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sábado, 27 de agosto de 2016

Socioliberales


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    He tenido que venir al mar (los dos órdenes espaciales en derecho internacional son el de la tierra y el del mar) para conocer en persona (y de madrugada, en la lunática paciencia del chipirón), a un votante de Ciudadanos.

    –Soy socioliberal –me dice, en lo que ensarta una lombriz en el anzuelo.

    Para mí, un “ciudadano” era uno de esos señores que van en vaqueros bertholdbrechtianos a firmar en Madrid con los peperos un gobierno de Tratado de Tordesillas (el testamento de Adán, llamaron los antiguos a aquella repartija), pecho hinchado (pecho de palomo), como marquesas de Serafín, y cara de “¡Ya era hora!”, que fue lo que dijo Suárez, su modelo político (no hay que leer mucho), cuando el Rey le comunicó que era el elegido. De hecho, como espectador de la vida del país, me corre prisa el pacto entre la derecha paciente de Rajoy y la derecha impaciente de Rivera sólo por ver de una vez la cara de ministro de Villegas, nuevo hombre fuerte de España, mezcla de padre Olmedo, el mercedario de Hernán Cortés, y cura gallego con curato, que sería cartera.

    Si el socialdemócrata viene a ser aquél que ni es socialista ni es demócrata, el socioliberal sería ya ése que, no siendo ni socialista ni liberal, entre los reaccionarios pasa por progresista y entre los progresistas por reaccionario, pero todos, reaccionarios y progresistas, socialistas y liberales, aparecen sentados a la mesa del estatismo del bienestar que sostienen los atlantes de las clases medias.

    Aquí no legisla la Nación, sino el Estado (a lo mejor en eso consiste el “socioleberalismo” de nuestros amigos), aunque todavía no hemos llegado a la liberalidad de la democracia colombiana, donde, haciendo una corbata (colombiana) al barón de Montesquieu, las Farc se aseguran un mínimo de diez escaños al margen de los votos obtenidos, un sistema “socioliberal” ya bendecido por Obama, el Carter negro de Machín que preside la “república de las leyes” de Hamilton, Madison y Jay.

Deja los "jabalís" y ponte a los pokemon

Luces, Asturias

Llampares de Xagó, Gozón

Bar Quevedo

Sábado, 27 de agosto


-Ante la vaguedad del lenguaje socialista no es menos fácil dejarse engañar que ante la del lenguaje liberal. Me referiré a la media docena de acepciones del vocablo "socialismo", todas incompatibles entre sí, que empleamos corrientemente, como si fueran intercambiables, lo que acaba por hacerlas ininteligibles.
Jean-François Revel

viernes, 26 de agosto de 2016

Patriotismo




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando Gustavo Bueno decía que Europa (la Unión Europea, para entendernos) es un trampantojo apuntaba a bobadas como las de frau Merkel, que hace planes para recuperar el servicio militar obligatorio y el almacenaje de alimentos.

    Del almacenaje de alimentos surge el Estado, y no hay nada que le guste más a un alemán (¡y a un español!). Y del servicio militar obligatorio (cosa que en España, a petición de Arzallus, abolió Aznar, que no había hecho la mili) surge el miedo del cántabro Revilla a una invasión alemana.

    Igual que Churchill era el primero de los ingleses y se vio solo, con un bote de cerveza en la mano, contra la Luftwaffe en Londres, Revilla es el primero de los cántabros (el segundo, haciendo la goma, es Felisuco) y se ve solo, con una latilla de anchoas en la mano, contra la Wehrmacht en Castro Urdiales.

    –Es obligación del Estado prever –explica el ministro alemán del ramo (y nos reímos de Snchz, que se propone acabar con la corrupción… “preveyéndola”).

    ¿Qué puede uno decir que ustedes no sepan? La excepción alemana nos tiene a todos los europeos viviendo en un sanatorio mental.

    Uno vio al Estado español vestir a las suecas que hacían topless en Ibiza. Y ahora veo al Estado francés desvestir a las Sherazades que hacen “burkini” en Niza.

