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viernes, 24 de febrero de 2017

Vistillas

El Enemigo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la vistilla de Palma triunfó el amor. Igual que en la vistilla de Vistalegre del otro día, con Pablemos, ese Macías puesto ahí por el marianismo para, a cambio de una nómina del Estado, tener metida en casa a la gente que antes iba a pegar voces a la Puerta del Sol.

Este runrún del amor se ve en cómo florecen los almendros y fungen (“fungir” es verbo muy Cebrián) los restaurantes. En el Monte caen los empeños porque en los bancos el crédito vuelve a correr.

En Sevilla, cuando la crisis, a un inquilino suyo que se quejaba del alquiler porque los gastos eran los mismos y los comensales cada noche menos, dijo Lopera:

Si la gente no sale a cenar no es porque no tiene dinero; es porque no tiene de qué hablar.

Dinero vuelve a haber, aunque sea prestado. Y para temas de conversación, ahí están los amores de las vistillas, sin desmerecer a ese Observatorio de la Ensaladilla Rusa de cuya existencia en Sevilla me entero por Rosa Belmonte.

En Madrid, por la plaza de toros, un bar de los 90 hizo su “sanisidro” ofreciendo en su menú “Ensaladilla CEI”, que no tuvo éxito, porque ¿qué clase de enemigo es algo que atiende por CEI?

El gran negocio de la Guerra Fría recuperó en seguida el nombre de Rusia, donde hoy sitúa al enemigo el progresismo mundial, de cuyo furioso macartismo no creo que se libre ni la ensaladilla rusa, a sabiendas de que sólo es una pose.

Si creyéramos en la Rusia que nos pintan los medios, haríamos cola para alistarnos en los centros de reclutas, si bien en una encuesta reciente sólo 16 de cada 100 españoles se mostraban dispuestos a empuñar las armas para defender España de una invasión. Hecha la salvedad, 16 españoles de cada 100 tomarían el Cetme, pero los otros 84 correrían al banco para confiar sus ahorros a la Otan de Trump, que anda, el hombre, como nuestro Felipe III, con imperio (trufado de moriscos), pero sin nación… y sin dinero para administrar la decadencia de tanta paz (“quietud”, decía nuestro rey).

Jueves, 24 de febrero

Valle de Esteban

Espera. Aquí, en la primavera, / todos los días, todas las noches, siempre hay toros.
Alberto Guillén

jueves, 23 de febrero de 2017

Segundo turno de octavos de Champions

Subasic, el extraño portero del Mónaco

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     El protagonismo de la semana futbolera se lo ha llevado la derrota del Madrid -¡siempre Madrid y Barça!-, pero no era lo que tocaba. Tocaba el segundo turno televisivo de los octavos de Champions. El turno del, para un servidor, otro “tapado” -el primero es el PSG-  de la presente edición. El turno del Atleti. Cierto es que en Alemania encontró la inestimable e insólita colaboración de dos centrales (¡ay, ése Dragovic!) sospechosos de no estar en condiciones de resolver problemas atacantes de mínima enjundia, pero el Atleti estuvo serio como se espera de equipo curtido en desgracias inesperadas; afortunado en uno de esos arrebatos geniales del joven Saúl, el hermano de Aarón; rápido, hasta parecer eléctrico con la yunta Gameiro-Griezman; disciplinado como predica el general Simeone; solvente ante las imprevistas ausencias en defensa... y hasta fue capaz de responder con autoridad al tropezón entre Moyá y Savic. Me da que el entrenador Simeone se ha tomado muy a pecho ganar la Champions para el Atleti y está mentalizando de modo conveniente a sus jugadores en las batallas que  han de afrontar hasta llegar a la final.

     La noche del martes estuvo generosa en delirios defensivos que paren goles y entusiasman a los espectadores, pero tanto el entrenador Roger Schimdt en Leverkusen como Pep Guardiola y Leonardo Jardim en Manchester, seguro que tuvieron y tienen pesadillas ante la inestabilidad técnica y la falta de concentración de sus hombres en defensa. La eliminatoria entre Mónaco y City está en el aire, pero no creo que se decida tras una lección ofensiva de fútbol. Estoy más en la faena que pueden volver a liar... pongamos el portero Subasic o el central Stones a sus propios equipos. Si tuviera que apostar lo haría por el City, todo sea dicho.
     
El Sevilla, correcto y si no lo digo, reviento, un punto lento en momentos que se requería cierta viveza y había posibilidad de repartirla. Nasri es muy buen pelotero. Toca, parece pensar, ve, manda... y se contonea. A Nasri da gustó verlo jugar tal que contra el Spórting o el Español, pero cuando llegan las grandes citas a Nasri casi siempre se le espera. No es el caso de Vitolo o Sarabia, siempre prestos a lo que haga falta y colocados en el lugar estipulado por el míster, pero ¡ay! creo que Nasri no acaba de entender del todo los mandamientos del inquieto Sampaoli. El Sevilla pudo dejar resuelta la eliminatoria, pero una “desaplicación”, como nos decían antes los argentinos, del lateral Mariano, que hasta entonces había estado brillante, permitió a Vardy marcar un gol que espabila al moribundo Leicester de Ranieri, al que quizás tenga más cuenta ocuparse en salvar la categoría en su Liga.

    La Juventus ganó 0-2 en Oporto sin mayores sobresaltos, con ese papel que el fútbol le ha dado de gran dama y que hasta en la derrota permanece decorosa.  La culpa la tuvo el Pirlo aquél y  este Buffon, al que da la sensación se debe pedir perdón si se le gana. Tanto sea por mérito o por fortuna.

    Preciosa la semana de Champions, pero ya saben, el tema del debate está en la derrota del Madrid en Valencia donde, para más inri, el mejor fue Cristiano.

