huelga tremenda en la que los pibes de “las básicas” la reventaron y consideró oportuno hacer las Españas como tantos compatriotas.

    El veterano Garrido asegura que el argentino era como Zidane, y Cruz Carrascosa que como Xavi Alonso. No sé... Lo que no admite duda es que era futbolista de clase excepcional y que su recuerdo permanece entre el cordobesismo nostálgico y decadente como sigue entre los burgaleses el de Juanito, Sergio Kresic o Viteri de los que nunca nos cansaremos de contar sus hazañas.  Por cierto,  ¿qué habrá sido del gran Rafael Viteri Chávarri?

Marmolillo Carmenitano

Calle de Montesa

La solución

Jonas en de walvis
Pieter Lastman

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El jefe del liberalismo de Estado, Rivera, que es nadador, propone llevar a las Cortes un cargamento de juristas que expliquen la situación. Deberá traerlos de América; aquí hay abogados (conocedores de las gateras de las leyes), pero juristas (conocedores del fundamento de las leyes) sólo deben de quedar en América, donde ya Jefferson lamentaba la abundancia de abogados en el primer Congreso.

El defecto fundamental de la Confederación –anota en sus memorias– era que el Congreso tenía un poder solamente requisitorial, sin otra coacción que el principio moral del deber… Algunos Estados contribuían poco, otros menos y otros nada; y los últimos acababan suministrando una excusa a los primeros para dejar de hacerlo. También la falta de una separación entre las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales operaba desventajosamente.
Este reconocimiento de fracaso de Jefferson lo hicieron suyo todos los padres fundadores, y en ello radica su grandeza histórica: en apenas una década, la Constitución confederada del 77 (“Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua”) hacía peligrar la supervivencia de la nación, y puestos a cavilar inventaron (¡sin saberlo!) la democracia representativa (“populismo”, para los señoritos de pan “pringao”) con la Constitución federal del 87, una obra de Hamilton, Madison, Jay, Morris… que ahí permanece, a pesar de la zapa de la posmoderna izquierda marcusiana para destrozarla.

La obra más maravillosa lograda por la inteligencia y voluntad de los hombres –en palabras de Gladstone.
Una “Unión Perpetua” iba camino de cargarse una nación de diez años, pero la Constitución del 78, con el troyano encriptado en su título octavo, podría cargarse una nación de cinco siglos. ¡En vez de la ballena engullendo a Jonás, Jonás engullendo a la ballena! Y en el cargamento de Rivera, en lugar de los “Founding Fathers”, vienen, en cangrejeras de andar hacia atrás (los liberales, no los cangrejos), los liberales de Rallo.

Martes, 19 de Septiembre


Valle de Esteban

Cualquier estudiante de Historia sabe que en todas las situaciones dictatoriales de transición, como es la nuestra, el Estado arbitra libertades para un grupo opositor en exclusiva: el formado por los que, siendo enemigos del Estado, lo son mucho más de un tercero, pesadilla común de ambos.
Felipe Mellizo

lunes, 18 de septiembre de 2017

Verde Carmena

 Calle de Gurtubay

 Calle de Lista

 Calle de Lista

Calle de Lista

¿Qué fue de tanto galán,

que de tanto invención

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras,

las justas y los torneos,

paramentos, bordaduras

y cimeras?

Aficionados de Primera y Segunda

La Nueva Balastera

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         No me pregunten por qué, pero tengo la sensación de que no hay fauna más variopinta que la del aficionado al fútbol. Distinguirán ustedes conmigo al aficionado al que su equipo ha acostumbrado a ganar -Madrid, Barcelona, Bayern, Juventus...- y que se cabrea y maldice a sus jugadores o a su entrenador por empatar, y no digamos perder, con rivales menores. Es aficionado que nunca admitirá la derrota y al que los de provincias miramos a veces con indignación por sus quejas a los árbitros, a los que no piden justicia como disimulan en sus proclamas sino la parcialidad consuetudinaria.

      Hay un segundo nivel de hinchas de reconocible y ejemplar fidelidad a los que se puede achacar un mucho de irracionalidad por seguir a sus clubes con los ojos tapados si hace falta y que alcanzan el rango de beatos a santificar en el mundo del fútbol y entre los que los mejores ejemplos los encontramos en el Atleti, Betis, Liverpool, Dortmound... Después está al seguidor inasequible al desaliento -un servidor- que empezó a drogarse de niño con el balón y lo mismo se nos ve en el Nuevo Metropolitano que a en La Nueva Balastera, que como saben es el campo del Palencia. En el último nivel, al que también pertenezco, está el seguidor que durante toda su vida sufrirá padecimientos por apuntarse a equipos menesterosos cuyas prácticas enojosas no sólo nos enfadan y avergüenzan, sino que nos desequilibran y nos matan a disgustos. Quitando los días felices vestido con orgullosa modestia en el El Plantío y la plenitud en el viejo Atocha de un soldado rendido a los pies de Idígoras, Diego, Satrústegui, Zamora y López Ufarte, desde mediados de los ochenta todo ha sido penar. Un penar localizado en el viejo y nuevo Arcángel.
    