    No entraremos en la doctrina de los “espacios abiertos”, que algún disgusto costó a Carl Schmitt con los americanos, pero ¿para qué quiere Alemania la mili?

    Como no lo puede tener de la Nación, Alemania tiene un “patriotismo de Estado”: esa manía suya por el partido único (que ahora se dice “gran coalición”). Sternberger lo llamó “patriotismo constitucional”, rizando el rizo en un país constituido bajo un ejército de ocupación; Habermas, ese buhonero, lo puso a la venta y Peces Barba lo compró para Zetapé.
    
Si, según las encuestas, sólo dieciséis de cada cien españoles iría a la guerra para defender el territorio, ¿cuántos irían para defender un trampantojo constitucional?

Negociaciones políticas, III


Madrid, Agosto 2016

Cambrai, Agosto 1529
La Paz de las Damas
(Luisa de Saboya, en nombre de su hijo Francisco I de Francia, y Margarita de Austria,
 Gobernadora de los Países Bajos, en nombre de su sobrino el emperador Carlos V)

Lo festivalero (Sobre la propensión a lo incorrecto)

Ya vendrás a Madriz...

Hughes
Abc

El otro día leí un artículo interesante de Juan Claudio de Ramón. Lo leí en internet, es decir, lo leí mal, en diagonal, caminando, nervioso y puede que incluso saltándome un semáforo, pero si no entendí del todo mal le daba la razón a “los progres” al denunciar el síndrome opuesto: ser sistemáticamente incorrecto políticamente.

Ya quisiera yo ser un representante de la incorrección, pero sí que observo en mí cierta propensión. Qué pesada la gente que tiene que decir siempre las verdades del barquero, venía a decir el autor. Esas “verdades del barquero” tan del Butano, tan distintas de la verdad como la conocíamos (¡Qué fantástico heraldo era ese barquero, que traía las verdades como merluzas frescas!).
Tenía razón en el fondo, claro. Sobre todo por el riesgo que entraña: el atajo cognitivo, la simplificación. Eso le concedía yo al articulo.

Ayer lo recordé a la hora de cenar. Estaba con unos amigos muy queridos por mí y salió el tema del Brexit. Después, por si no fuera bastante, el de Trump. Las opiniones de mis amigos eran juiciosas, inteligentes, razonadas, bien intencionadas (sobre todo bien intencionadas), pero yo… yo me retorcía las manos por debajo de la mesa, nervioso, y cuando las sacaba a la superficie era para hacer montículos de migitas (vicio horrible), que para mí eran penínsulas, islotes de callada contrariedad.

Sí, en mi pecho ardían tantas cosas por decir, mi lengua ardía como en un cunnilingus extraconyugal… Tantas que no sabía por dónde empezar. Me di cuenta de que he pasado muchas horas este verano investigando las sombras de la campaña de Hillary, de que como un placer culpable en las altísimas horas de la madrugada investigaba, por recovecos cibernéticos, las teorías más ambiciosas sobre su incapacidad. “¿Y como digo yo esto?”. No pude reaccionar, además me daba un poco de reparo. ¿Qué van a pensar de mí? Y las mesas de al lado, ¿me oirán? Así que resolví la cuestión con un gesto de moderado asentimiento y un “sí, pero”… o un “ya, bueno…”. Partículas verbales de objeción torpe, balbuceos mínimos que estaban muy lejos de los gloriosos “yes, but maybe” de Louis CK en su monólogo de la incorrección política.

¿Por qué soy así, me pregunté de vuelta. Incluso: ¿por qué soy asín?

¿Es esta propensión a la incorrección como una sed nunca sofocada de contestación a lo establecido? ¿Es un complejo? La necesidad de ponerse siempre a contracorriente como el tonto que hay en todo vomitorio.