El lobo

Karl Popper

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El tabarrón catalán es un juego de diálogo (“diálogo” quiere decir aquí “pasteleo”) y secretitos del que surge el federalismo batueco, que es aquel federalismo proudhoniano que, traducido por Pi, nos trajo las risas de la primera República, que, de contagiarse, es a donde iríamos a parar.
Popper tiene la teoría de que el lenguaje surge del juego: la utilización lúdica de los gritos de alarma conduce al niño por vez primera a la mentira. La historia del niño que grita “¡Que viene el lobo!” no es un cuento moral sobre la obligación de no mentir, sino la historia del nacimiento del lenguaje:

El lenguaje humano nace de gritar siempre en broma “¡Que viene el lobo!” siendo mentira. Entonces surge el problema de la verdad y con él la representación.
El lenguaje humano… y el federalismo batueco, donde de lobo hace el artículo 155 de la Constitución, que no da para suspender nada (como no sea a muchos juristas en Derecho), ni siquiera la Autonomía catalana, y que por eso, en nuestros juegos, sirve de lobo.

El 155 es una rueda de hámster, donde los poderes del Estado, que en España son uno, pueden estar dando vueltas hasta que San Juan baje el dedo: ahora te requiero, pues paso, ahora te compelo (¡qué verbo, compeler, para los caireles de Puigdemont, oh, justicia poética!), pues no me da la gana, entonces vas a ver mis instrucciones, lo forzoso y lo forzado, y así, hasta dar en el “hay que lavalo” de la Charanga del Tío Honorio.
Para que ahora el 155 nos valga de lobo (que meta miedo), antes ese artículo hubo de ser tabú (de hecho, nadie lo nombraba), pero ¿qué clase de Constitución era ésa que tenía artículos cuya aplicación era tabú?

Éste es el plan. Al considerarlo, se necesita una dosis del pesimismo que recomienda Scruton porque ayuda a señalar que ningún plan puede funcionar demasiado tiempo… si la gente es libre para desobedecerlo, y que todo plan cuya ejecución depende de la información que el propio plan destruye... fracasa.

Jueves, 23 de febrero

Valle de Esteban

Todo quieto: la vida es la calcomanía / de un tiempo antiguo y fuerte, ahora en agonía.
Alberto Guillén

miércoles, 22 de febrero de 2017

La política

El Sr. Kamprad, fundador de Ikea y mentor de la cultura política española


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los disparates políticos que oímos en España son consecuencia de al menos cinco generaciones de españoles sin política.

La política es la lucha por el poder. El general ganó una guerra y eso le dio para gozar del poder sin disputa durante cuarenta años. Después vino el consenso, que es la negación de la política, pues sustituye la lucha por el reparto. La palabra que a los del consenso no se les cae de la boca es “diálogo”.

En el consenso, “dialogar” significa “negociar”. “Do ut des”. Y si la cosa se tuerce en Cataluña es porque el catalán, en contra de lo que se cree, no es buen tratante: si en un negocio la otra parte se lleva algo no le parece negocio. La solución, desde el consenso, es el disparate. 
¿Entonces la solución federal es un acuerdo confederal? –preguntan (¿pregunta groucho-saducea?) al jefe de la cultura del consenso durante cuarenta años.
Yo estoy por un modelo federal, no confederal –contesta el personaje–. Y todos los federalismos son asimétricos.
Ese personaje pasa por ser el custodio del legado cultural de Ortega, a quien una noche, como cuenta Camba, sacaron de la cama para llevarlo a poner orden entre los diputados de la República, unos energúmenos para quienes era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle, a fin de formar un cuadro, que coger un cuadro y hacerlo añicos, al objeto de crear un puzzle.

El lunes, en el Círculo de Bellas Artes, un orate socialista que tiene de la república la idea del felpudo de Ikea, llamó a montar la España federal como quien monta un sofá diseñado por el señor Kamprad.
Nadie en la España oficial sabe distinguir una confederación de una federación, y, por lo que dicen, la idea que todos manejan de esos conceptos tiene que ver más con Villar, el de la federación de “fulbo”, que con Hamilton, el de los Estados Unidos de América, que primero fueron confederación (cuyo fracaso los llevó a la federación). Hombre, puestos a copiarles la federación, ¿por qué no copiarles la democracia?

Miércoles, 22 de febrero

Valle de Esteban

España es un país de cartulina. España / aún hila sus vejeces, ¡metafísica araña!
Alberto Guillén

martes, 21 de febrero de 2017

La balada de Milo



Hughes
Abc

Nunca me interesó Milo Yiannopoulos hasta que vi los altercados en Berkeley. Y no tanto los altercados como las reacciones comprensivas con la violencia. Había leído algo, y sobre todo había visto algunos vídeos y no me parecía que fuera el Anticristo. Era un provocador en el territorio del Dogma Progre, la Double Penetration ideológica o trágala de nuestros días.

No creo que fuera un “Hitchens gay”, y eso que no me gusta Hitchens. Un amigo lo decía hoy: más bien un Boris Izaguirre. Pero tampoco. Milo quería, quiere dar una “guerra cultural”, una batalla ideológica. No sé, comparado con el nivel dialéctico de uno de las Jóvenes Generaciones del PP, o de un Sorayo Boy, el nivel era otro, la chispa era otra y la intención era otra.

(Actualización para gente muuuuy pesada: el referir, contar o preocuparse sobre esta supuesta -y algo rimbombante- “guerra cultural”, no es darla uno mismo. Aquí sería imposible librar una guerra cultural de ningún tipo, en el caso muy remoto de que uno tuviese el interés de emprender semejante epopeya.)

