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martes, 16 de enero de 2018

Tendencias

Brunequilda


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La collera alemana Merkel-Schulz (“Exclusión de mayorías cambiantes: los miembros de la coalición votarán lo mismo en el Bundestag y en sus comisiones incluso en los asuntos que no hayan sido acordados”) confirma la tendencia europea hacia el Partido Único: “La Falange –decía Arrese en el Burgos del 43– no es una organización coactivamente solitaria, sino necesariamente única”. Pues eso.

Técnicamente, lo de Merkel-Schulz va más allá del “Estado de partidos en coalición lábil” de Schmitt: es la apoteosis de ese Estado de partidos cuyo ideólogo, Leibholz, bendijo porque, al acabar con cualquier atisbo de representación, supera a Rousseau, y supone la “integración de las masas en el Estado”, que es el eterno consenso europeo.

El consenso fue el tabarrón con que los telediarios nos arruinaron la infancia. Se lo oí por vez primera a Arias, jefe de Cebrián, en TV: “El consenso en torno a Franco se expresa en forma de adhesión y el consenso en torno al Régimen en el futuro habrá de expresarse en forma de participación”. La participación, según el leonino discurso de Girón en la cuna de María Soraya, pasaba por “las tendencias” (su manera de nombrar los partidos), que surgían del Movimiento, “que exige la máxima lealtad al Estado”.
Prudencia y tendencia –es el nuevo lema de Rivera, un león (menuda melena) del tabarrón del consenso con que los telediarios nos arruinan la madurez.

Tiendo a ver en frau Merkel a la Brunequilda que invocaba Gecé en casa de Goebbels con vistas a casar a Hitler con la hermana de José Antonio. Después de todo, Gecé había enseñado a Goebbels, que era renco, a torear de capote como Morante.

Sería posible… si Hitler no tuviera un balazo en un genital –dijo la esposa de Goebbels,  Magda.
Gecé fantaseó con Magda como Petion con Madame Isabel de vuelta a París en la carroza de Varennes: “Si por encantamiento todo el mundo hubiera desaparecido, Madame Isabel se habría dejado ir en mis brazos y abandonado al movimiento de la naturaleza”.

Martes, 16 de Enero


De las cosas en que se ha de fundar el principiante para saber cazar y tirar al vuelo, y corriendo.
D.J.M.G.N.

lunes, 15 de enero de 2018

En Cádiz también perdemos. Pero menos


 Santuario cadista

 Mi chico en el Ramón de Carranza

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      A pesar de la amenaza de los carnavaleros gaditanos, que lo son todos los del lugar, de romper hostilidades contra los burgaleses por el poco respeto, dicen, hacia su fiesta mayor, cualquier día es bueno para ir a Cádiz. Cualquier día y cualquier disculpa. Por ejemplo, continuar con la penitencia masoquista con la que nos lleva castigando nuestro equipo.
     
Ayer jugó el Córdoba en el Ramón de Carranza, el santuario futbolístico al que una docena de amargados sin conocimiento pretende rebautizar, como si fuera propio de gente de seso cambiar el nombre del Mar Mediterráneo o el del cabo de Ajo en Santander. El trofeo Carranza llegó a ser tan grande como la Copa de Europa y al Carranza venían los más grandes equipos de Europa y América. Equipos que en sus salas de trofeos enseñan orgullosos la Copa más pretendida del verano en todo el mundo del fútbol, pero no divaguemos...
     
El Córdoba volvió a temer y a dudar, y como no podía ser de otro modo, volvió a perder. Asumimos la derrota, por repetida, como normal consecuencia del año errático del equipo, pero personalmente me entristece la desazón e impotencia de cinco cientos de devotos llorosos (alguno ayer en la grada como Magdalenas) que ven desangrarse impotentes a un ídolo maltratado por la tiránica condición de sus amos.

     Cree el cordobesista ingenuo que el Córdoba es del cordobesismo, siendo evidente que no es así. El Córdoba es de un perillán que lo quiere vender a otro perillán del que no se fía mientras el Club agoniza con tan grande escándalo que hasta los rivales se compadecen y se cortan en darnos el pésame a pesar de ver a la criatura en estado terminal. Los perillanes, mientras tanto, van descubriendo sus trampas y maldades propias y ajenas.

      El Cádiz, en la línea que un servidor viene señalando. Se deja dominar y espera la carrera de víbora mortal de sus dos extremos, Salvi y Alvarito. Dos jóvenes que entienden perfectamente las pretensiones del entrenador Álvaro Cervera y las cumplen a rajatabla y sobre todo con talento. Empezaron de amarillo en 2ªB y ahí están con 25 años a punto de jugar en Primera. Lo harán los dos el año que viene. Es posible que incluso en febrero próximo. Dicen que espías de Nápoles vinieron a comprobar el estado de forma de Álvaro García, un utrerano de la cuadra de Quique Pina, otro que tal. Nos coló los dos goles (2-0) a su modo. Sprint de 30 metros con la solvencia de un velocista negro que apostara con un carrerista blanco. Si un servidor fuera entrenador procuraría no jugar con la defensa adelantada contra el Cádiz. Sobre todo contra el Cádiz, equipo pensado para el contraataque y que creo lo pondrán en dificultades esta segunda vuelta los entrenadores de equipos que copien su táctica. Por mí, ojalá asciendan los cadistas. Es hasta posible que con el descenso del Córdoba, me anime a comprar un abono en el Carranza, pero veo al equipo con bastantes carencias. Seguro que subsanables, pero la defensa, hummm...
      
A la hora del partido apareció  mi chico en el estadio. Aprovechó que iba al Falla a ver a la comparsa de Subiela, para reprochar a Caballero los modos y maneras de un centrocampista que hace cinco años pudo ser, pero que ni es ni nunca lo será. El que es, es Subiela. Lo mejor, al parecer, hasta ahora de las preliminares del Carnaval. Acabo de llegar a Córdoba y mi chico me dice que ayer a media noche el teatro lloró de emoción ante media hora sublime. “Casi imposible de superar. Lo tienen crudo Martínez Ares y Juan Carlos”. 
      