Recordé una sensación que había compartido precisamente con esos amigos. Hace años, muchos años, acudí con ellos a los primeros festivales. Las primeras ediciones del FIB, por ejemplo (dignas de recuerdo porque pasaban cosas como que los fans de la electrónica fueran silenciados violentamente por los guitarreros, que ya amenazaban con ser los nuevos cantautores). Allí acudíamos adolescentes u hombrecitos imberbes (pocas barbas había entonces, y sí patillas auténticamente jerezanas) a disfrutar de nuestra rara afición. Podríamos cantar por fin las canciones, los sonidos que resultaban casi subversivos en nuestra vida habitual. Quedábamos en diminutos bares a pincharlas, con una sensación que mezclaba el disfrute con cierto desprecio a los demás: el mainstream, Los Rodríguez, ¡el pop español!

El día del primer festival, sin embargo, yo sufrí una sensación inolvidable. Vi cómo los grupúsculos indies se encaminaban al velódromo formando una masa inconfundible. Algo me desagradaba. Algo que luego, pese a las copas, tomaría cuerpo: ¡eso era un comportamiento ovejuno! Había algo contradictorio en esa reunión de excelentes-hacinados. Esto me hacía sentir mal íntimamente de un modo que también me avergonzaba. Se espoleaba en mí una raíz que buscaba otra cosa, como quien en la penumbra busca otras formas de amor -otros gestos, maneras- menos convencionales.
¿No habría allí una puerta para una nueva manera de apartarse, apartarse en un sentido estricto y purísimo?

-Pero disfruta, chico, ¡disfruta!

Esa repulsión instintiva hacia lo festivalero (que es lo imperante ahora) no está muy lejos de mi rechazo inmediato hacia todas las formas de unanimidad feliz, pseudorrevolucionaria y ultracapitalista, sin embargo, cuantitativa, imbécil, lela, facilona, con un poquito del 68 y mucho de los 80, pero sin nada extremo de los dos, contradictoria y satisfechísima.

Esto es sólo la exteriorización clara de un “complejo”, de una incapacidad personal, pero, en tema tan largo y tan complejo y amplio (no me he puesto con la mano en la sien de pensieroso), hay otra razón que siempre me ha parecido definitiva: ¿dónde está la pasta? ¿Quién se lleva aquí la pasta y cómo?

Y no falla, no suele fallar.

Arroces de La Reguerina

La Reguerina

 Arroz con pulpo

Arroz con bugre

Viernes, 26 de agosto


-Soy un aventurero intelectual.
Carl Schmitt

jueves, 25 de agosto de 2016

BBC


Vanessa Redgrave, "testigo" (¿por edad?) de "la amistad"
 entre Fidel Castro y JoséMartí



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los ingleses, por fortuna para ellos, no tienen Estado: tienen gobierno. Pero como recuerdo del Estado, como quien tiene un bargueño toledano, tienen la BBC, de moda en España por ser la forma de nombrar a la delantera del Real Madrid.

    –Cuántas medallas más tendría Cuba en Rio2016 si se sumaran las de los desertores –tuiteó la BBC el otro día, con una foto de Orlando Ortega.
    
Ahí es nada, llamar “desertores” a los cubanos que huyen del “Prison Break” de los jodidos Castro. Desde luego, Millán Astray, en su Radio Nacional de España en Salamanca, en plena guerra, era más “suaviter” (un día habrá que hablar de la derecha “suaviter” que invade España). Pero, “ladies and gentlemen”, es la BBC haciendo “información de combate”, igual que la prensa demócrata de América, cuya industria mediática, sin embargo, siendo ideológicamente la más corrupta de la historia, vive de capitales privados.

    La leyenda urbana de calidad e imparcialidad de la BBC comenzó a esfumarse, al decir de Jean-François Revel, después del 68, cuando el marxismo de pacotilla (en grageas, o “desiderias”, de Marta Harnecker) se convirtió en la alfalfa de Cambridge y Oxford, “es decir, de los jóvenes reclutas de la BBC”.

    Ya en los 80, y sobre la guerra en Nicaragua, Revel decía no haber oído nunca a la BBC llamar a los contras nicaragüenses de otro modo que “los rebeldes contras apoyados por la CIA” (“the CIA backed contra rebels”).