Mi interés por Milo fue creciendo cuando vi las reacciones a su invitación al programa de Maher. Gente adulta, “piriodistas” se negaban a aparecer en el mismo plató. Maher me encanta, aunque es insufrible, y no cedió. Ahí empezó a interesarme el asunto. Vi el programa para contarlo en la columna de tele y noté varias cosas. Milo estaba nervioso, y se deshacía en mohínes. Soy heterosexual (maccio, ma non fanático, que decía aquel tenor), pero me pareció guapo y simpático. ¿Este tío es Hitler? Lo hablé con un amigo, al que también le parecía guapo. Oye, igual lo del trumpismo se nos va de las manos… El caso es que Maher hizo una cosa extraña: chistes sobre la homosexualidad o el aspecto de Milo. Bonito mecanismo. Como Milo renuncia a la corrección política, Maher se permitía lo mismo. Se liberaba. Milo provoca una especie de “¡Libérate!” general en la izquierda. Es un Titi libertario.

Esto se ha amplificado en las horas siguientes. Se ha activado una especie de campaña de muerte civil a partir de su aparición en el programa de Maher. Y es relevante que se utilice para ello el argumento de la pedofilia. Antes que nada, no es descabellado pensar que el ataque venga desde la propia gente de Trump, aunque parece más bien del sector conservador de los Republicanos en alianza con los demócratas. El resultado es una extravagante y decimonónica campaña de desprestigio a un gay por hablar con matices sobre la sexualidad adolescente y sobre su experiencia como víctima del abuso. Tenemos un vídeo editado, y además una rápida respuesta de Yiannopoulos al respecto. Pero no hay nada que hacer: se le cancelan publicaciones, se le veta en actos, se convierte ya definitivamente en un proscrito.

Pero el resultado es asombroso. De la derecha moral se espera, pero ¿y la izquierda? ¿Acaso es ajeno a la moderna pedagogía negar el impulso sexual en un menor de edad? Coulter, una de las pocas en no abandonar al personaje, tuiteaba hoy sobre las campañas de reparto de condones a adolescentes de 13 años. Nada que nos vaya a sorprender. Lo que se extiende sobre Milo es algo que uno no pensaba que vería ya: la censura a un gay con la acusación de pedófilo. Es el argumento clásico de la homofobia, extendido… ¡por parte de la izquierda americana y por tanto de la europea!

(Nota a este respecto. La condición de absoluto eco de la prensa europea es deliciosa. Lo estamos viendo a propósito de la reciente valoración de la Administración Trump como soberano “caos”. De forma rítmica, como gimnastas coreanas, las grandes cabeceras pasan del “nazismo” al “caos”, que no es exactamente lo mismo)

Un admirado periodista me decía hoy que el término represión es muy fuerte. Vetar la presencia de alguien, prohibirle la entrada en recintos universitarios, prohibirle la expresión de sus ideas, impedir sus libros, sus conferencias… ¿qué nombre tiene? El mundo “ideológico” (que no merece tal nombre) alrededor de Trump ha sido acosado desde el inicio. A Bannon le han acusado de leer, como suena. Ha habido páginas del NYT sobre sus lecturas. Esto es absolutamente fascinante. En general, parece que estamos en un Diez Negritos del trumpismo mediático. Ahora le toca a este poco discreto propagandista, que estaba empezando a convertirse en una estrella nacional. “A flamboyant gay”, contra el que no han podido sino recurriendo a algo muy viejo: la acusación de pedófilo.

He leído textos de como mínimo quince escritores detallando con mucho gusto las penumbrosas zonas del eros adolescente. Algunos son celebrados referentes morales y estéticos en España. Por no hablar de algunos directores o actores de cine. De las cosas asombrosas que estoy viendo (repitan: invivibles) ésta no se queda atrás: una campaña de destrucción civil de un homosexual con la acusación de pedófilo. Tiene algo de XIX, de Reading simbólico en la red. Es eso tan repulsivo que siempre se ha oído sobre los gays: corruptores de menores.

Pero lo curioso es que, como ocurrió en pequeña escala en la entrevista con Maher, Milo no recibe el apoyo de “su comunidad”. Nadie ha reparado nunca en la homofobia de los ataques contra este hombre y, de alguna forma, se ha quedado desprotegido por los dos lados. Es interesante lo selectivo y asimétrico de ciertas categorías. Esto es un ejemplo vivo que da la razón al personaje, incluso a Breitbart, cuyo pensamiento más elaborado creo que iba sobre eso: la asimetría de las categorías y niveles de discusión de la izquierda americana.

Nazi y pedófilo. Alguien a quien sólo por hablar le llaman todo eso tiene mis simpatías instintivas.

(Nota necesaria dado el nivel de la tropa: no es necesario estar de acuerdo con todo lo dicho por Milo sobre sexo y menores de edad. Pero eso no es cometer un acto de pedofilia, ni defenderla. Lo que hace es bromear y darle un sentido a su propia experiencia del abuso sufrido. Alguien ha dicho, y no sin razón, que los ataques le están victimizando doblemente. Estos son aspectos en los que no es necesario entrar. También debe verse el vídeo completo, en el que él, tras su parapente intelectual sobre tan peligroso asunto, acaba volviendo al marco legal de la edad de consentimiento. Toma riesgos, riesgos “conceptuales” muy serios pero… eso no es un crimen de pedofilia. Por eso no habrá consecuencias penales, sino ajusticiamiento civil).



Tres jueces

El juez Corral, pintado por Velázquez

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Al oír hablar en la calle de justicia, me vienen a la cabeza los tres jueces de D. Rodrigo Calderón, cuya muerte “fue la que vivió, y su vida no fue más que su muerte”, en palabras de Quevedo nuestro señor, quien, preso en su Torre de Juan Abad (¡la “Trump Tower”!), escribe “en el fin de una vida y en el principio de otra, de un monarca que acabó de ser rey antes de empezar a reinar y de otro que empezó a reinar antes de ser rey”.