¡Ah, lo mío y lo de mis amigos estuvo alrededor del atún! El Muri, incorregible en sus desmesuras, pedía en el Paquetetorres de Barbate ¡qué tostás, madre mía! tarantelito de almadraba.

Cruyff y el Madrid

 Ramón

Hughes
Abc

A la muerte de Cruyff, el Madrid sacó un comunicado que firmó directamente el presidente. Me resultó curioso; también el contenido. “Extraordinario jugador”. Sí, ¿pero y el entrenador? Porque Cruyff fue un jugador extraordinario, de los dos o tres mejores de su década, y uno de los diez mejores de todos los tiempos. Sin discusión. Pero es que fue, además, la condición superlativa de eso que, graciosamente, se llama “hombre de fútbol”. Como Di Stéfano, cuando hablaba de fútbol rozaba extremos de absoluta genialidad. Una elocuencia cómica, que Sámano recordó el otro día, resumida, en el “gallina de piel” (genio, también, en el lapsus, del derecho y del revés). Pero volvamos a la nota del Madrid. ¿Y el entrenador?

Se ha dicho, lo repite Quintano, que Bernabéu rechazó a Cruyff por la cara, por una impresión. Intuición presidencial. No le gustaba su jeta. Fue un error mayúsculo. Pero no sólo, eso dejaba dos lecciones. La primera era el presidencialismo del Madrid, absoluto. La segunda marcaba una diferencia no pequeña entre el Barcelona y el Madrid. El Barça fue, desde la apertura del mercado futbolístico tras la autarquía ibérica, un coleccionista de joyas del extranjero, un olfato fino, un club más abierto. Su poder económico no era menor (desmintiendo tanto mito del maltrato franquista: y si no, miren la historia patrimonial y lo de los estadios), pero además fichó desde entonces con mayor criterio de novedad, con los ojos más abiertos a lo que pasaba fuera. Eso pasó así hasta la llegada al Madrid de Florentino, que lo equilibró. El Barcelona fichó los mejores del extranjero: Schuster, Maradona, pero luego Laudrup, y la ristra interminable de genios brasileños. El Madrid miraba el mercado interior. El que triunfaba dentro. El Hugo, el Zamorano… Es algo conocido, mejor no seguir.

Cruyff en el Ajax

Cruyff, pese al sentimental 0-5 en el Bernabéu, si marcó diferencias como jugador en nuestra liga fue en ese sentido: en el de definir el mejor gusto, el mayor poderío económico y el mayor aperturismo del Barça, mientras que el Madrid, muy presidencialista, era también muy castizo y algo más conservador en los fichajes. El Barcelona miró a Holanda, y el Madrid definió un gusto germánico.
Podríamos seguir hablando de la nota germanófila del aficionado blanco (oh, qué increíbles leyendas le contaban a uno sobre Stielike…), pero vayamos yendo al grano: el entrenador, la cuestión del Cruyff entrenador. Si Cruyff jugador fue un error de Bernabéu, el Cruyff entrenador fue el gran acierto de Núñez, y el error sostenido, repetido, histórico del madridismo. Ese Barça que ficha a Cruyff estaba en las últimas de filipinas. Sin sentido de juego, a décadas de distancia en el palmarés, resumido en los entrenamientos vespertinos de Menotti, en la incomprensión de Venables (como el Athletic, no pudo sustraerse a la tentación del entrenador británico), o en Aragonés manteniendo su código personal y deportivo en la crisis del nuñismo.

Así fue. El nuñismo, que había organizado la entidad, acertó al final con Cruyff. El prestigio de Johan fue lo que le salvó, sin embargo, porque otro quizás no hubiese aguantado las dos primeras temporadas. La Quinta del Buitre llegaba a su techo, y luego, blindada contractualmente, decaería lánguidamente. Y en ese cambio de agujas, estalla su Barcelona. El Madrid pierde el norte, el club entra en crisis absoluta. Se apuesta por Maradonas adriáticos o de los Cárpatos, estrellas del mercado más barato, por Hagis o por Prosineckis. Dieces que no consiguen nada. Estrellas con otro lenguaje conviviendo con el fantasma de la Quinta. Algo heterogéneo, que no funcionaba. Quizás lo mejor de esa época, del 90 al 94 fuera Fernando Hierro. En ese punto, fue importante Valdano, pero antes de Valdano, año 94, llegó el histórico bofetón del Barcelona.

Cruyff y Van Gaal

Ese Barça de Cruyff fue el equipo que más me ha asombrado. Sí, la Holanda de Van Basten, o el Milan de Sacchi. O incluso el invencible de Capello. El Ajax de Van Gaal, o los posteriores Barcelonas… Pero ese equipo fue muy especial. Fue lo que no habíamos visto. Sí, antes estuvo Michels, pero no lo habíamos visto desarrollado tan cerca, a un nivel tan alto y de modo tan devastador y fascinante. Era un equipo que la tenía, pero que además jugaba en largo. En corto y en largo, rápido y lento. Algo asombroso. Una defensa de tres, los pases de Koeman, que establecían una relación directa con los extremos. El juego muy abierto por bandas, la posición de Bakero, de espaldas, sin regatear, sólo como un punto de apoyo. No comprendíamo ese fútbol. ¡Bakero no regatea! ¡Guardiola no sabe hacer casi nada! Y sin embargo era una maravilla verlo. Sufrirlo. No es casualidad que Cruyff eligiera a Pep Guardiola en el once de todos los tiempos (junto con Charlton, Di Stéfano, Garrincha, Maradona y Pelé). La velocidad de Guardiola estaba en otro sitio. Salía al campo saltando. No había que pisar del todo el césped. Pep era un metrónomo, un metrónomo vivo sobre el piano brillante de ese Barcelona. Flipábamos mucho con la posición del extremo, que lograba el aclarado del baloncesto. El uno contra uno. Revolucionaba, le daba un punto más al maravilloso juego por las bandas del Madrid, de Gordillo y Míchel. Esto era aún mejor. Y luego estaba la inteligencia de Beguiristain, o los pases al hueco de Laudrup. Los espacios se abrían mágicamente. De nuevo: era superar la mágica pared de Butragueño y Míchel. Ellos lograban un espacio de otro modo. Se lo fabricaban entre dos, una inteligencia entre dos. Pero el juego al hueco del Barcelona, esos balones de Laudrup a un vacío, resultaban trepidantes y sorprendentes.