    –Pero la BBC no llama nunca al gobierno sandinista “los dictadores de Managua sostenidos por la Unión Soviética”, fórmula que, sin embargo, no sería más que el reflejo puro y simple de la realidad.
    
¿Qué no van a decir de Cuba? No hay hijo de p… suelto que no se crea en el derecho de ver satisfechas sus expectativas ideológicas en el lomo de los cubanos. Y ahí está la BBC de Vanessa Redgrave, dama de acrisoladas virtudes que, por ponderar la vena “suaviter” de la “castroenteritis”, habla de la gran amistad entre Fidel Castro y… José Martí.

Helénides de Salamina




Hughes
Abc

Imaginar en la entrada de ayer la Transición como la transposición española del mejor cesarismo romano, el moderado por la forma de la adopción, me llevó a imaginar, por un momento, un instante de franquismo neorromano. Y la breve ensoñación -así como de peplum alucinado de media mañana- me hizo recordar algo, o mejor dicho, alguien de quien me había hablado Gustavo Bueno en la entrevista del verano pasado.

Al repasar sus años de formación, salió a relucir un personaje que era para él, de joven, como una leyenda. Su profesor de griego les contaba historias de un tal Helénides de Salamina, un profesor que iba vestido de griego, que escribía en hexámetros y recibía en triclinio. Su interés por la figura era tal que un día pasó por Extremadura, donde vivió el personaje, constatando que tenía una fama cierta de maestro muy bueno y entrañable.

No pude incluirlo en la entrevista por falta de espacio, pero me interesé por su figura. Efectivamente, hay numerosos testimonios de recuerdo en internet, incluso un certamen literario con su nombre. Pero es un personaje fabuloso, y un caso extremo de conflicto (¿por qué conflicto?) o más bien coincidencia, gozosa coincidencia, de realidad e idealidad. Un grecorromano viviendo como tal en plena España del siglo XX.

Nació a finales de siglo XIX en un pueblo de Salamanca. Quedó huérfano pronto y su hermana, metida a monja, murió de frío en Teruel. Ángel Rodríguez Campos se educó con los curas, iba para tal, y con ellos recibió educación clásica (lo católico, no es casualidad, como vía de entrada a Grecia). Escribía versos desde muy niño y cuentan que se carteaba en griego nada menos que con Unamuno. Después estudió para maestro nacional y al terminar fue destinado a Cáceres, al pueblo de Casar (conocido para el que tenga afición al queso).

Llegó allí en 1913 y en ese pueblo de la España rural que no era Miconos precisamente (qué hubiera dado Don Helénides por un mediterráneo) decidió vivir como un heleno. Lo primero fue la túnica (“Oh noble vestimenta, la primera que concibió el heleno en donosura”), los coturnos, y una melena larga (de griego arcaico, para colmo) que recogía, según los testimonios, con una redecilla. Decoró su casa con muebles por él diseñados según modelos clásicos, y vivió allí cual griego puro mientras desarrollaba su gran obra: “El Panhelenio”, un largo poema modernista de miles de versos en el que contaba la fundación heroica de Salamanca. Una especie de Hispaniada. Una mezcla de delirio griego y mito castellano.

Gustavo Bueno contó que lo de vestir de individuo grecorromano tuvo origen en una Semana Santa. Que se disfrazó así, de romano, y ya quedó con el disfraz. Su vida en Casar de Cáceres, digna de película, no fue lo problemática que pudiera imaginarse. Al parecer fue respetado, admirado y considerado una figura ejemplar. Su afición a la educación era de tipo vocacional y recibía en casa a los alumnos, les enseñaba a cultivar el jardín y los llevaba de excursión ataviados, según se cuenta, de uniformes de color caqui. La excentricidad y libertad absoluta de Don Helénides fueron entendidas como un rasgo de genialidad, con esa tolerancia que sólo consigue lo tronado.