El pésimo cuadro de las costumbres públicas en lo que va del tercer Felipe a Felipe IV está en los “Grandes anales de quince días”, donde Quevedo sorprende el instante en que gira la rueda fatídica y los cortesanos de presa, como los llama Alfonso Reyes, van y vienen, enloquecidos, las pasiones al descubierto.

Felipe III manda a procesar a D. Rodrigo, prendido el 20 de febrero de 1619 en Valladolid por corrupción: tratar en las piedras de barberos y cobrar por las bulas de la Cruzada son sus medros, más hechicería (pasándole un alfiler por el pecho a alguna de sus muñecas mágicas) en la muerte de la reina, muerta, dice Quevedo, “de abreviada y no de enferma, y que de su fin tenían más culpa los malos que los males”.

Sus tres jueces son Corral, el bueno, que se conforma con la prisión y tormento; Contreras, el malo, que propone la degollación (“degollado por la garganta, hasta que muera naturalmente”); y Salcedo, el del consenso, que con su voto resuelve el empate en favor de la muerte. Los defensores Mena, Molina, Cueva y Tripiana sobran.

El pueblo, que odiaba en D. Rodrigo la representación de un régimen, se arrepiente ante la grandeza de D. Rodrigo en la desgracia. El camino desde su casa en la calle Ancha de San Bernardo hasta la plaza Mayor es una fiesta popular.

 ¡Populismo! ¡Antipolítica! (“Populismo” y “antipolítica” fueron –son– las formas franquistas de llamar a la democracia).

Por detrás no, amigo –dice D. Rodrigo al verdugo en el patíbulo–. No me han castigado por traidor.

Qué hombre.

Martes, 21 de febrero

Valle de Esteban

Luego sentía a España como una paloma / desecada en un cuadro y pegada con goma.
Alberto Guillén

lunes, 20 de febrero de 2017

Proteccionismo cerebral


Hughes
Abc

Contra casi todo, en España se maneja un discurso parecido. Ya sea la izquierda de Podemos, la izquierda desesperada de Sánchez, la natural rechifla ante el caso Noos, el nacionalismo, los movimientos contrarios a esta integración europea, las formas que adopta la derecha en el continente, o, finalmente, la titánica proeza de Donald Trump… De casi todo lo que no sea, estrictamente, marianismo institucional (en coalición con la arquitectura progre que el PSOE muriente de González-Guerra dejó y que él hereda, vía sorayismo) se dice lo mismo: es populismo. Todo es populismo.

Y entre los argumentos, sin matiz y sin distinción, que se aportan, es habitual hablar de internet. Se habla de los efectos políticos de la tecnología con auténtico espanto. Como si hubiera una academia socrática o algún circulo de Viena (de la cafetería Viena) arrasado por los bárbaros opinadores. Esto en España es muy marcado entre los opinadores salonards, que detentan las columnas y la opinión desde tiempos inmemoriales (bueno, inmemoriales no, desde el tardofranquismo y desde el postfranquismo giróvago).

Internet y las redes sociales probablemente estén acabando o transformando de un modo definitivo las empresas periodísticas, pero ése es otro tema. Lo que me asombra y no dejo de escucharlo, incluso desde tribunas, así llamadas, liberales, es el argumento contra democratización de la opinión, de la información, etc. Esto no es malo, no puede serlo de ninguna manera. Y si lo fuera, hay que asumirlo porque es expresión de la libertad económica. De Twitter y las redes sociales me llama la atención lo rápido que reproducen en la red lo que tenemos fuera. Creo que el fenómeno de la tertulia tiene su reflejo en la chupipandi cibernética. Es como su espejo. Son redes solidificadas, antilibertarias, duras. Poco plásticas. Pero siendo así, y siendo inequívocamente español el resultado sectario que ha deparado nuestro uso de internet, bendito sea.

Los argumentos elitistas en España suelen ser mantenidos por gente de un nivel inexplicablemente bajo. Con la perpetuación de ese punto de vista anacrónico, España se va a convertir en un búnker postfranquista, y la derecha española en una anomalía europea. No se puede ir contra la democracia anglosajona, ni contra la expansión de la tecnología. Cualquier ser humano que se tenga por liberal o propenso al liberalismo, ha de aceptar esos dos elementos. Estoy enamorado de la fea palabra “disrupción”. Por trumpiana y por schumpeteriana. Recordarán: el proceso de crecimiento económico lo explica la creación del empresario creativo. Toda innovación destruye. Todo negocio emergente acaba con otros.

La disrupción es parte del proceso de la libertad económica y debería serlo de la política. Me hace gracia lo que leemos en España. Contra cualquier propuesta bilateral, o cualquier retoque a la globalización de tipo arancelario que propone Trump, surgen voces llamativamente agudas: ¡Autarquía! ¡Autarquía! Los que aquí en España se escandalizan por una medida proteccionista en el comercio del latón, proponen algo mucho peor: proponen el proteccionismo intelectual, cerebral, la barrera de entrada neuronal, la democracia de los salones, la colusión político-periodística. La ruina democrática (que en España toma la forma oculta y creciente de deuda y de gap educacional) y la crisis del periodismo, condenado al mortecino papel de suplemento del BOE.

Si populismo es democracia americana, democracia inglesa, representación política de las clases bajas, integración, internet a tutiplén, combate de la inteligencia, alternativas morales, free speech, y humildad política, entonces sí, viva el populismo.