Cruyff firma con el Barcelona

Ahora veo algo de la Quinta y ya parece fútbol antiguo. Lo moderno, lo actual, empieza con ese Barcelona. Esa superior velocidad del juego que por momentos obtenía. Es revelador, define el ritmo que tomó el Madrid, que le comprara a Milla en cuanto despuntó. El Madrid compró a Milla y Cruyff sonrió: tengo a Guardiola. ¿Algún madridista podrá olvidar el terror que sintió cuando apareció De la Peña, que parecía una síntesis de Guardiola y Laudrup? Ese Barcelona ganó con suerte. Con suerte y algo más en Tenerife, con suerte y crueldad ante el Dépor. Pero era justo campeón. Eso le dio mayor lucimiento y dramatismo, euforia a ese Barcelona, un efecto pirotécnico al final. Era un equipo asociado a la Barcelona transformada de la Olimpiada. Un equipo de vacas gordas. De una época delirante, apasionante. No era un equipo invencible. El Milan machacó a ese Barça en Atenas de un modo humillante. Zubizarreta perseguía el balón de Savicevic como si cazara moscas. Fue el final. Se producen ahí simetrías estupendas. El Madrid ficha a Valdano. En Madrid se desarrolla el discurso del “buen juego”, incipiente, mediático. El verbo de Valdano suena como una incipiente pedagogía. Y el argentino ficha a Redondo, que había que explicarlo en el Bernabéu, que llegó a ser pitado, y a un Laudrup viejo y con los dos y Raúl le devuelve a Cruyff el 5-0. Y Cruyff se va. Atenas y el 5-0. Y sus fichajes absurdos. Es el final.

Pero igual que el Madrid, tras su otro 5-0 (la historia del fútbol gira a manitas, a sopapos) quedó grogui y persiguiendo el “modelo milanista”, el modelo milanello, y por ahí llega Floro, el Barcelona no pierde el sitio, lo pierde muy poco tiempo. Seguirá después con una línea conocida. Las estrellas las tenía. Fichar a Ronaldo le sale natural. Tiene el gusto abierto y el dinero. “El dinero no está para tenerlo en el banco”. El Madrid tenía menos de las dos. Pero ya tiene modelo, estilo, en fin, esas palabras de las que se abusa. Llegan jugadores del filial que juegan parecido, y el Barça se queda con la pelota. Ya será suya, y hasta hoy. Y por eso el olvido del “entrenador” en esa nota del Florentino es tan extraordinario. ¿Lapsus? ¿El subconsciente¿ ¿Omisión de lo que no queremos reconocer?
Cruyff metió al Barcelona en el curso de la historia. Del que la hace. Y le dio sentido, un norte. Las estrellas las tenía, le faltaba lo otro. Era antimadridismo y cracks. Fobia, paranoia y genios. Obtuvo con Cruyff lo otro. Y llegó a trasplantar Holanda con Van Gaal, que, generoso, le dejó un Xavi, un Puyol. Florentino, que quería ser Bernabéu, le dio al Madrid estrellas, resonancia exterior, pero nada, absolutamente de lo otro, del juego. Es más, se disolvió el sentido colectivo: el casticismo y el germanismo, Stielike y los sobacos sudoríparos de Camacho. Así, el hombre que inventó el “perfil bajo” en el banquillo juzga y canta y llora a Cruyff. Ironías del “fúrbol”.

Los grises con Cruyff

El Madrid, con perfiles bajos, Queiroces; y el Barcelona con reverberaciones del perfil único de Cruyff, que fue la redimensión del entrenador. El entrenador lo es todo. No es un señor acogotado y con la camisa bien planchada que se sienta en el banquillo, es otra cosa. Es un general moderno, con algo de diseñador, es un publicista y un político, es un hechicero y un charlatán, es un geómetra y un filósofo de sobre de azúcar. Por eso es asombroso que Florentino evalúe a Cruyff. Porque esta dibujando el perfil de todo lo que no tiene el Madrid, y que no tiene desde que La Quinta, pura generación espontánea, los 80, más sociología que método, todo lo subió en ese globo conmemorativo de las 25 ligas. ¿Recuerdan esa fiesta? 1990. 25 ligas. Y un globo, ¿era un globo? en el centro del Bernabéu. Pues con ese globo se fue la primacía, y se la quedó el Barcelona de Cruyff.

Cruyff era irritante. Una semana antes de visitar cualquier campo, la prensa barcelonesa tocaba a la estrella local. Bruins Slot sacaba la manita, a Koeman le tuvo que poner en su sitio Luis Aragonés (“Cintura como la rueda de un camión”). Pero algo tenía. Con su gabardina, con la compañía de Rexach, que, qué maravilloso era ese Rexach, como un mediterráneo perfecto, hedonista, bien humorado, le daba proporción a todo, y matizaba la genialidad cosmopolita del otro (la genialidad siempre lo es, supongo), con una dimensión paisana perfecta. Rexach era el cruyffismo hecho hombre, explicado al catalán, hecho catalán disfrutón, encarnado un poco en el simpático Charly.
Era un equipo fulgurante, novedoso, ganador y además lleno de humor. Y para mí no estaba en Romario, estuvo en Koeman y en Guardiola, en la circulación del balón y en los extremos, y en la velocidad distinta, desconocida, que alcanzaba la pelota. En fin, no aburriré más con ese recuerdo. Vayamos a la cuestión final. “Una de esas personas que merecen no morir”, dijo hace un rato Florentino, caballeroso, al desplazarse a Barcelona (curioso status ése, por cierto, el de personas que alcanzasen la inmortalidad, como héroes. Florentino piensa en un mundo poblado de semidioses efectivamente inmortales, seres superiores que trascendiesen el tiempo, dotados, por sus hazañas, de la condición eterna del héroe. ¡Hablaba de una inmortalidad real! ¡Cuánto de eso ha tenido su Madrid helenizado, kitsch, con su delantera de semidioses de blanco griego! Cruyff, lacónicamente, lo dijo de otro modo: “Ya soy, probablemente, inmortal”).