Ha de tenerse al aficionado de los clubes de Segunda como el más puro. El menos contaminado de vicios fanáticos y victoriosos. El aficionado-abonado de Segunda nada más sentarse en su localidad está incapacitado para saber lo que puede ocurrir en el partido de su equipo. Si acude pesimista, como un servidor ayer, por la falta de Javi Lara, el mejor jugador del Córdoba, la irritante debilidad defensiva, la tosquedad centrocampista, la sospechosa dirección técnica, más el rocoso Tenerife, se puede llevar la tremenda sorpresa de encontrar un equipo serio, ordenado por dos medio-centros defensivos, a uno de los cuales, Edu Ramos, le he dedicado más de un adjetivo malsonante y con la sensación de que por fin el míster ha encontrado el camino. Si además el Tenerife parece más indigente que tu equipo, todo lo que crees saber de fútbol se derrumba ante lo evidente. De los chicharreros nada bueno que decir. Ni siquiera a Jorge Sáenz, el prometedor central, le vi acciones destacables. El menos errático me pareció Alberto, más por intenciones que por aciertos, pero es posible que los mejores se quedaran en Tenerife por lesión y expulsión: Villar y Suso. Me extrañó la suplencia del pequeñito Vitolo, por el que siempre he tenido debilidad. Hasta dónde llegaría la falta de combatividad de los tinerfeños que el definitivo 2-0 lo marcó en jugada individual no exenta, eso sí, de técnica, el indolente Carlos Caballero al que el entrenador Carrión concedió los últimos diez minutos. 
     
En resumen, lo que parece claro es que  el truco de la Segunda está en arroparse bien atrás con centrocampistas aguadores, Aguza, nuestro particular Casemiro, y trabajar los saques de esquina y falta, como hace Rubén de la Barrera, ese joven y virtuoso entrenador artesano que dirige la Cultural Leonesa. ¡Ah, importante! Un buen portero, mejor, un portero fiable, da confianza y seguridad a la defensa, haciéndola mejor y menos fallona. A la portería del Córdoba ha vuelto Pavel Kieszeck , nuestro portero polaco. Probablemente el mejor cancerbero de la categoría.

Burros de noria

Rafael González Machaquito

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando el diablo no tiene otra cosa que hacer, con el rabo espanta moscas. Ahora, en las redes sociales, que son el no va más cultural de esta época, nuestros comunistas de granja la tienen tomada con el torero Padilla, que el otro día anduvo por el ruedo con una bandera de los Reyes Católicos a la espalda.

¡Fascismo! ¡Fascismo!
“Yo no sé si soy comunista o si no lo soy”, dijo una vez Belmonte a un periodista que se lo preguntó. “Supongo que no. Pero creo que todo está mal organizado y procuro ordenar las cosas a mi manera. Esta finca la he parcelado y mis colonos la explotan en beneficio propio. Les adelanté dinero para las primeras siembras y para la adquisición de útiles de labranza. Ya me lo irán devolviendo poco a poco.” “¿Y si no pueden?” Belmonte se quedó un instante pensativo y dijo: “Si no pueden, volveré a torear”. (Luego, cuando los milicianos fueron a buscarlo a la finca para “pasearlo”, se desnudó y, mostrándoles las cicatrices, les dijo que “así” era como él se había hecho con la finca).

De su época de lidiador duro, Padilla tiene en su casa cabezas de toro tan imponentes que su amigo Finito de Córdoba, cuando va a almorzar, le pide que las tape, como hacen en El Vaticano con las estatuas desnudas en las visitas del ayatolá. Padilla, que vive del público, se ha rebajado a pedir perdón a sus denunciadores, que, por otro lado, se contentarían con que el torero se ajustara a la sensibilidad a la moda, cambiando al toro por un cura (“¡Arderéis como en el 36!”), y al águila de San Juan, por una tricolor republicana.
El denunciador contemporáneo es un liberado del trabajo para denunciar el fascismo con sueldo del Estado, y son tantos que han convertido al contribuyente en burro de noria.

Cuando Rafael González Machaquito era maletilla y sufría de hambre y malos tratos fue sorprendido en una finca comiendo peras: el guarda desunció al burro de la noria y puso en su lugar al muchacho, que tardó dos horas en perder el conocimiento. Cuando Machaquito fue figura, compró aquella finca y se dio el gusto de no despedir al guarda, que se pasaba el día llamándole “zeñorito Rafaé”.

En nuestra sociedad, donde los niños ya no leen “Platero y yo”, el burro es criatura tan legendaria como el catoblepas (el independentismo catalán lo convirtió en pegatina totémica, y el animalismo, en bestia exenta de trabajo, como un liberado sindical), y lo más parecido al burro de noria que nos propone la cultura oficial (en este momento no hay otra que el fútbol) es el medio centro.

El medio centro del fútbol es el moderno burro de noria, y para mí los dos mejores son Casemiro en el Real, y en el United, Matic, valiente como un perro y elegante como un duque.
United y Real empiezan como equipo donde termina la gacheto-pierna de Matic y Casemiro, y ahora Mourinho ha contado en el “Times” que el serbio es su futbolista predilecto, “el mejor jugador” a sus órdenes de toda su carrera: “En un partido con el Chelsea –explica Mourinho– lo metí en el minuto 45 y lo saqué en el 75. No fue una situación agradable. Sólo he hecho una cosa así dos veces en mi vida. Al día siguiente, Matic vino y me dijo: ‘No estoy contento, pero fue culpa mía. No me gustó, pero me lo merecía por lo mal que estaba jugando’. Y se convirtió en uno de los míos”.



IWO WANDA

“Cuando me ve llegar con mi cara de cárcel…”, canturrea Neruda. A Griezmann, en cambio, nadie lo ve llegar con su pelo de Barbie, y así hace goles como el de la inauguración del Wanda (¡un gol llamado Wanda!), el campo chino del cholismo-cerezismo, que, por un afán de colosalismo, vivió un Iwo Jima que fue un Iwo Wanda de “Pupas” sin medida, cuando al izar del revés la bandera colchonera más grande del mundo surgió un oso heráldico que parecía bracear boca abajo colgado por los pies, aunque más de un chino lo tomaría por dragón. Como si en el Bernabéu pinchan el epinicio de la Décima y suena el “Oriamendi”.