El caño y la trinchera


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El espíritu del Bernabéu, y esto lo tenemos visto (y dicho) más de una vez, es el espíritu de Las Ventas del Espíritu Santo, o sea, un espíritu importante, como se dice de las faenas de Julián López, el torero de San Blas a quien el ministro Méndez de Vigo (hay quien le llama Méndez de Lugo) ha distinguido con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes que un día sirvió para distinguir, por ejemplo, a Rafael de Paula.

    –Arte –decía Rafael de Paula el otro día en la presentación de un libro de su hijo en Sevilla–, en el toreo, es lo de Cagancho, lo de este señor (Curro, que estaba allí) y lo de mi menda lerenda.
   
Mi menda lerenda es Rafael de Paula, que ahora, por una fantasía ministerial, comparte Medalla con López, que es como si Cristiano Ronaldo compartiera Balón de Oro con el Tato Abadía.
   
Pero ¿sabe de arte el público del Bernabéu?

    Lo mismo que el público de Las Ventas.

    En Las Ventas y en el Bernabéu el arte es una pose (un postureo), que se queda en el detalle. Ese detalle en los toros es el pase de trinchera, y en el fútbol, el regate con caño, como el que Cristiano hizo a David López el sábado a la hora de la siesta.

    Cuando en Las Ventas un torero se bloquea y no sabe qué hacer, pega una trincherilla (pase de adorno, sin más) y convierte el runrún de desaprobación de la gente en un “¡Ooohhh!” popular, de pueblo sensible al que le ha sido dado ver un prodigio artístico.

    –¡Elástica con caño, no le digo más! –exclaman los “hestetas” de la “hestética”.
   
Definida por su libelista, el malagueño Juan Luis Romero Peche (¡paisano de Isco!), la “hestética” es un fenómeno de desvarío colectivo con reveladores matices de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni aprehende, pero se ejerce con demagógico machamartillo).

    –El “hesteta” considera “artístico” a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.
   
Que, en efecto, El Juli pegara un pase de trinchera (yo no le he visto ninguno) llevaría al espectador de Las Ventas a pensar que ese hombre tiene corazón, y un corazón enamorado, igual que el sábado, con la elástica con caño de Cristiano, todo el Bernabéu estalló (¡del caño al coro!) en una locura de alegría desatada al confirmar que su ídolo no es una máquina de goles o un reloj cartesiano de bicicletas, sino… un artista.

    –¡Ese hombre es un artista!
   
En el museo del madridismo posmoderno, entre la palanca de Zidane y el aguanís de Raúl, figura ya la elástica de Cristiano.

    El aguanís de Raúl era una muletilla, su forma de decir con el balón “bueno” y “¿no?”, que son las dos únicas palabras que se le escapan a Raúl. (Cada vez que dice “bueno”, una bendita ánima es liberada del Purgatorio, pero cada vez que dice “¿no?” esa bendita ánima vuelve a ser encerrada.)
   
En cuanto a la palanca de Zidane (la palanca de Glasgow), su principio es sencillo y fácilmente comprensible: tan sólo depende de las posiciones del fulcro (el punto de apoyo que pedía Arquímedes, al que los enciclopedistas colocaban en el pódium de la excelencia al lado de Homero, para levantar el mundo), la fuerza y la resistencia. Es el principio transmitido por Zidane a Casemiro, que culminó su demostración con su gol al Nápoles.




TENER UN PLAN

    Busquets, el mediocentro del Barcelona (y de España), para explicar el 4-0 de Champions en París a manos del PSG, dijo: “Al menos ellos tenían un plan”. Pero ¿no eran estos los del tabarrón con que un equipo grande no depende de nadie, porque lo que cuenta es su propio estilo y sale a imponerlo? Ahora resulta que toda la fenomenología del espíritu que constituye el tiquitaca se desmorona porque un adversario, siendo más modesto, tiene un plan. El plan de Unay Émery, entrenador del PSG, era ganar al Barcelona por 4-0, y lo llevaron a cabo. Pero Luis Enrique, entrenador del Barcelona, no tenía un plan: tenía unos futbolistas campeones tan mastuerzos que ante un contrario que quería meterles cuatro goles no sabían que ellos debían evitarlo. Puestos a tener planes, el Madrid podría plantearse el plan de ofrecer al Barcelona el Bernabéu para jugar la vuelta de París.

Las puertas del Acabose

Emilio Vega presenta a Bittolo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Ni vi el partido ni lo escuché por la radio, pero no crean que mi deserción se debe a uno de esos berrinches que atacan a tipos como Luis Enrique que se descarta de boquilla ante la tentación, como el delincuente en el juzgado. He tenido el fin de semana movidito en mis ocupaciones, pero cuando cándidos aficionados me contaban anoche que el Córdoba había mejorado ante el Levante vislumbré el Acabose en un final de liga con buenas sensaciones, dándolo todo, incluso jugando bien, pero... ¡ay, ese pero compañero!,  apestando a derrota y ruina.
      
Otro 3-1. Esta jornada ante el Levante, el mejor equipo de la categoría y como tengo puesto, incluso de más calidad que más de tres plantillas de Primera. Un detalle significativo es el caso de Deyverson y Camarasa, cedidos al Alavés por los granotas, incómodos ante el riesgo de malgastar tanto talento en Segunda División.
     
En mi equipo, el Córdoba, estoy convencido que no se encarga de fichar el secretario técnico, un tal Emilio Vega que en el mundo del fútbol ejerció de defensa leonés. El amo del Córdoba, para quien su club es el “Madrid de Segunda”, entiende en su omnipotente sabiduría que como Florentino Pérez, con quien se asemeja, es él quien debe contratar a los Zidanes y Pavones y rechaza futbolistas con demostrada solvencia en los equipos que al final encajan, con esa chulería que es propia de los júligans mas despreciables. “ ¿Con quien han empatado Charles y Lanzarote?”
    