Autógrafo de Cruyff

Cruyff es el responsable de todo. Pero no sólo. Hay algo en Barcelona que supo entenderlo y respetarlo. El catalanismo ful de Laporta, al final, retoma a Cruyff y asume el floretinismo birlándole a Ronaldinho. El catalanismo futbolero hace suyo a Cruyff, lo hace carne de escritura, corpus político, filosofía de salones y restaurantes. Cultura menor. Todos los maravillosos excesos retóricos que conocemos.

¿Y Madrid? No es sólo Cruyff. Hay algo propio que lo explica. El Madrid ficha a Valdano, que le devuelve el 5-0, y dura unos meses. Y después vinieron los tumbos. Mano dura, mano blanda. Entre los Molowny y los Manu Militari. Una prensa que prohíbe a Capello pero que tampoco pide la genetización de los Iniestas. No implacable a todos los Benítez, pero tampoco un sí a los Guardiola. ¿Qué queda? El diálogo imposible y aburridísimo entre el florentinismo y las Viejas Glorias (de Del Bosque a Casillas).

Florentino llega en su Segundo Advenimiento. Y llega con Valdano y Pellegrini. Y ficha a Alonso y Granero, pero vende a los holandeses. Y el equipo queda con dos mediocentros y a lo mejor tres interiores. No puebla el mediocampo. No le roba el balón al Barcelona. ¿Por qué no copiar? ¿Por qué no imitar? En Madrid, donde manda la filosofía de la ejemplaridad. Es como la regla socialdemócrata común en el mundo laico de derecha aburrida e izquierda conocida y ya sin capacidad crítica. La ejemplaridad. ¡Pero eso es imitación! La imitatio como institución. ¿Por qué el Madrid no le hace el mejor homenaje posible a esa figura “efectivamente” inmortal e imita a Cruyff? ¿Por qué no se atreve a un fútbol radical, hermoso, rápido, distinto? ¿A una armonía que junte lo individual y lo colectivo, a Romario con el equipo? ¿Por qué, si al final la Liga no se va a ganar, no se pierde hermosamente? ¿Por qué se dice sí a lo bonito pequeño, a la virguería del futbolista, pero no a lo bonito con mayúsculas de ese fútbol? ¿Por qué los cracks y no la aspiración del fútbol total? ¿Por qué no se supera ese fútbol indvidualizado, de súper héroes descoordinados, y se intenta, por una vez, la orquestación, es decir, por qué solistas sin afinación, en lugar de orquesta y figura? Un efecto de Cruyff, el mayor, atroz, fue hacer que el Madrid, refunfuñado, enfadado, contrariado, se alejara de lo bueno, de lo hermoso, de lo mejor, de lo que es sencillamente mejor, sólo porque era de Cruyff y era del Barcelona. Y se quiso hacer milanista, e italiano después de Catenaccio, y se quiso luego sudamericano, apaisado, lento, o fulgurante en las contras con Mourinho, como un Atleti a estas alturas, pero nunca lo que tenía que hacer. “Buscamos la excelencia”. Falso. El Madrid huyó de ella porque estaba ocupada, y era del rival.

El homenaje sería copiar a Cruyff. Quitárselo al Barça. Primero, porque no es suyo, es universal. Existió antes, lo tuvo Holanda. Y porque además lo hacen todos. Selecciones y clubes, que lo imitan.
En los 80, antes de Cruyff, el Madrid, con la Quinta, tuvo a Bennhakker, discípulo y amigo de Michels, y no era un genio, tulipán menor. Pero ya hubo con él una semilla, un antecedente estimable de fútbol similar. ¿Por qué no imitarlo con la humildad de un filial? Para el Bernabéu no vale Benítez, pero no puede un Guardiola. ¿A qué sucedáneo está condenado? El Madrid, por no mirar a Cruyff, ha intentado todo menos lo mejor, y ha perdido también sus señas de pundonor “garcía”, de germanismo, de constancia algo roma, si se quiere. Del mejor fútbol ibérico, castizo, que ya no tiene sentido después de la España campeona de todo. Si hasta Del Bosque, que era un Molowny castellano, se subió al Babieca del toque. Pero el Madrid no. Ahí sigue. En la espectacularidad de las estrellas (Florentinismo puro). El Barcelona completó su “identidad”. Se hizo redondo, entero, uno. Eso se lo dio Cruyff. Y el Madrid, sin embargo, perdió la suya. Convertido en la interpretación personalista, florentinista, de los años 50.

Gila

Por eso, cuando el presidente del Madrid homenajea a Cruyff, yo no sé si sabe bien que podría haber un homenaje mucho mejor. Para el propio genio, para él mismo, y desde luego, para su club.

En la muerte de Pablo García Baena

Pablo García Baena
(En el centro)


Objetivo, la permanencia


Einstein


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Bertrand Russell tuvo que escribir un libro (“ABC de la Relatividad”) para explicar la diferencia del “espacio y tiempo” de antes de Einstein y el “espacio-tiempo” después de Einstein: necesitamos cuatro medidas para fijar una posición, y cuatro medidas fijan la posición de un hecho en espacio-tiempo, no simplemente de un cuerpo en el espacio.

    –Tres medidas no son suficientes para fijar una posición: esto es en esencia lo que queremos dar a entender al sustituir “espacio y tiempo” por “espacio-tiempo”.
    
Russell y Einstein nos llevan, sin remedio, a Xavi, el ex cerebro de España, que ha resumido el secreto del fútbol en medio tuit:

    –En el Barça entendemos el fútbol como espacio-tiempo. ¿Quién lo domina? Busquets.