Hay un testimonio de su visita a Madrid para una conferencia. César González Ruano, presente, reconocía que sobre lo esperado (el protagonista de una payasada) había comparecido un hombre sabio y genialoide que consiguió sobreponerse y remontar el ambiente propenso a la rechifla. En algún sitio se puede leer que no murió solo, sino cuidado por un alumno al que había prohijado (de nuevo, la adopción). Se le reconoce en su región como un maestro intachable, recto y, claro está, sumamente original.

(Las fotos son de Helénides de Salamina y están cogidas de internet -con esa libertad de buffet libre que aún extraña un poco-. Desconozco el nombre del autor).

Lubina de Caravia

Hotel Caravia

Jueves, 25 de agosto


-Los dos más autorizados historiadores de la Revolución francesa, Alphonse Aulard y, sobre todo, Albert Mathiez, absuelven a los bolcheviques por sus ejecuciones en masa utilizando los mismos argumentos que les sirven para excusar, e incluso exaltar, el Terror de 1793 y 1794.
Jean-François Revel

miércoles, 24 de agosto de 2016

El monasterio de Alveinte


 Nave

 Francisco Javier Gómez Izquierdo

 A Monasterio, la aldea donde se está haciendo un pantano para que no se inunde la ribera del Arlanza por Salas de los Infantes, Lerma y demás pequeños pueblos, le da nombre un edificio totalmente derruido escondido entre los espesos robledales de estos montes  que son entre los que me crié. Mi difunto padre, pescador y cazador como todos los hombres de la Demanda, conocía todas las  sendas, todas las cuevas y todos los riscos desde los que explorar la Sierra. Señalaba la estepa propicia para colocar el lazo y la sombra del roble en la que almorzar sin dar el tufo. Recuerdo que hace muchos años, más de cuarenta, y después de no sé cuántas horas andando, dejó la talega de los cangrejos junto al río y me hizo subir hasta un lugar fantasmagórico sólo visitado por esta raza montuna que se criaba en la tierra. Por primera vez vi el monasterio de Alveinte, una palabra que yo tenía de tanto oírla como el nombre de un término como los Allegares o Valdemama y no como el de un edificio histórico e inquietante.

    ¿Qué hiciste fraile que Alveinte viniste?  Allí entre valles y vallejos laberínticos, por inhóspitos caminos en los que reinaba el lobo y alejado por la orografía de toda población, el monasterio de Alveinte recibía a los hermanos menos piadosos de entre los franciscanos para que en soledad y alejados de toda tentación purgaran culpas y penas. No creo que Alveinte fuera prisión, pero no exageramos si lo tomamos como reformatorio.

      Poco se sabe de sus cinco siglos de vida, porque no hay monasterio ni siquiera cartuja en la que haya imperado la regla de silencio como en Alveinte. Mendizábal, el de la desamortización, yo creo que sin querer, liberó a aquellas criaturas pecadoras de sus trabajos y consiguió que el monasterio se abandonara. Al parecer, por un tiempo sirvió de cuartel general al cura Merino en sus luchas carlistas hasta el abandono definitivo. Desde mediados del XIX, piedra para tenadas, refugio de pastores, redil de ovejas... y luego nada. Ruina, meta de paseantes.

      No creo que haya ya nadie capaz de ir desde mi pueblo por el cerradísimo monte hasta el monasterio. Cada dos o tres años suelo acercarme hasta Monasterio pueblo y recorro los cinco kilómetros de ida y los otros cinco de vuelta con la satisfacción de hacerlo por la sombra y por un camino que ha quedado casi exclusivamente para los de la zona. Además este año me dicen que ha vuelto el lobo, un quitaganas insólito.

    En Alveinte y desde mediados de los 90, Emiliano, un franciscano nativo de Monasterio de la Sierra, se empeñó en celebrar el 1º o 2º sábado de agosto -creo que es así- la romería de la Virgen de los Lirios, imagen del siglo XV, originaria del monasterio y que está en la iglesia del pueblo. Ahora creo que, tampoco estoy seguro, dice la misa el Hermano Anastasio. No ha coincidido estar por allí ningún año, pero hago propósito de asistir algún agosto siempre y cuando se mantenga la reciente tradición.