Veamos el planteamiento conocido de un servidor, un vulgar aficionado que se atreve a opinar por escrito, porque hace muchos años se enteró de que había futbolistas y hasta entrenadores que comulgaban con sus creencias al llegarles, por mano del diablo, mis pareceres. Antes de acabar la temporada pasada, vi que José Gómez Campaña, un centrocampista capacitado para jugar la Champions, recaló en el Alcorcón. No tengo voz ante el amo del Córdoba, pero aconsejé que para la siguiente temporada, en la que estamos, si el Córdoba “era el Madrid de Segunda”, Campaña debía ser nuestro faro. Ayer nos coló un golazo como los que colaba Pantic. Para tocar así la pelota, no basta con el talento. Campaña tiene muchas mas virtudes.
     
El amo del Córdoba no se ha enterado aún de que nuestra mayor necesidad está en el centro de la defensa y a mí me dio de ojo Diego Costas, con el que Berizzo, por uruguayas circunstancias, no contaba y al que el Celta cedió el invierno pasado a un agónico Mallorca. Tocaba haberse dejado la piel este verano para contratarle, pero, ya ven, en invierno ha ido a Oviedo donde sus subidas al área contraria se cuentan por goles. Mire usted, además de defender, golea.
     
¿Y qué decir del cordobés Alfonso Pedraza, al que el Villarreal en agosto buscaba acomodo y lo cedía a aquel equipo que apostara por jugar airoso para que se hiciera el sensacional carrilero zurdo que ya es? El mozo ha dejado en Navidad 300. 000 euros en las arcas del Lugo, porque al Villarreal, su propietario, el Leeds le ha puesto en la mano un pastizal. Me consta que la familia -de San Sebastián de los Ballesteros- estaba loquita por que el chico viniera a casa, pero también me consta que el gran Llaneza arruga el morro cuando oye hablar del amo del Córdoba.
      
Tenía en mi cabeza más jugadores en verano, no me negarán que asequibles para el “Madrid de Segunda”, pero para imaginar la columna vertebral, Costas, Campaña, Pedraza, no hace falta ser un Monchi. Con ver y no mirar el fútbol, basta. Y oiga, tampoco es necesario ganar Champions para jugar en Segunda División. Lanzarote, un poner, desconocido para el amo del Córdoba que lo buscaba en el internet como antiguo componente de las plantillas del Milán y el Barcelona para empezar a tomarlo en consideración. 
       
El amo del Córdoba se cree un lince y está entusiasmado con el Atromitos, equipo que ni a mí me suena, y del que se ha traído un lateral izquierdo que se llama Bittolo, con B, y que por lo flaco que está parece salido del pupilaje de aquel dómine Cabra, que con tanta hipocresía platicaba y tanta miseria arrastraba. 

Codidito madrileño

Avenida de los Toreros

El tiempo recobrado (Proust y la condesa Greffulhe)



Jean Palette-Cazajus

Gran emoción estos últimos días en los medios culturales. Emoción que comparto por entero: se acaba de identificar, con casi total certeza, al inmenso escritor Marcel Proust en una minúscula cinta  de los hermanos Lumière, rodada el 14 de Noviembre de 1904. 

La condesa Greffulhe, fotografiada por Nadar

La secta de los proustianos, de la que me considero un modesto acólito, no para de visionar y revisionar los 3 o 4 segundos en que aparece, vivo y real como la vida misma (perdón, quería decir real como la propia literatura), el autor de “En busca del tiempo perdido”. El documento dura 68 segundos.

Nos muestra el momento en que, tras la ceremonia religiosa, los aristocráticos invitados a la boda de la joven condesa Elaine Greffulhe con el duque de Guiche, bajan la escalinata de la parisina iglesia de la Magdalena. Entre los segundos 35 y 38 un joven con bigote, vestido con abrigo gris claro y tocado con sombrero hongo, adelanta por la izquierda al solemne séquito.

Marcel Proust tenía entonces 33 años. Faltaban 3 para que se decidiera a cambiar para siempre nuestra relación con el tiempo y la memoria. El primer volumen de aquel reto, “Por el camino de Swann”, sólo se publicaría en 1913. Si Proust aparece en la película es porque era amigo del novio a quien le regaló, aquel mismo día...una pistola, por lo visto presentada en original envoltorio decorado con excelentes gouaches. Parece que el particular regalo quebrantó la economía del  escritor que se duele del tema en una carta a otro amigo. Pero por quien perdía literalmente los papeles aquel joven mundano, era por los múltiples encantos de la suegra de su amigo, Elisabeth de Riquet de Caraman-Chimay, condesa Greffulhe (1860-1952), sin duda el modelo principal de la legendaria Oriana de Guermantes.


Antes de un baile de invierno

Bellísima, elegantísima, desdeñosísima, nobilísima, mediatiquísima “avant la lettre”, la condesa Greffulhe no solía exhibirse más de un cuarto de hora ante sus admiradores para mejor preservar su misterio. La adulación de joven burgués judío con que la rodeaba “le petit Marcel” la aburría un poco y en cuanto a su obra literaria confesó alguna vez que entre tal densidad de estilo “se le trababan los pies”.

El caso es que aquélla que jamás hubiese imaginado, en tal día, que de sus prestigiosos títulos, el único inmortal iba a ser el de su futura ficción literaria, también aparece en nuestro precioso documento. Entre los segundos 25 y 30, esbelta, con cintura de avispa y de blanco vestida, del brazo sin duda del padre del novio, la condesa, entonces de 44 años, baja la escalinata con porte de reina y llevándose la mano al aparatoso sombrero.