Xavi, ex cerebro de España
    
Cada vez que Busquets se echa en el césped como una mula vieja, Einstein le saca la lengua a un ángel.

    En contra de lo que parece, en el mundo de Einstein (Guardiola, en la teoría de Xavi) hay más individualismo y menos gobierno que en el de Newton (Mourinho). Hay también menos agitación, pues la pereza (esa forma de desmayarse como marquesas de Serafín) es la ley fundamental del universo de Einstein. Si la palabra “dinámico” se aplicara para ilustrar los principios de la dinámica, debería aplicarse, según Russell, a los habitantes de los climas cálidos que están tumbados bajo los plátanos esperando a que el fruto (el gol) caiga hasta la boca.

    –Espero que los periodistas del futuro, al hablar de una “personalidad dinámica”, querrán indicar una persona que hace el menor esfuerzo en un momento dado, sin pensar en las consecuencias.
    
Eso lo escribió Russell en el 58. Sesenta años después, el piperío echa de menos en el Madrid el “dinamismo” de Mourinho, cuyo vigor y energía pasan por rasgos distintivos de una “personalidad dinámica”.

Newton
    
El Mourinho del Madrid –recuerda Xavi– nos jugaba a la espalda. Jugaban rápido. ¡No querían jugar al fútbol!
   
 Fútbol, pues, sólo es el tiquitaca einsteniano de Xavi, que nos ha salido igual de facundo que su homónimo Xabi, que se pone a explicar las estrategias de Mourinho y Guardiola y parece Juan Antonio Bravo y Díaz-Cañedo exponiendo la dirección de los ferrocarriles del Norte en la guerra.
    
Es verdad que un día a Guardiola se le escapó que “el tiquitaca es una mierda”, pero Guardiola no es Trump, y nadie le dio importancia, como ocurre cuando Obama llama “bullshitter” a Romney o al propio Trump. Como espectador, es una ocasión para estar de acuerdo con Guardiola: el tiquitaca será espacio-tiempo (tíos como castillos dejándose caer en el terreno de juego para ganar una falta), pero me aburre que me mata. Cuando un cuerpo como Busquets (por cierto, el ídolo de Villar) se desplaza, si se abandona a sí mismo, elige la ruta más larga posible entre dos puntos del trayecto. Es decir, que los cuerpos abandonados a sí mismos hacen su camino tan lentamente como pueden (lo que Russell llamó “ley de la pereza cósmica”), y ésta es la imagen que ahora mismo da el Madrid de Zidane, cuyo objetivo, con los números que lleva, no puede ser el cuarto puesto, que es a lo que, con precisión alemana, dice aspirar Kroos, sino… la permanencia. Contra el Villarreal, Ceballos, que era todo cuanto a estas alturas quería uno ver, no fue convocado, y el trote bajo la lluvia de Kroos y Modric te rejuvenecía: se movían como las “birmettes” ochenteras (Ana Fernández y Mónica Gabriel y Galán) de Objetivo Birmania al son de la Grada de Animación.

Birmetes

Una solución, a ojo de buen pipero, es cambiar a Cristiano por Neymar, cuya familia se ha vuelto ejemplar. La otra solución (mi preferida) sería sustituir a Raúl por Cassano, que al menos va al grano:

    –Con 35 años y todo lo que viví no tenía ganas de ir al Verona a luchar para evitar el descenso. Soy un espíritu libre y debo hacer mis gilipolleces... Lo tengo muy claro: siempre me gustó ser director deportivo.


Russell


NUMERUS CLAUSUS

    Dos ligas en diez años: he aquí los números nacionales del Madrid que indican, al menos, un “cambio de paradigma”. En una Liga de Campeones como Dios manda, significa que, al cabo de una década, el Madrid hubiera participado un par de veces en la máxima competición, y a eso no se hubiera acostumbrado nunca Bernabéu. Hoy, la única alegría para un madridista es el reencuentro mediático con Xavi, que hablando de fútbol parece salido del libro segundo del Buscón, cuando don Pablos, en el camino de Alcalá para Segovia, Dios y enhorabuena, desde lejos, ve una mula suelta, y un hombre junto a ella a pie, que, mirando a un libro, hace unas rayas que mide con un compás: da vueltas y saltos a un lado y a otro, y de rato en rato, pone un dedo encima de otro y hace con ellos mil cosas saltando. “No tomé bien el medio de proporción para hacer la circunferencia al subir”. ¿Y estos tipos son quienes nos han quitado las Ligas por la “jeró”?

Lunes, 15 de Enero


Contar las aventuras del pensamiento solitario en busca del saber y en diálogo consigo mismo es un tema poco frecuentado por los escritores de nuestra lengua.
Octavio Paz

domingo, 14 de enero de 2018

El catalán que soñaba con la gran nación


 Antonio Capmany y Surís de Montpalau

Jean Juan Palette-Cazajus

«Donde no hay nación no hay patria, porque la palabra país no es más que tierra que sustenta personas y bestias a un mismo tiempo. Buen exemplo son de ello la Italia, y la Alemania en esta ocasión. Si los italianos, y los alemanes, divididos, y destrozados en tantos estados de intereses, costumbres, y gobierno diferentes, hubiesen formado un solo pueblo no hubieran sido invadidos, ni desmembrados. Son grandes regiones, descritas, y señaladas en el mapa; pero no son naciones, aunque hablen un mismo idioma. El grito general ¡Alemanes! ¡Italianos! no inflama el espíritu de ningún individuo, porque ninguno de ellos pertenece a un todo. El hombre debe regirse por los preceptos del evangelio, mas las naciones por las reglas de su conservación [...] el odio recíproco las mantiene sin temerse, ni envidiarse y cría la emulación, que es madre de grandes acciones. La nación que vive enamorada de otra, está ya medio vencida, dexando poco que hacer en una invasión a la fuerza de las armas. Acaso deben a esta fatal disposición de sus enemigos gran parte de sus rápidos triunfos los exércitos franceses.» [Puntuación y ortografía del original de 1808]