En la Casa de Cultura de El Rosco, victoria por puntos de los Palha ante los Hoyo de la Gitana

 "Faustino Herranz, El Rosco, aficionado distinguido del Tendido 7..."
Ni El Rosco podía llegar a más ni la Plaza de Madrid a menos
Hitos taurinos de El Rosco: sacar el pañuelo verde a Bastonito, pedir orejas para Conchi Ríos
(¡Ah! Y Pablo Motos, Premio Nacional de Cultura)

José Ramón Márquez

Hoy tocaba el segundo desafío, el de los Palha y los Hoyo de la Gitana, pero el genuino desafío, el desafío a la inteligencia, ocurrió cuando entras por la Puerta Grande y una señorita de gran amabilidad te entrega el programa oficial número 58 y ves allí estampada la caricatura del afamado expicapedrero de Guadalix que atiende por Faustino y que en la cosa taurina es más conocido por su alias de “El Rosco”, al que en ese mismo programa se etiqueta como “aficionado distinguido”, que a saber lo que las huestes de don Bernard Domb entenderán por distinción. En ese hombre pretenden personalizar los mandaderos del señor Domb “el reconocimiento a la pasión por la tauromaquia de todo el público de Madrid”, y por ahí sí que no paso, que a mí no me ponen al Rosco a representarme ni cuando reparte solícito pastelillos siete arriba siete abajo, ni cuando se aposenta en el callejón en el burladero de la Autoridad Gubernativa, ni cuando sus vítores otoñales a Conchi Ríos, ni cuando pasea por la rotonda del Palace embelesado con algún bel-canto. Puestos a elegir, uno ha sido siempre de Juanito Parra y de la humildad de sus caramelos SACI, en el último lugar de la última fila de la andanada 8 donde aún está su azulejo que, imagino, aprovecharán para tirar a la basura con las obras que nos amenazan de manera inminente. Lo de Faustino digo yo que será la contraprestación de Donsimón a cambio del road-show que le montaron en Casa Patas donde se presentó con la chapa esa encarnada de que nada es importante si no hay toro y con un saco de embustes de alta expresión.

Bueno, pues tras la mofa a costa del susodicho nos disponemos a contemplar la salida al ruedo de Saltillo, número 665, de Palha. Palha es uno de los grandes enigmas de la ganadería, pues es tal la mezcla que con el ganado han hecho sus propietarios en uso de su legítimo derecho, que no hay quien se atreva a decir cuál es el tipo y las hechuras de esa casa, que tiene antigüedad en Madrid desde 1883, cinco años más antigua que Pablo Romero. Bueno, podríamos decir que su seña de identidad es lo heterogéneo en lo morfológico y lo encastado en la parte del comportamiento. Sin ir más lejos, este Saltillo que salió a romper plaza era de cierto aire miureño, largo agalgado, zancudo, muy serio y hondo, muy poco a propósito para el toreo contemporáneo por sus hechuras y de presencia muy grata para el aficionado e inquietante para el torero. El toro fue por tres veces al caballo a recibir los lanzazos que le pegó Daniel López y todavía habrá quien se queje del juego del animal, con las trazas que presentó el varilarguero y las mañas que demostró. Luego, después de un segundo tercio para el olvido, le tocó a Rubén Pinar intentar llegar a algo con Saltillo y la verdad es que no hubo argumentos dignos de reseña, acaso que aún conserva Rubén Pinar algunos modos que evocan a Julián de San Blas, de quien le nombraron sucesor hace ya mucho, mucho tiempo. En el haber de Pinar pongamos de manera especial la serenidad con que aguantó un espeluznante derrote de Saltillo que hubiese dejado sin respiración a unos cuantos que yo me sé, incluido el de San Blas. Mató muy feamente.

Luego, ya metidos en harina, salió a ese ruedo de arena de miga de Las Ventas, permanente homenaje del toreo al gremio de la construcción, el primero de los del Hoyo de la Gitana, un saltillo bastante más asaltillado que cualquiera de los tres de Moreno Silva del domingo anterior que atendía por Granjero, número 33 al que Pedro Muñoz le pegó como si le debiese dinero en las dos acometidas al jaco que protagonizó. Con este toro Javier Cortés dio su primer toque de atención en lo poco que duró el toro: una forma torerísima y muy decidida de abrirse con Granjero hacia el tercio y una excelente colocación y remate en la única serie de redondos que el animal se tragó antes de pararse. Luego el animal decidió que no le merecía la pena ponerse a embestir, como el Bartleby de Herman Melville, “preferiría no hacerlo” y así obró, por más que Javier Cortés trató de plantear otros modos acortando distancias, donde algunos vieron que ahogaba la inexistente embestida del toro. La cosa es que cuando lo despenó con un pinchazo y una estocada desprendida, ya estábamos deseando que saliese el quinto, que las tres o cuatro cositas de Cortés habían puesto la miel en los labios.

En tercer lugar y para su lidia y muerte a estoque por Gómez del Pilar salió Asustado, número 656, de Palha, que fue saludado con una ovación de la cátedra. De las tres veces que acudió al penco, la primera derribó, propiciando un deleznable espectáculo de los monos metidos a recortadores, y luego recibió dos puyazos sobrios y de buena colocación de “El Patillas”. Para el tercer puyazo Gómez del Pilar lo dejó en suerte de manera muy lucida con una lopecina. Luego, tras una buena brega de Iván Aguilera, principió su labor muleteril, como decía Matías Prats, puesto de rodillas y ahí estuvo hasta que tocó ponerse en pie. La parte en pie fue larga y sin mucho sentido, tomando sus ventajitas, como todos, y sin decir nada ni provocar un ¡ole! en los tendidos. Entre los que dio con la derecha y los de la izquierda se fue pasando el rato y cuando clavó el estoque en lo negro tras sonar un aviso, sus amigos y aquellos a los que convencieron, estimaron que tenía méritos suficientes como para demandar la oreja, que el presidente con buen criterio no concedió, pese a las consabidas cucamonas de los benhures de la mula atentos siempre a la propinilla que pueda caer. El protagonista de la tarde, Faustino, le hizo una seña al torero de que por su parte podía dar la vuelta al ruedo y entonces Gómez del Pilar se la dio tan feliz.