Pero la cosa no termina aquí. Los incansables detectives de la vida proustiana, han descubierto una carta que el escritor escribió al novio, al día siguiente, para decirle que, la víspera, había hablado con su suegra al pie de la escalinata y “qu’elle avait ri si joliment”, o sea que “se había reído con mucha gracia”. Con lo cual tenemos mucho derecho a pensar que si Proust parece tener tanta prisa en estos brevísimos segundos filmados es porque iba al encuentro de aquella risa cautivadora. De pronto ya no estamos “En busca del tiempo perdido”, sino en “El tiempo recobrado”.

Con el vestido llamado "de los lirios", creación del modista Worth

Yo por lo menos he caído en la trampa. Inoculada la droga de la literatura, vemos leyenda donde solo hay cotidianeidad. Bien es cierto que “leyenda” se refiere a aquello que necesita ser leído para cobrar vida.

Pd. Por parte de madre, la condesa Greffulhe era Montesquiou-Fezensac, “grandeza” de Francia. Tío suyo era Robert de Montesquiou, dandy decadente y amigo del escritor a quien proporcionó el personaje del Baron de Charlus. Por parte de padre era Riquet de Caraman- Chimay, rancia nobleza franco-belga. Por ese lado, era nieta de la famosa Madame Tallien también conocida como Nuesta Señora de Thermidor, una de las pocas y excepcionales protagonistas femeninas de la tormenta revolucionaria. Volveremos un día sobre aquella gran Teresa Cabarrús, extraordinario producto de “mixidad” francoespañola.

En 1883, luciendo un vestido de su ilustre abuela, Madame Tallien

Lunes, 20 de febrero

Valle de Esteban

¡Y no hubo más remedio que triunfar! Pero ¿cómo?
Alberto Guillén

domingo, 19 de febrero de 2017

Suna a las veinte




"¡A beber! ¡A beber!", son las primeras voces de Gargantúa al salir del vientre de su madre: sed de justicia (nada más justo para un monstruo que pegarle al vino), la de Gargantúa. Pero la sed de Suna -peligrando como Narciso en la fuente- era una sed de santidad: un lametón de gratitud al agua por haberla bañado. Una santidad cósmica: -Del arroyo, del manantial, bebe el pequeño conejo y el gran onagro, y cada uno sacia su sed -dijo una vez san Agustín. Suna, al beber, santificaba el mundo.

Domingo, 19 de febrero

Valle de Esteban

Te contaré. Yo tuve mi cortejo. Devotas / de mi verso: la Equis, la Etcétera, las Jotas. / Una jamona. Alguna romántica. Hasta 5. / ¡Y no las hice un hijo!
Alberto Guillén

"Si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?"

DOMINGO, 19 DE FEBRERO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Mateo 5,38-48

sábado, 18 de febrero de 2017

El apaño

Dido y Eneas


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En noviembre del 35, José Antonio Primo de Rivera, tan invocado hoy, sin saberlo, por los jefes del Consenso, pedía en el Congreso que, a los forasteros, España (cinco mil ingenieros extranjeros, con quinientos ingenieros nacionales en paro) les pusiera en el pasaporte el mismo sello que Inglaterra: “El portador de este pasaporte se compromete a no obtener cargo alguno retribuido ni gratuito y a no establecerse por su cuenta en este país”.

Aún así, en 1968 Enoch Powell alarmaba a Inglaterra citando el caso de Eneas contra la inmigración ilegal. Eneas, en efecto, llegó ilegalmente y para procurarse un hogar; lo hizo con sus dioses locales y, si a estos no les gustaban los rivales autóctonos, pronto, como dice Roger Scruton, se lo harían saber a todo el mundo. Lo demás lo resuelve el multiculturalismo: cada cultura es un bien en sí mismo, y para hacer hueco a las minoritarias la mayoritaria debe marginarse.
Estamos en la socialdemocracia, la del “imperio de la ley” y la “inmigración ilegal” (sí a la entrada colectiva, pero no a la expulsión colectiva).

La socialdemocracia (economía de derechas, cultura de izquierdas y política de centro) cuida de la inmigración ilegal como las hormigas de los pulgones:

Los sacan de mañana, los colocan en las plantas más sabrosas, los dejan hacer allí lo que les da la gana… Luego los recogen y los vuelven a guardar en sus galerías. ¿A cambio de qué? El pulgón exuda un líquido azucarado del que la hormiga es tan golosa que por conseguirlo descuida hasta el cuidado de sus propias larvas y deja extinguir la comunidad.
Con la inmigración ilegal el país de origen se quita pobres y el país de destino gana mano de obra. El sistema es una fiesta: la economía de derechas reduce salarios, la cultura de izquierdas vende buenismo (y discos de Manu Chao) y la política de centro le dice a cada uno lo que quiere oír.

Palma la masa, pero ése es otro apaño.

Sábado, 18 de febrero

Valle de Esteban

¡Tantas! Sus crucecitas sangran mi calendario.
Alberto Guillén

viernes, 17 de febrero de 2017

Lucas


 Estatua de Lucas

 La fuente de Lucas

Alberto, Lucas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Gamonal, el populoso barrio de Gamonal, como dicen los periodistas de Burgos, se levantó a partir de finales de los 60 con brazos de todos los pueblos de la provincia para dar casa a los obreros de las fábricas del Polo, a los que la patronal llamaba productores en las nóminas, y la clandestinidad sindicalista, proletarios. De la parte de Atapuerca y los Juarros bajó mucho personal a trabajar de peón en las obras y de la Santa Cruz de esta última comarca, una rama de los Pineda, con su progenitor Germán a la cabeza, hizo mezcla, levantó tabiques y abrió regolas en muchos de los edificios que forman Gamonal.