Nuestro paseo por el génesis de las naciones y de los sentimientos nacionales finalizó hace unos días con un recorrido demasiado vertiginoso por una buena decena de países. La verdad es que la caminata terminó a la pata coja. Revelar, para cada caso considerado, el sistemático contraste entre los invariantes por un lado y la contingencia histórica por otro era el primero de nuestros dos propósitos. El segundo pretendía  trazar un marco histórico comparativo que permitiera ajustar mejor la lente sobre la composición química de la tragicomedia catalana. Alcanzar un resultado digno habría necesitado más extensión y mayor exhaustividad. Pero mi intuición torera me susurraba al oído que el largo recorrido  nos venía apartando del mapa de las urgencias. Tocaba lanzarse a bregar con los profusos anales del catalanismo político. Se me antojan tremendamente útiles y reveladores, en este contexto, unos lances de recibo dedicados a la personalidad de un catalán sui generis, particularmente contradictorio,  paradójico y crucial, Antonio Capmany y Surís de Montpalau (Barcelona, 1742 – Cádiz, 1813),  el autor de nuestra  cita inicial. Las palabras pertenecen al vibrante panfleto titulado “Centinela contra franceses” que nuestro hombre publicó en 1808. Texto patriótico, atropellado, a veces desordenado, rebosante de indignación ante la brutal invasión napoleónica. Pero texto salpicado de luminosas y actualísimas intuiciones sobre la idea de nación, particularmente referidas a los modelos francés y español.

 
 Centinela contra franceses

“Centinela contra franceses” es un texto de circunstancia. Militar en su juventud, historiador, filólogo, economista el resto de su vida, Antonio Capmany es el autor de una obra densa, variopinta y erudita muy propia de aquellos tiempos  enciclopédicos. Era hombre desconcertante, contradictorio, claro representante de la Ilustración y a la vez tradicionalista punto menos que furibundo en ocasiones. Los aficionados a los toros lo conocemos por su “Apología de las fiestas públicas de toros”, texto muy breve cuyo título desconcierta entre tanto Ilustrado de entonces, mayormente enemigo de la tauromaquia. Un inciso taurino puede parecer aquí extemporáneo. Veremos que no es así. La “Apología” fue una publicación póstuma de 1815. Pero se escribió y posiblemente se dio a conocer con anterioridad ya que a la vuelta de un párrafo de su panfleto en el que enumera maneras posibles de estimular el patriotismo alicaído, Capmany nos cuenta que: «Podrían igualmente contribuir a mantener este espíritu nacional las corridas de toros, que en las actuales circunstancias me alegrara yo que no se hallasen abolidas. Y como he mirado siempre esta diversión pública, como nacida y criada en España, solo exercida por españoles e inimitable en reynos extraños, había escrito en otro tiempo una apología de ella contra los españoles de nuevo cuño, entes nulos hoy para la patria; prefiriendo yo esta que llaman fiereza española, que nos puede hacer temibles, a la molicie y frivolidad filosófica del día, que nos ha hecho despreciables a los ojos de los mismos que nos la han inoculado». Esto es los gabachos. En cuanto a los “españoles de nuevo cuño, entes nulos hoy para la patria”, los tiros apuntan a los odiados afrancesados, diana predilecta, con Godoy, de las iras de Capmany. Aquella “insensata currutaquería” como también los llama en otro lugar.


 Monsieur Ducel, veterano mameluco. Daguerrotipo 1864

Con esta cita, tumbamos dos miuras de una estocada. Intuimos el argumento principal de la taurofilia del catalán: salvaguardar “la fiereza española”. Hoy, los antitaurinos enarbolan el argumento inverso: ellos quieren acabar, dicen, con la “fiereza española”. Pero tal “racialismo” primigenio es también el hilo conductor del entero panfleto: todo es positivo en la naturalidad, la religiosidad, la autenticidad, el visceral sentido del honor, la propia y “santa ignorancia” de España. Todo es falsedad, engaño y molicie en la artificialidad de la cultura y civilización francesa: «Con esta guerra nos libraremos de la molestia y asco de dar oídos a la fastidiosa turba de sabihondos, ideólogos, filósofos, humanistas y politécnicos, todo en una pieza, que […] nos iban introduciendo escuelas “centrales, normales, elementales, institutos, y establecimientos de beneficencia”, por no nombrar a estilo español y christiano, fundaciones o casas de caridad o de piedad, o de misericordia.  Todo para formar el espíritu y el corazón a la francesa moderna». Se le agradece con el alma a Campmany su taurofilia, pero cuesta acudir hoy a una tertulia mediática con argumentos de la siguiente laya: «¿Por ventura se obliga a los concurrentes a que miren un caballo despanzurrado? ¿No es dueño el que se estomague de volver la vista a cien objetos agradables que ofrece la plaza, o de levantar los ojos al cielo, o de estarse mirando las uñas?» De la susodicha “Apología” para mí se salva una frase: “El público no va a verle morir [al diestro] sino a ver como no muere”. Habréis reparado en que el autor nos recuerda de paso que las corridas de toros estaban abolidas en el momento en que escribe. Se trataba de la prohibición  dictada por Carlos IV en 1805, por instigación de Godoy.  Pero Felipe V lo había intentado en 1704, Fernando VI en 1754, Carlos III en 1778, 1785 y 1786. Antes de 1805, Carlos IV ya había firmado una prohibición en 1790. La zozobra y la incertidumbre existencial definen el espectáculo desde su fase embrionaria.
 