Rubén Pinar se las vio con Dichoso, número 20, del Hoyo de la Gitana y válgame el cielo qué bien estaba puesto el nombre del animal, que el dichoso de Dichoso no le dio ni media opción, pues se paraba en medio del muletazo, se lo pensaba un mundo lo de embestir y lo de embestir debe cogerse con pinzas, porque lo que más hizo fue pararse y ni siquiera pasar la mitad de las veces. El bicho había tomado dos varas, la segunda desde muy lejos. Lo mató de media lagartijera.

Pintarrocho, número 706, de Palha es el segundo que esperaba en las mazmorras de Florito para Javier Cortés. El bicho presentó algo de falta de fuerzas durante el primer tercio, no siendo ni mucho menos el que mejor cumplió en varas de los seis. Cortés empieza muy decidido su trasteo por naturales, dando distancia, como no se ha visto en Madrid en toda la temporada, y echando la pata hacia adelante con verdad y decisión y demostrando que hay alguien a su lado que le está aconsejando en la buena dirección. No era el derecho el pitón del toro y cuando Cortés se cambia la mano a la derecha enjareta una tanda de redondos de bastante menor intensidad que la conseguida con los naturales, luego el toro cambia y el matador, como hizo en su primero, opta por las cercanías con las que redondear su actuación dejando al respetable con ganas de volver a ver a este matador que nunca nos había dicho nada y que hoy ha protagonizado netamente los mejores momentos de la tarde. Con dos pinchazos y media echándose fuera puso a Pintarrocho a disposición de los benhures, que como ahora no había nada que rascar actuaron con una diligencia propia de quien tiene prisa por irse a ver qué hacía el Real Madrid.

Y por último Cancionero, número 28, del Hoyo de la Gitana, otro toro largo y zancudo que acudió por dos veces al caballo y no hubo forma de que fuese una tercera. En el primer encuentro con el penco desmontó a José Francisco Aguado en una caída de latiguillo de las que tanto gustaban a nuestros abuelos, esto propició una nueva desafortunada actuación de los monos, con riesgo innecesario incluido; luego, cuando Aguado se volvió a subir al penco, demostró sus buenas dotes de jinete moviendo al penco y provocando la arrancada del toro con la facilidad de las cosas bien hechas, si bien no hubo forma de que Cancionero se arrancase de largo pese al denuedo con que el picador lo intentó. Buena brega de Manuel Macías y ahí tenemos a Gómez del Pilar con Cancionero, que no tenía las mismas condiciones que el tercero siendo de embestida sosa y mortecina y como el matador tampoco es que fuese la alegría de la huerta, frío como un témpano, la cosa se fue haciendo larga y pesada, por más que a la primera de cambio se le animase apasionadamente desde el tendido, que le trataron como a un hijo. Aviso y media echándose fuera pusieron el punto final a la tarde.

En resumen: victoria a los puntos para Palha, sorpresa grande las maneras de Javier Cortés, gran cuadrilla la de Gómez del Pilar, nuevo ridículo de los benhures de la mula con su particular moonwalk a lo Chiquito de la Calzada cuando se ventea una posible oreja y sancionable actitud de la grey monicaca en los derribos, donde hay toreros con capotes para hacer quites sin necesidad alguna de que ellos hagan alarde de su heroísmo de talanquera.

Sancionable actitud de la grey monicaca en el Guernica de la tarde

Lunes, 18 de Septiembre

Valle de Esteban

Atentos tan sólo a la producción de leche, los holandeses han conseguido influir en el tipo de los toros casi hasta suprimirles los cuernos.
Wenceslao Fernández Flórez

domingo, 17 de septiembre de 2017

Domingo, 17 de Septiembre

Valle de Esteban

Y sobre todo esto, ciertos detalles de delicadeza conmovedora, como éste de fijar en una tablilla, ante cada vaca, su nombre y la fecha probable en que parirá; o el más atento de sujetarle la cola en alto, unida por una cuerda a otra cuerda que corre a lo largo del techo, para evitar que se manche el movedizo apéndice.
Wenceslao Fernández Flórez

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré"

DOMINGO, 17 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta:

-No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquél encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Mateo 18,21-35

sábado, 16 de septiembre de 2017

Chisgarabises

Sujetar a formas legales la resistencia a la opresión
 es el último refinamiento de la tiranía

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Entre los nacionalistas de Barcelona, con sus leoninas arrogancias, y los liberales de Madrid, con sus eternas sonrisas de niños cucañistas, nos hacen sentirnos como la malquerida benaventina: es tanto y tan grande lo que nos pasa, que ya nos parece que no nos pasa nada.

¡Con tanto trabajo que nos costó conseguir las libertades! –cantaba María Soraya en el Banco Azul.

Pero no podemos engañar a los niños: ningún pueblo de la Europa continental movió un dedo por las libertades, que en el continente fueron una conquista del ejército americano (Eisenhower, Marshall y Lucius D. Clay), motivo del consiguiente antiamericanismo; y en España, un obsequio de la Naturaleza, dado que Franco murió, de viejo, en la cama, motivo del consiguiente antifranquismo.

Con Cataluña, de Europa conviene no esperar mucho: al chisposo Juncker se le ha escapado “un respeto” hacia las posibilidades plebiscitarias de la sedición, y el holandés Guy Verhofstadt ya ha dicho que “Europa es necesaria para hacer frente… ¡a Polonia y Hungría!”.