Altar

 Trasera

Camino

Negociaciones políticas, II

Madrid

 Postdam

El mandato




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la grande polvareda de la investidura, los tertulianos quieren pastorear a Snchz hasta un salsipuedes, como los “border collie” a las ocas. Si se abstiene, Pablemos se le merendará la cena, y si no se abstiene, le dirán que no es “hombre de Estado”, es decir, un paria a la mesa del Estado de Partidos donde se realiza lo que nuestros hijos iberoamericanos llaman la “repartija”.
    
Mas, como dijo de Guzmán el Bueno el guardia civil que jugaba al tresillo con Camba en Villanueva de Arosa, ¿qué va a hacer Snchz, si el reglamento no deja que haga otra cosa?
    
Cuando los tertulianos exigen de Snchz la abstención de ochenta y tantos diputados ignoran que Snchz está entre la espada (que es el látigo de siete colas) de Pablemos y la pared de la Constitución, cuyo artículo 67 establece que los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo. ¿Otra rueda de hámster más, como el 155 y tal y tal y tal?

    –La soberanía reside en el pueblo –aclara el demócrata de bar, con la Constitución entre el “As” y el “Marca”, y que no sabe que eso acabó de liarlo Rousseau con que, si la soberanía pertenece al pueblo, donde está el pueblo no puede haber representantes.

    El mandato imperativo, o poder que el poderdante da al apoderado, se lo cargó, con la amenaza de no pagar impuestos, el abate Sieyes porque le venía bien para sus maquinaciones constitucionalistas en la Revolución francesa, al cabo de la cual, por cierto, cuando le preguntaron qué había estado haciendo, pudo contestar: “He vivido”.

    Hay que decir que, al estallar la Revolución (movimiento esencialmente anticristiano), el clero católico de Francia era el más avanzado de su tiempo (“comencé el estudio lleno de prejuicios contra él, lo he terminado lleno de respeto”, anota Tocqueville), y, desde luego, más ilustrado que ese clero laico de la España actual (profesores, politólogos, tertulianos) que exige de Snchz el restablecimiento anticonstitucional del mandato imperativo.

Un partido antonino


 Nerva, el Suaviter,
 primero de los cinco emperadores buenos


Hughes
Abc

Está de actualidad la cuestión de las primarias (las elecciones, no las otras). Es habitual, incluso en este minúsculo blog, el comentario del modo de sucesión que existe en el PP, puramente digital, digital de dedo. Es algo así como una potestad más, la última, del líder.

Hace unos días, Ignacio Ruiz-Quintano citaba en una de sus columnas a Carl Schmitt, quien consideraba como una de las características jurídicas más asombrosas del régimen nazi precisamente la sucesión:

Siendo la cabeza infalible de la Iglesia católica, el Papa no nombra a su sucesor. En cambio, Hitler designó a su sucesor como si fuera la cosa más natural del mundo.

Salvando las distancias (salvando todas las distancias, incluso más allá de todas), también el PP funciona así. Es el modo habitual de designación del líder. El modo tradicional de reproducirse, de continuar. De ser, vamos.

Pero el régimen que señalaba Carl Schmitt no es, por fortuna, el único comparable. Hay otro ejemplo en la historia, y de mucho mejor recuerdo. Hay que irse a Roma, al siglo II. Los conocidos como “Cinco emperadores buenos”: Nerva (Nerva el Moderado), Trajano, Adriano, Antonio Pío y Marco Aurelio, todos ellos con una sucesión no hereditaria, sino por elección del gobernante. El Imperio pasaba de uno a otro según el criterio del Emperador, que elegía al mejor para el cargo. Esto fue así hasta Marco Aurelio, sucedido por su hijo Cómodo.

No se crea, sin embargo, que la elección era completamente libre; se elegía entre parientes, dentro de la familia, y se adoptaba al sucesor. Todo tenia una explicación: estos emperadores no tuvieron descendencia masculina directa.