 Caricatura de José Bonaparte

Por todas las razones anteriores, el sector obtuso del catalanismo consideró durante largo tiempo Antonio de Capmany como el prototipo del “botifler” reaccionario. El personaje es bastante más complejo. En 2015, el historiador barcelonés Roberto Fernández ganó el Premio Nacional de Historia con una obra titulada “Cataluña y el absolutismo borbónico” cuyo primer capítulo dedicado a la obra de Capmany muestra su papel, sin duda esencial, en el orto histórico del catalanismo moderado y “pactista”. Antonio Capmany procedía de una vieja familia gerundense claramente alineada con los austracistas durante la Guerra de Sucesión. Él nos lo cuenta, también en “Centinela…”: «En la guerra de sucesión que afligió la España […] Estaba la nación dividida en dos partidos, como eran dos los rivales; pero ninguno de ellos era infiel a la nación, en general, ni enemigo de la patria. Se llamaban unos a otros rebeldes y traidores, sin serlo en realidad ninguno, pues todos eran y querían ser españoles, así los que aclamaban a Carlos de Austria como a Felipe de Borbón. Era un pleyto de familia entre dos nobilísimos Príncipes, muy dignos cada uno de ocupar el trono de las Españas». La vida de Capmany fue complicada, azarosa, dependió de los favores de la Corte para sobrevivir en cargos que le robaban el tiempo de la reflexión y de la escritura. Era sincero cuando se preguntaba « ¿Qué era, en fin, la España toda antes que entrase a ocupar el trono la Augusta casa de Borbón? Un cuerpo cadavérico, sin espíritu ni alma para sentir su misma debilidad». Y también lo era cuando la nostalgia austracista lo lleva a evocar: «…el año 1714, en que las armas de Felipe V, más poderosas que las leyes, hicieron callar todas las instituciones libres en Cataluña y Barcelona recibió un ayuntamiento bajo la planta aristocrática de las demás ciudades de Castilla».

Para entender la catalanidad de Capmany entresacaremos dos obras significativas: El “Discurso económico-político en de­fensa del trabajo mecánico de los menestrales…etc.”, de 1778, y “Práctica y estilo de celebrar Cortes en el Reino de Aragón, Principado de Cataluña y Reino de Valencia…etc.”, obra solamente publicada en 1821 pero escrita en 1809, en Cádiz, por encargo de Jovellanos y otros miembros de la Junta Central. En la primera se recoge el eco de la polémica que opuso Capmany a Campomanes. El ministro ilustrado de Carlos III quería suprimir los gremios en aras de la racionalización abstracta de la economía. Campmany contesta desde la perspectiva de una racionalidad empírica y gradualista reacia a los cambios traumáticos para el cuerpo social. Defiende la laboriosidad, el amor por el trabajo bien hecho y el sentimiento del honor profesional de los menestrales catalanes que, hasta 1714, tenían voz política en el “Consell de Cent”. Considera un error amenazar la existencia concreta de un tejido productivo tradicional y eficaz. Esta obsesión por maridar la Ilustración europea con las tradiciones españolas definirá la vida y las posturas del estudioso catalán. Concretamente es el primer valedor moderno de la laboriosidad catalana cuya exaltación posterior será uno de los sagrados versículos de la biblia catalanista. Capmany muestra como el impulso económico insuflado a la sociedad por el despotismo ilustrado borbónico, sobre todo durante el reinado de Carlos III, resultó particularmente beneficioso para el enriquecimiento de Cataluña, al ser asumido y  compartido por una clase de menestrales preexistente, dispuesta y competente. Esto es lo que ha venido corroborando la actual historiografía. Auge económico netamente menos perceptible en Castilla, por la dificultad, considera Capmany, de romper con un secular desprecio por el trabajo manual considerado como deshonroso.


Las Cortes de Cádiz

En cuanto a la recopilación encargada a Capmany por un Jovellanos desconocedor de las instituciones tradicionales de la Corona de Aragón, textos como el que sigue dejaron su poso en quienes redactaron los artículos de “La Pepa” de 1812: «En las provincias de la Corona de Aragón también se elegían los Síndicos o los Procuradores entre los individuos de sus Consejos, pero en esto las plazas no eran perpetuas, vitalicias, ni hereditarias, ni de la clase aristocrática, como sucedía en la de Castilla, sino anuales y electivas por sorteo de la matrícula misma municipal que se componía sólo de ciudadanos y del estamento popular con exclusión de los nobles y caballeros, cuya clase ya representaba por sí en las Cortes». El “espanyolismo” de Capmany es espontaneo, natural, incuestionable. Pero su prosapia austracista y catalana, lo llevaba a considerar la invasión napoleónica como el remate letal de la imposición borbónica y se le escapa esta terrible confidencia: «Así podemos añadir ahora que la Francia nos despojó a principios del siglo pasado de los restos de nuestra antigua libertad y a principios del presente la misma Francia nos viene a imponer las cadenas de la esclavitud, para que hasta la memoria perdamos de lo que fuimos».

Y ahora vuelvan a la cita inicial, reparen en las palabras clave y empalmen su lectura con el párrafo siguiente:
 
Los departamentos catalanes durante la francesada
 
«Debíamos temer que el plan de despotismo que va extendiendo el astuto Bonaparte por la Europa […], vendría a planificarlo en España. A esto llama él regenerar, es decir, civilizar a su manera las naciones, hasta que pierdan su antiguo carácter y la memoria de su libertad. Igualarlo todo, uniformarlo, simplificarlo, organizarlo, son palabras muy lisonjeras para los teóricos, y aún más para los tiranos. Cuando todo está raso y sólido, y todas las partes se confunden en una masa homogénea, es más expedito el gobierno, porque es más expedita la obediencia. [...] ¡Qué descansadamente gobierna el déspota entonces! [...] En la Francia organizada, que quiere decir aherrojada, no hay más que una ley, un pastor y un rebaño, destinado por constitución al matadero. [...] En Francia, pues, no hay provincias, ni naciones; no hay Provenza, ni provenzales, Normandía, ni normandos,  se borraron del mapa sus territorios, y hasta sus nombres. Como ovejas, que no tienen nombre individual, sino la marca común del dueño, les tiene señalados unos terrenos acotados, ya por riberas, ya por ríos, ya por sierra, con el nombre de departamentos, como si dijéramos dehesas, y estos divididos en distritos, como si dijéramos majadas. Allí no hay patria señalada para los franceses, porque ni tiene nombre la tierra que les vio nacer, ni la del padre que los engendró, ni la de la madre que los parió: los montes y los ríos les dan la denominación como a las plantas y frutos de la tierra. Nacen y se crían en el campo, y mueren en el campo de batalla. Todos se llaman franceses, al montón, como quien dice carneros [...] Esta unidad e indivisibilidad, que convino entonces al mando despótico del Directorio, ha convenido después al más despótico de Bonaparte. [...] ¿Qué sería ya de los españoles, si no hubiera  habido aragoneses, valencianos, murcianos, andaluces, asturianos, gallegos, extremeños, catalanes, castellanos, etc...? Cada uno de estos nombres inflama y envanece, y de estas pequeñas naciones se compone la masa de la gran Nación, que no conocía nuestro sabio conquistador, a pesar de tener sobre el bufete abierto el mapa de España a todas horas».