Polonia y Hungría están como el caballo del “Guernica” porque pelearon contra el nazismo y el comunismo, pero Verhofstadt, que va de “Presidente de Liberales y Demócratas por Europa”, es de los cernícalos que creen que la Ilustración (en España se es ilustrado sólo con escribir “dios” con minúscula) trajo la Revolución, que la Revolución trajo la Democracia, que la Democracia trajo la República y que la República trajo a los Verhofstadt, esos chisgarabises que quieren meter en cintura a Polonia y Hungría, algo que escandalizaría incluso a su virtuoso Robespierre, para quien sujetar a formas legales la resistencia a la opresión “es el último refinamiento de la tiranía”.
La UE no es un club político, sino económico (de prestamistas), y lo de Cataluña se percibe como la flamenquería que es, con Puigdemont de Orange, a la espera de que Mariano haga algo (¿cortar la luz en los colegios?) que permita a los Verhofstadt motejarlo de Dux Albanus.

Sábado, 16 de Septiembre

Valle de Esteban

Ser vaca en Holanda no es demasiado desagradable, y hasta tiene cierta distinción.
Wenceslao Fernández Flórez

viernes, 15 de septiembre de 2017

Cocotología



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La democracia es poder hacer manualidades en el Congreso, dijo al diputado Rufián, en el Parlamento, la vicepresidenta del gobierno María Soraya.
Rufián no es un cocotólogo. Cocotólogo fue Carandell, que hizo en la tribuna de prensa las pajaritas de la Santa Transición, y su maestro, Unamuno, cuya crisis espiritual de 1897 le dejó un miedo aprensivo a la parálisis, que le llevó a escribir con una pluma ancha de caña y a amasar bolitas de miga de pan y a plegar papeles haciendo pajaritas rectorales. Otro demócrata.

Y si no, que venga Montesquieu y lo vea –añadió, como argumento de autoridad, María Soraya.

Hombre, María Soraya: Montesquieu, antes de resultar muerto en efigie por el director teatral Alfonso Guerra, escribió dos cosas en “El espíritu de la leyes” que no deben de salir en las oposiciones para la abogacía del Estado. Una: “Cuando el poder legislativo y el poder ejecutivo están reunidos en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistratura, no hay libertad”. Y otra: “Si el poder ejecutivo fuera confiado a un cierto número de personas sacadas del cuerpo legislativo, no habría ya libertad, porque los dos poderes estarían unidos, y las mismas personas tendrían a veces, y podrían siempre tener, parte la una en la otra”. Así que si Montesquieu entrara al Congreso y viera a Rufián con la impresora de las manualidades seguramente pensaría: “¡Otro ‘telepollas’!” (hallazgo lingüístico de Cela); pero no lo echaría para atrás tanto como ver en la sede del poder legislativo el banco azul del poder ejecutivo, con lo que Montesquieu no nos vale para darnos pisto. Podría valernos Francisco de Miranda, un español que fue más lejos que Montesquieu en materia de separación de poderes, pero murió de asco en una prisión de Cádiz.
Cruje el casón por Cataluña, y en el patio del gran alienista doctor Esquerdo resuena Ortega: “La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas…”

Viernes, 15 de Septiembre

Valle de Esteban

Todo el mundo ha luchado alguna vez con todo el mundo -dice un escritor flamenco que nos acompaña, para suavizar entre el holandés y nosotros lo que pudiera haber de áspero en el recuerdo.
Wenceslao Fernández Flórez

jueves, 14 de septiembre de 2017

Identidad y Alteridad. La segunda parábola de San Martín

 Saint Martin y Sint Maarten


Jean Palette-Cazajus

En esta ocasión no se trata de una capa sino de una isla partida en dos. Pero creo que la parábola resulta todavía más interesante. Algunos se habrán enterado de que una de las tierras más castigadas por el ciclón Irma ha sido la pequeña isla antillana de San Martín dividida entre Francia y los Países Bajos y destruida en un 95%. La parte holandesa, 34 kms2, se conoce como Sint-Maarten. La parte francesa, 53 kms2, como Saint-Martin. Desde 1648, ambas viven en perfecta armonía si bien su realidad económica y social resulta bastante contrastada. La población es equivalente, 37 000 habitantes en la parte neerlandesa, 35 000 en la parte francesa. En 1764 vivían en la parte francesa unas 40 personas y  todavía en 1962, la población no pasaba de los 4000 habitantes. Carezco de datos para la parte neerlandesa.

Algunos habrán leído “Colapso”, conocido libro de Jared Diamond. Obra polémica, publicada en 2005, muy comentada en su momento, que describía el destino trágico de la isla de Pascua atribuido a los graves problemas ecológicos y demográficos que escaparon del control de los moradores. El autor venía a decirnos que el destino de la mítica isla del Pacifico era el modelo reducido de lo que nos esperaba en un porvenir más o menos próximo. Luego vino la polémica. La seguí desde la distancia, pero creo entender que, básicamente, nadie cuestiona ya la tesis pesimista de Jared Diamond. En este sentido, la historia reciente del islote antillano también merece que le dediquemos un momento de atención.

 Marigot, antes de Irma

En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, los americanos instalan un aeropuerto en la parte holandesa. Es el principio de un proceso de americanización que dura hasta hoy. Mientras la moneda de la parte francesa es el euro, la de Sint-Maarten es el dólar y el inglés el idioma oficial. Después de la guerra, algunos grupos de turistas americanos de alto poder adquisitivo empiezan a frecuentar la parte holandesa. Sint Maarten capta plenamente el mensaje y empieza la construcción intensiva de hoteles e infraestructuras turísticas. Es el principio del turismo de crucero favorecido por el hecho de que el único puerto en aguas profundas de la isla se encuentra en Great Bay, cerca de Philipsburg capital de la parte bátava. El pragmatismo calvinista sabe adoptar rápidamente las “sanas” medidas fiscales y económicas susceptibles de “fidelizar” tan preciosa clientela: puerto franco, secreto bancario y casinos.