El periodo de los cinco emperadores duró unos 96 años y se conoce como la Dinastía Antonina. Se recuerda como época de bonanza, otro siglo de oro romano. De alguna forma, el modo de sucesión alterado refinó el funcionamiento de la institución. Cuando se rompió el modo de designación por nombramiento del gobernante y Cómodo, hijo de Marco Aurelio, sucedió a su padre, la crisis regresó a Roma.

Este “modo antonino” es al que de alguna forma responde el PP. Así desde Fraga, con Aznar (y Hernández Mancha) y con Rajoy. Funciona como una costumbre por todos aceptada, respetada.

De hecho, este sistema de designación (algo así como un delfinato) quien lo instaura en el siglo XX español fue Franco, pues ¿qué, si no, hizo con Juan Carlos I? Fue más claro todavía porque con él hubo una forma previa de adopción.

Creo que fue Pemán, y hablo de memoria, el que dijo que para la sucesión de la Jefatura del Estado se había echado mano de una institución civil del derecho romano: la “adoptio”. Es decir, adoptar a alguien que está bajo patria potestad de otro. Eso hizo Franco con D. Juan Carlos. Algo romano, del cesarismo romano, en el siglo XX español. La originalidad es extraordinaria.

De modo que, en cierto modo, la derecha española vive en algo parecido a un periodo antonino, antonino-galaico, para ser más precisos. Esta forma sucesoria no es republicana, desde luego, pero tampoco del todo monárquica. Es un refinamiento, pues introduce la elección (la selección) dentro de un conjunto de posibilidades ya sí pseudomonárquicas, esto es, cercanas, familiares, parentales o cuasigenéticas.

(El improbable lector que haya llegado hasta aquí puede sufrir en los próximos días, semanas quizás, un “deja vu”, esa no del todo agradable sensación de que algo ya se ha vivido. Yo se lo explico: leerá partes del contenido de este humilde texto reproducidas, sin mención alguna, en columnas de papel. Queda avisado el lector, el heroico y amado lector.)

La resaca de San Roque

 Lastres, Asturias
Si el New York Times es ese periódico católico patrocinado por judíos
 para chasquear a los protestantes, San Roque sería esa fiesta católica patrocinada por los ayuntamientos para enriquecer a los chinos (proveedores del botellón)

El pulpo (con patatines) de La Reguerina

 La Reguerina

 Pulpo con patatines

 Cabrito

Jabalí

Miércoles, 24 de agosto


-El coraje moral se desarrolla gracias a la experiencia y la educación.
Joseph Pulitzer

martes, 23 de agosto de 2016

Negociaciones políticas

Madrid
(Donde Churchill, Garicano)
 Yalta
(Donde Garicano, Churchill)

Eulalio

Eulalio López El Zotoluco

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un amigo mío muy taurino fue a México, y allí tuvo a su disposición un chófer aún más taurino que él, pues llevaba al día hasta la feria del último pueblo de España.

    En conversación de retrovisor, el chófer preguntó a mi amigo qué toreros mexicanos llamaban su atención. Eran los tiempos de la estocada en San Isidro de Eulalio Zotoluco, y mi amigo, que una mañana, además, al ir a trabajar, se había cruzado con el matador, que salía con su cuadrilla de un “after” madrileño de “cocottes” dálmatas, contestó que El Zotoluco.

    –¡Ándele! –estalló el mexicano–. Y con todos los toreros buenos que tenemos acá, ¿cómo es que fueron ustedes a fijarse en el pobre Eulalio?

    Es lo primero que pensé al ver a los bulderos de Ciudadanos, arribistas de la política y folcloristas de la democracia, exigir al partido del vecino, en este caso el marianista, elecciones primarias, que fuera del sistema americano nada significan.

    Con todas las cosas buenas que tiene la democracia representativa, ¿cómo es que va esta gente a fijarse en las primarias?

    Para salvar su República, De Gaulle copió de América el principio de representación y (casi, casi) la separación de poderes. Para salvar el Estado de Partidos, Rivera copia… ¡las primarias! Rivera, que triunfa en un país donde la democracia americana se despacha comparando a Donald Trump con Jesús Gil, no sabe que el sostén de las partidocracias es el consenso. El consenso lo rompió (él sabrá por qué) Zapatero, y Rajoy, ay, no lo ha reparado. El sistema, pues, está moribundo, aunque la propaganda de partido trata de reanimarlo con trampas retóricas (ni siquiera saduceas).