       Germán y la Quica compraron el piso para la familia en lo que se conocía como La Tesorera, al comienzo de la Barriada Militar, por entonces la frontera de Burgos-Burgos, con el pueblo de Gamonal. Agustín y Lucas, dos de los, no estoy seguro de si siete ú ocho hijos de Germán, subían la frontera casi todas las tardes para juntarse con los chicos de su pueblo: el Gaitu, Juan Ángel, Angelito... y con los mozuelos  que rondábamos el Moral y el AINCAR fuimos haciendo cuadrilla. Agustín  y Lucas, obreros de la construcción que merecían haber vivido en tiempos del Renacimiento, eran los únicos, junto a Alberto el frutero y Melquiades, que trabajaba en las piscinas, que ganaban dinero y encima tenían coche, con lo que además de pagarnos más de un clarete nos llevaban gratis a las fiestas de los pueblos. Seguimos siendo amigos porque, a pesar de matrimonios, hijos y distancias, los de aquella cuadrilla de los 70 llevamos casi medio siglo sentándonos juntos todos los años a comer las veces que haga falta y nos vamos contando nuestras alegrías, sobre todo, y ¡mecachis en la mar!, nuestras penas.
      
Agustín Pineda, el Fari, de Farias, la pareja de mus como no volverá a haber otra, de Carlos, se nos fue de repente en una noche de Reyes. Como se fue Carlos, un año después. A los dos los echamos de menos. Uno de los que más es Lucas, con el que no hay vez que nos veamos que no me cuente cosas de su hermano y el mío. La última, hace una semana cuando subimos, porque nos conviene a los dos por nuestros achaques, de nuevo desde la Tesorera hasta la calle Eladio Perlado, ésa que da nombre a aquel gobernador que gobernaba Burgos cuando llegó el Polo, Germán, la Quica y sus hijos.
     
El achaque de Lucas se llama Párkinson y lleva años haciéndole frente como le enseñan los que saben del mal. Lucas, como dice el Gaitu con toda la razón del mundo, es uno de esos artistas que aletargaron su genialidad por ocuparse en buscar la necesaria mantenencia, pero siempre hemos sabido que era un manitas de mucha categoría. Nos hacía carros de madera, labraba piedras, adecentaba las fuentes de Santa Cruz y hasta se presentó con una al lado de la cantina, ante la mera insinuación de un día que el alcalde dijo lo bien “que parecería una fuente en la plaza”. Participó en competiciones de campaneros ideando un sistema para tocar las campanas del pueblo desde  su casa y en el juego de la rana fue un atinadísimo lanzador por los pueblos de la provincia. Quería la presidenta de la Asociación del Párkinson una obra curiosa que recordara la lucha que llevan los asociados. Lucas, sin dar voces al pregonero, proyectó un boceto y se lo enseñó a una de las pocas autoridades que reconoce. Por supuesto, la idea fue aceptada de inmediato, porque era proyecto echo con un corazón limpio y sin el mínimo interés particular. Como casi todas las cosas que hace Lucas.
     El 21 de diciembre pasado el alcalde inauguró la escultura de Lucas para que Burgos recuerde a los valientes en la enfermedad en el camino que va de Gamonal a Villímar. Soltero empedernido, como su hermano Agustín, me consta que se emocionó y sigue emocionándose con el cariño de los suyos “...estuvieron todos mis hermanos y mis sobrinos” “...ése día me tocó la lotería”; con el de los amigos “...mira las fotos con Alberto y Gaitu”; con el del pueblo, que acudió devoto como si fueran a una romería.

      Yo también he ido, Lucas, amigo.

Irán

El Librillo verde


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Entre lo del general Flynn en Washington y lo de las feministas suecas en Teherán, no hay que hacer caso omiso de la hipótesis zoroástrica de los dos Grandes Espíritus, uno malo y otro bueno, que vencerá cuando Persia conquiste el mundo.

Acabar con la Guerra Fría es comenzar la Guerra Caliente con el “establishment”, que lleva medio siglo viviendo del momio. Sin enemigo a la vista, ¿cómo sacarle el dinero a nadie para combatirlo? Washington, pues, parece hoy un pantano infestado de caimanes, y ahí vamos a ver a Trump, si se propone drenarlo.
Lo de Obama no fue un gobierno, sino una peluquería de marujas cotorreando para el “Times” de Slim y el “Post” de Bezos, “sostenes de la democracia”, ante cuyas portadas palidece el “Arriba” de 1940, con su “Rusia culpable”. A su lado, el “Librillo verde” de Jomeini sería la escuela de periodismo de Joseph Pulitzer.
Los “midia” que apoyaron a Ted Kennedy, el senador que en 1984 se marcó un Don Julián con… ¡la Urss!... para impedir la reelección de Ronald Reagan, invocan una ley de 1799 para quitarse de en medio a Flynn, acusado de hablar con Rusia, pero señalado como opositor al acuerdo nuclear con Irán, esa herencia del gran Carter, junto con la ruina del crédito (Community Reinvestment Act del 77).
¿Y la “pañolada” de las feministas del gobierno sueco en Teherán?

Los pueblos deben poner su confianza en las lanzas de sus soldados más que en el c… de sus mujeres –dijo la hermana de Bermudo II, camino de Córdoba para esclava del harén de Almanzor, como recoge Sánchez-Albornoz, que yace en Ávila bajo el epitafio “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.
La “pañolización” de las suecas choca como la presencia de Pedro Domecq con dos sultanes de Persia en el entierro del Camborio. Después de todo, Suecia era el país sin dramatismo, en palabras de Foxá, que una noche, pasado de “aquavit”, dijo a un amigo sueco:
Si no poseemos un alma inmortal, Estocolmo tiene razón y Ávila es absurda.

Bocas

Al Académico Más Joven de la Historia no le gusta la boca de Trump

Viernes, 17 de febrero

Valle de Esteban

Y aquella otra. Y aquélla que rezaba el rosario.
Alberto Guillén