Como se puede imaginar cualquiera que tenga una mínima idea de Francia, en Saint-Martin imperan o tratan de hacerlo las leyes igualitarias y morigeradas de la República y en particular su secular tendencia a una pesada fiscalidad. Sólo a partir de 1986 se lanza también la parte francesa al cultivo de la especificidad agropecuaria del crucero. En territorio holandés siguen estando las discotecas más calientes y los numerosos burdeles cuya “mano de obra” viene tradicionalmente de la República Dominicana y de Colombia, últimamente de los países del Este. En la parte francesa, terrazas de café, restaurantes y tiendas de moda. En esta zona las construcciones son –me temo que habría que decir “eran”– de tamaño razonable, tratando mal que bien de no atropellar descaradamente el paisaje, y las autorizaciones para edificar han sido algo más quisquillosas que en Sint-Maarten. Allí reina el hormigón y más de 200 edificios salen de tierra cada año. Han entendido muy bien que a la trashumancia de cruceros le importa ya un comino el exotismo tropical y las palmeras. Sólo le interesa encontrarse, a su bajada de la pasarela, con aceras asfaltadas donde andar con tacones y espacios climatizados donde gastar, beber, comer y divertirse. Es bien sabido que buena parte del pasaje de los cruceros no suele bajar del barco ni siquiera en las brevísimas escalas en ciudades prestigiosas. 

 Irma estuvo aquí


Los traviesos cachorros de la CUP no andan tan equivocados en su diagnóstico sobre el turismo. El problema, como siempre ocurre con la extrema izquierda, es que el tratamiento preconizado es sistemáticamente peor que la dolencia tratada. El caso es que en Saint-Martin como en Sint-Maarten, fuera del turismo, no sobrevive prácticamente actividad económica alguna. En Saint-Martin como en la parte neerlandesa encontrar un nativo remite a la metáfora de la aguja y el pajar. En la parte francesa, la población inmigrada entre 40 y 59 años representa el 50% del total. Para el conjunto de edades, la cifra es superior a una tercera parte, contra 4% en la cercana isla de Guadalupe y 9% en la metrópoli. La mayoría de ellos son haitianos, por la cuestión del idioma, luego vienen los dominicanos y los “dominiqueses” o sea los que vienen de la Dominica, otra isla vecina, anteriormente bajo dominio inglés pero donde se hablaba el criollo francés. Los chinos van siendo cada vez más numerosos. En total son más de 115 nacionalidades en aquel pañuelo de bolsillo. De ellos más de la mitad son clandestinos o “sin papeles” como se dice en Francia y cerca del 80% carecen de toda formación educativa.

En la parte francesa el paro es del 27%. En la parte holandesa es la tercera parte. Se comprenderá mejor cuando sepamos que en Sint-Maarten el sueldo mínimo es la mitad que en Saint-Martin. Cuando sepamos que en Sint-Maarten, que vive a la americana, no existe cobertura social. Para ser atendidos,  los pacientes acuden en masa a los hospitales de Marigot, la capital de la parte francesa. En Saint-Martin existe la CMU (Cobertura Médica Universal) a la que tienen derecho los propios “sin papeles”. También muchos consiguen beneficiarse del RSA (Renta de Solidaridad Activa), unos 546 euros mensuales, a la que tienen derecho las personas sin recursos. Como decía Le Monde hace dos días, en la parte holandesa están los beneficios económicos, en la parte francesa el gasto social. De modo que miles de desgraciados, particularmente jóvenes, acuden donde parece que el hueso tiene más carne que roer.

 Factorías industriales en Sint-Maarten

Lógicamente, todos habrán inferido la existencia de un altísimo nivel de inseguridad y delincuencia. Todo el mundo pudo ver en televisión las surrealistas escenas de saqueo tras el paso del ciclón. Se contabilizan 23 veces más robos a mano armada en Saint-Martin que en la metrópoli. El número de homicidios es 16 veces superior. La legislación de Sint-Maarten se hace la vista gorda sobre la proliferante venta de productos de lujo falsificados y el tráfico de droga es virulento en toda la isla. Lo único democrático es la cocaína que cunde en cualquier ambiente. Saint-Martin y Sint-Maarten son una plaforma giratoria ideal para las remesas procedentes de Colombia o Venezuela y su posterior reparto hacia Europa y Estados Unidos. Los informes sociológicos muestran que las comunidades inmigradas viven cada vez más replegadas sobre sí mismas y con una tendencia cada vez más perceptible al enfrentamiento. Los propios estratos acomodados no destacan por su conciencia cultural o nacional. Lo que les llevó a Saint-Martin fue en gran medida la apetencia por el negocio fácil, bordeando con frecuencia la legalidad, el chollo fiscal o el tropismo pedestre del trópico. “Tristes Trópicos”, escribía hace muchos años Lévi-Strauss al que nunca han leído ni leerán. 

Por esto resultó espectacular el clamor unánime que subió de la isla al día siguiente de la catástrofe, acusando a Francia de tenerlos abandonados. ¿Unánime? Bueno,  los que se expresaban de manera más vehemente hablaban un francés muy pulcro y educado. Desde su paraíso fiscal, exigían la intervención inmediata y eficaz del Estado sin hacerse muchas preguntas sobre su escasa aportación personal a los recursos de dicho Estado. ¡Hombre! vista la situación se podía comprender. Pero en seguida me acordé de un libro del politólogo Marcel Gauchet, leído hace ya algunos años. Analizaba minuciosamente la evolución de los comportamientos modernos, tan variados como imparables, pero que coinciden en negarle al Estado todo derecho a inmiscuirse en nuestras vidas individuales salvo cuando las cosas vienen mal dadas en cuyo caso se le exige que cumpla a rajatabla con su obligación de “Estado providencia”, de paraguas tutelar.