    –Que una encuesta dice que la oposición debe abstenerse a favor del gobierno.
    
En la democracia las encuestas son las urnas, pero, en la partidocracia, de las urnas no salen representantes de los electores, sino cuotas de poder de los partidos. En sus manos nos pusimos y en sus manos estamos. Marchando otra de primarias, nuestro pobre Eulalio.

Fabada de Casa Maruja

La Marea, Asturias

Poste totémico

Parada fija

Vuelve la Liga


Alardes de buitres

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Vuelve la  Liga y parece que se presentara sin avisar. Nos pilla somnolientos y entretenidos con las noticias que nos vienen de los Juegos Olímpicos, acontecimiento éste en el que tenemos domesticada la atención por la tele y las radios en un ejercicio cuatrienal en el que hasta los más escépticos se ponen místicos.

   Para mí, dicho sea con el debido respeto, los Juegos son el citius, altius, fortius que aprendimos en el bachiller antiguo. Me alegran todas las medallas de oro de nuestros deportistas, pero comprenderán que tenga más inclinación por Ruth Beitia que por la invencible onubense que juega al badmington y que esté más pendiente de las carreras de los jamaicanos que del hockey de los holandeses. A mí, Ruth Beitia siempre me ha  recordado en la traza a Pepe de la Hera, un chico que en mi Instituto saltaba una barbaridad. Pepe tenía físico y condiciones para haber sido olímpico, pero el profe Meléndez no estaba para muchas complicaciones. Cuando veo a la saltadora cántabra veo a Pepe de la Hera y en la madrugada del sábado, la melena, la cara, el bateo, los brazos y el salto de Ruth me resultaron familiares y amigos y celebré la medalla como si la llevara esperando cuarenta años.
   
No sólo los intempestivos horarios nos van a apartar del olimpismo, sino también esos deportes extraños que los del COI intentan meter con calzador en una cita a la que le sobran disciplinas y  falta rigor competitivo. ¿Qué hace el golf en Olimpia? ¿Y el rugby ó el fútbol, sin necesidad de meterse en más honduras? Los futbolistas son profesionales -empleados, que diría Lucas Alcaraz- que se deben al club que les paga. Las fechas de los Juegos son contraproducentes para la correcta preparación de las plantillas y el torneo balompédico olímpico es al fútbol lo que el entremés al teatro. Una caza tan menor que parece más doméstica que otra cosa. Compárese la medalla de Kiko, Guardiola y Solozábal en Barcelona con la de Neymar, Marquinhos y Rafinha en Río y les parecerá la misma obligación a no hacer el ridículo. Neymar como Berges o Juanma López tiene una medalla que nadie recordará cuando se hable de Phelps, Usaín Bolt o Simone Biles.
     
Mientras Río languidece, el Barça y el Madrid golean como acostumbran a rivales cada año más débiles en esa continua rivalidad por demostrar una excelencia de la que nadie duda. El negocio seguirá  manteniéndose con la relajación de las estrellas, el laberinto de los entrenadores, el penalty ante el Spórting y lo apretado del calendario. De ello se encargan ejércitos de analistas y multitud de sabios que darán con la cuadratura de la pelota.

    De momento, en Segunda, el Córdoba, mi equipo, ganó un partido feo y soso, pero eso sí, muy sudado. Sudó el graderío a cuarenta grados. Sudaron nuestros jugadores y sudaron también los del Tenerife. Sudaron tanto que, dicen, adelgazaron arrobas. Sudaron en un campo de césped leproso que nada tiene que ver con San Lorenzo. El Arcángel es un terreno a calvas por la desidia del amo que tiene el capricho y las santas narices de no pagar los servicios de la empresa encargada del mantenimiento. Dice la acreedora que lleva sin cobrar desde abril.. y ¡el amo del Córdoba repartiendo dividendos!