 Marigot: el Estado... o su espejismo

 Aquellos que parecen distanciarse de todo sospechoso sentimiento nacional, que no dudan en proclamar su profiláctica distancia con cualquier sentimiento de pertenencia, atreviéndose a veces a usar aquello tan cursi y raído de "ciudadano del mundo", aquellos que parecen anticipar el porvenir radiante, cuando dejarán de hacer estragos las nefastas y obsoletas adscripciones, estos suelen ser generalmente puñeteros egoístas para quienes el vínculo histórico o comunitario sólo reaparece en caso de necesidad personal. En el momento en que unos se ponen, a deshora, en camino para forjarse un sentimiento nacional y recurren, como suele ser de reglamento en semejantes casos, al victimismo y al odio federador, otros vienen de vuelta y juegan la baza del solipsismo autista. Unos y otros son las dos caras de una misma moneda y se cruzan en medio del vado. Creo que ni unos ni otros serán jamás capaces de nadar.

Macron en Saint-Martin, 12 de Septiembre

Río Bravo

Angie Dickinson

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Del sombrero de tres picos (¡el corregidor y la molinera!) al diálogo de tres capas, que es lo de Puigdemont, siempre abierto al diálogo de los bolsillos, con María Soraya, la que no se iba dejar merendar la cena.

El diálogo “de tres capas” (“diálogo oblicuo”, decía Hemingway) consiste en decir lo contrario de lo que se piensa. Al final del “Prusés”, Puigdemont y María Soraya hablan, a personaje cambiado (ella sería él), como John Wayne y Angie Dickinson al final de “Río Bravo”:
John: “Te voy a detener”. Angie: “Creí que nunca lo dirías”. John: “¿Que diría qué?” Angie: “Que me quieres”. John: “Yo no he dicho que te quiero. He dicho que te voy a detener”. Angie: “Es lo mismo”.

El aplazamiento (“uno o dos años”) de la charlotada catalana nos puede salir por el precio de aquel rescate bancario que tampoco se iba a producir. “Hay que dialogar”, y el dialoguista ocupa en la política el mismo puesto que en el cine, donde viene (como se quejaba Foxá, cuyo vicio fue la conversación) detrás del ingeniero de sonido, entre el decorador y el encargado del maquillaje.
Es el “falso diálogo” de la teoría del disenso de Buela: comienza con el consenso como petición de principio, bien escondidas las diferencias de las partes, disimulo que arranca de la “parodia del otro como un igual”. Un nominalismo nuevo, que simula arreglar la realidad con “nomines”, con palabras, con conversación.

Este consenso está vinculado a la idea de tolerancia liberal, que introduce la idea de disimulo, de simulacro en la política, pues la tolerancia, hoy, no es otra cosa que la disimulada demora en la negación del otro.
La socialdemocracia abusa del término a sabiendas de que en “el diálogo contemporáneo” no pasa nada, pues ese diálogo no habla de la naturaleza del poder y de quienes lo ostentan “y de cómo sacárnoslos de encima”.

Habla que te habla, Bolivia, nuestro modelo, es hoy un Estado plurinacional con 36 naciones que excluye a los criollos, que son mayoría.

María Soraya

Jueves, 14 de Septiembre

Valle de Esteban

Entonces (el holandés) declaró inaugurado oficialmente un nuevo trozo del mundo. Y nos invitó a visitarlo.
Wenceslao Fernández Floorez

miércoles, 13 de septiembre de 2017

El Barça, de divorcio en divorcio

Butano y Juanito en El Plantío

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Saca la cadena GOL un anuncio que nos recuerda esa especie de sacramento que los aficionados de toda la vida teníamos por más que sagrado. Cambiar de trabajo, de coche, de piso, de pareja... pero nunca de equipo. A mí, sin ir mas lejos, me bautizaron en El Plantío y allí juré amor eterno por sobre todos los clubes. He sido abonado de la Real, Osasuna, Castellón y desde hace más de veinticinco años del Córdoba, pero el  Burgos siempre será el primero y nunca le perderé devoción. 
     
De todos modos, que mi caso no cuente, pues soy un poco raro, pero estarán conmigo en que todo aficionado al fútbol de provincias tira hacia el Barça o el Madrid y por primera vez advierto no sólo en jóvenes inconstantes, sino también en veteranos del bar de abajo y en culés de la mina, consumadas separaciones y divorcios inminentes hace tiempo anunciados desde el asco. “Me desaparto del Barça” dice Rafael, con negocio en la Judería y con foto dedicada de Messi. Ayer tarde aconteció el episodio definitivo cuando supo que el Camp Nou es centro oficial de la República Catalana y que democracia es hacer lo que se le ocurra a un pelotón de necios, o locos, o rufianes, o fugitivos, o etarras como Otegui...
    
Un servidor, que no ha superado aún la ruinosa entrega del gran Juanito al Real Madrid y la de Gª Navajas o Portugal por el presidente Martínez Laredo, ventas que no incrementaron más que en un autobús el patrimonio del Burgos, sin olvidar el penalty a Pirri o el transistorazo a José María García al llamarnos borregos maleducados por nuestras protestas al árbitro, siempre he preferido al Barça que al Madrid, pero se acabó. A pesar de Messi e Iniesta, que ayer ante la Juve volvieron a engrandecer el fútbol. A pesar de todo lo que me han hecho disfrutar Xavi Hernández, Maradona, Cruyff y sobre todos Messi... A pesar de tantos momentos buenos que sólo el Barça ha dado al deporte más atractivo del mundo. A pesar de muchos pesares, mi capacidad de aguante ya está desbordada y la demostrada connivencia del FC Barcelona con los grupos racistas de Cataluña es intolerable entre gente que se considera mínimamente decente. Racistas hispanófobos, delito no contemplado entre los tiquismiquis de la jurisprudencia española, alardean en el Camp Nou de sus atropellos, odiándonos (odiándome) a voces y despreciándonos (despreciándome) por ser gilipollas con educación. Nos odian porque se creen raza selecta y quieren inmunizarse acogiéndose en sus sagrados corrales. En el fondo nos odian (los sediciosos, no todos los catalanes) por su profunda amargura, su incurable tontuna, sus malas lecturas y peores compañías y sobre todo por las enseñanzas en los institutos y la TV3. Han enseñado y aprendido contra España y ahora ahí están. Racistas orgulloso que no saben que lo son. 
    
Me conforta un poco que Messi (hoy el Barça es lo que el argentino esté dispuesto a dar)  no es catalán y que si la estupidez nacionalista cuaja en una nueva Esparta pacifista y tontiloca como pretende la del flequillo a escuadra, se irá. Como se irán todos. Hasta Piqué. No. Yo no me voy con el Madrid en venganza. Cuando el Burgos vuelva a Primera y Florentino nos regale tal que a un Bale para que se foguee... entonces me lo pensaré.

La estrella

La fiera de mi niña

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los aficionados al psicoanálisis deben saber que la estrella de la estelada en la verbena catalana del 11 fue Otegui, el vasco que en la tarde / noche del día 3 de julio de 1979 intentó secuestrar a Gabriel Cisneros, redactor de la Constitución, en la madrileña calle de Lope de Rueda, 55.

El conflicto amoroso suele revelarse en forma de conflicto –dice el psiquiatra de “La fiera de mi niña”, película que según Howard Hawks, su director, tiene un gran fallo: no hay personas normales, todos están chiflados, y se necesita al menos un personaje cuerdo para tener éxito comercial.

Lo que Hawks veía en “La fiera de mi niña” es lo que uno ve en Cataluña, una historia de locos cuyo primer psiquiatra fue Ortega con aquella ortegada invertebrada (interiorizada por todo el mundo, desde José Antonio Primo de Rivera hasta Pedro Sánchez) según la cual el conflicto catalán se revela porque los españoles no aman lo bastante a los catalanes, dueños de una sentimentalidad única, que yo sólo he visto en el amor servil de Blasillo a su amo el Buitre Buitáker, huésped del monumento de Barcelona a Cristóbal Colón, que no tardará en perder su pedestal, una vez que en América los liberales de Obama han incluido al Almirante de la Mar Océana en su lista de proscritos Alt Right, acusado de populismo marinero (¡menuda marinería la suya, que diría Lassalle: blancos, gordos y sentados toda la noche viendo pasar pájaros con un mosquete en la mano!) y propagador de la “posverdá” cristiana, sin más contestación que la de Rodrigo de Triana, que se hizo musulmán cuando Colón se quedó con la recompensa prometida a quien gritara “¡Tierra a la vista!” Etcétera.

He vuelto a la entrevista del Caballero Audaz al doctor Esquerdo. ¿La locura más frecuente? El delirio de grandezas. (“Hablo todos los idiomas. ¿A que no me entendéis? Harasipui, harasipón, chiperitón, cua, cua… ¡Es el ruso, imbéciles!”)

Lector –concluye el Caballero–: es mucho más triste un manicomio que un cementerio.

Miércoles, 13 de Septiembre


¿Es mucho pedir que los editores, los propietarios de periódicos y aun el mismo Estado emborrachen  frecuentemente a los escritores?
Wenceslao Fernández Flórez

martes, 12 de septiembre de 2017

Rufufú



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Todos los jefes de partido insisten en que la sedición de Cataluña es contra la democracia, y con eso dejan al margen España, que nunca la ha conocido.

La apelación a “España” puede movilizar a alguien, pero a la “democracia” (quitando América, que la lleva en la sangre) no. Azaña, ya perdido, no apeló a la República, sino a España. Stalin, traicionado por su socio el “cabo bohemio”, no apeló a la Revolución (¡internacionalista!), sino a la Madre Patria. Pero Rajoy (“Su Serenísima”, lo llaman sus flabelíferos), entre la espada de Casares Quiroga y la pared de Portela Valladares, sólo busca enfriar el ambiente: si vienen contra España, hay que tirar del 116, y adiós al cocido; mas si vienen contra la “democracia”, se tira del 155 y estiramos el chicle del consenso un poco más. Su muchachada habla de golpe de Estado (¿Naudé, Malaparte, Tejero?). Y de Hitler, claro. ¡La socialdemocracia y su mágica “reductio ad hitlerum”!
En la tragicomedia de la sedición catalana, el golpe es a lo Rufufú, y las derechas catalanas (tan kelsenianas como las madrileñas) vienen haciendo el butrón, “de la ley a la ley”, desde el 78, y todos reconocemos a Totó, a Gassman e incluso a Cardinale.
“De la ley a la ley” pasamos de una dictadura (luego solemnemente condenada por vencidos… ¡y vencedores!) a una democracia, con Adolfo Suárez en el papel de Francisco de Miranda (el hombre que tachó a los realistas de Cumaná de “catalanes revoltosos”), famoso por su biblioteca. Y “de la ley a la ley” juegan en Cataluña a pasar de región a nación.

“De la ley a la ley” es una “reductio ad dialogum” por la que se elimina del discurso político la idea de soberanía, de modo, dice Buela, que siempre nos están obligando a firmar la paz con los amigos y a renunciar a actos soberanos frente a nuestros enemigos.

¿Leyes y españoles? Si ya en el franquismo fuimos “una dictadura paliada por el incumplimiento” (Gabriel Maura), ¿qué íbamos a ser ahora? ¿La “República de las leyes” de Adams?