 Unité, Indivisibilité

Capmany terminó siendo una figura eminente de las Cortes de Cádiz donde  nuestro supuesto “reaccionario” votó a favor de la libertad de imprenta y de la abolición de la Inquisición, siendo, en este último caso, el único diputado catalán en hacerlo. Anteriormente ya había luchado contra la neonata República Francesa en la Guerra del Rosellón, entre 1793y 1795. Al día siguiente de la entrada de Napoleón en Madrid, el 4 de diciembre de 1808, “huyendo a pie con solo la ropa que traía encima”, salía para Sevilla a la que llegaría el 1 de enero de 1809. Pero su conocimiento de la cultura francesa era profundo. En 1776 había publicado un “Arte de traducir el idioma francés al castellano”. El acaloramiento patriota emborrona en parte su enunciación de la fundamental diferencia entre el modelo unitario de la nación francesa posrevolucionaria y lo que Capmany entiende como modelo español, claramente el de “nación de naciones”. Muy informado de la realidad política francesa, sabe del recurso a las particularidades  geográficas para bautizar los “departamentos” en la nueva división territorial. Modelo que el invasor trató de aplicar a España. Así llamó  “Manzanares” al “departamento” de Madrid, “Ojos del Guadiana” al de Ciudad Real y así sucesivamente. Con cierta dosis de mala fe, el panfleto afirma que semejantes denominaciones atestiguan la transformación de Francia en una gran finca agropecuaria cuyo inmenso rebaño, “igualado, uniformado, simplificado y organizado” vive sometido al ogro corso. La metáfora campera anticipa aquí el universo totalitario. De alguna manera su discurso recuerda al de Edmund Burke en sus “Reflexiones sobre la Revolución en Francia” (1790). Discurso a la vez premoderno y posmoderno: ambos ven y deploran la disolución de ciertos lazos comunitarios. Ninguno de los dos intuye o acepta que esta era la condición para que desapareciera la arbitrariedad estamental. Para ello habrá que esperar al Señor Alexis de Tocqueville (1805-1859).

Provincias, pequeñas naciones, Gran Nación, patria, país, unidad, indivisibilidad. La urgencia y el furor no ayudan a aclarar tantos conceptos. No sé hasta qué punto es consciente Capmany de que los utiliza de manera “flotante” a veces en sentido español tradicional, otras en sentido francés moderno. De alguna manera su mente va metabolizando inconscientemente las dos concepciones.  Nos asombra la proximidad de las formulaciones con la realidad de las zozobras actuales. Los pasados 210 años, desde la publicación de “Centinela contra franceses”, fueron los de la historia moderna de la nación. Hoy, a primera vista, parece que la “unidad e indivisibilidad” sigue fabricando “franceses al montón”. En cambio no todas las “pequeñas naciones” parecen dispuestas a arrimar el hombro para la erección del “castell” de la Gran Nación”. Si acercamos la lente de aumento, veremos, como siempre, que las cosas son más ambiguas. Me sorprendió gratamente que Antonio Capmany de Montpalau intuyera, dos siglos antes que yo, que solo una apretada confrontación de las modernidades española y francesa permitiría…¿qué, por cierto?...¿penetrar el secreto de la nación?  Pues no. Más bien autopsiarla, entender que como tantas cosas, habrá sido una fugaz ilusión europea.
 
Erigiendo la gran nación

Domingo, 14 de Enero



Un muchacho soñaba con poner una hostería al borde de una ruta. Encontró un socio y pudo convertir el sueño en realidad. El socio robó; el personal robó; se enredó en pleitos; finalmente lo asaltaron y por poco lo matan.
Adolfo Bioy Casares

"Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas"

DOMINGO, 14 DE ENERO

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»  Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. 
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

-¿Qué buscáis?

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»  Él les dijo:

-Venid y lo veréis.

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús.  Jesús se le quedó mirando y le dijo:

-Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).

Juan 1,35-42

sábado, 13 de enero de 2018

Periodismo



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los políticos del Libro han sustituido a las religiones del Libro.

A Trump sus enemigos le han sacado un libro de lógica de pata de ganso para echarlo del poder ...“por loco”.

El hombre tiene dos piernas, por consiguiente todo lo que tiene dos piernas es un hombre, luego el ganso es un hombre.
Trump es presidente, por consiguiente lo han elegido los rusos, luego Trump, que no quería ser presidente, está loco, y con el aval de Bannon, el Dionisio Ridruejo del trumpismo. Ese libro parece la versión psicoanalítica de la “Apología” de Guillermo de Orange contra Felipe II, acusándolo de tiranía, duplicidad y fraude, además de adulterio, incesto, parricidio (Don Carlos) y uxoricidio (Isabel de Valois). ¿Y Hitler? Por de contado. Un simpático hispanista de Cambridge, Charles Wilson, es el ganador de la piñata: para él, Felipe II fue “un hombre con ambiciones hitlerianas, pero con la mente de un monje medieval”.
Si los políticos piden libros en contra es porque hay que ser torero para sobrevivir a un libro a favor. Joselito lo hizo al libro de Bergamín (1930), y Belmonte, al de Chaves Nogales (1934), reportero, según Ruano, que lo trató mucho, del “sensacionalismo con garbo”.
Chaves era gitano, gitano rubiasco muy fuerte, violento, alegre y sin ningún sentimiento o concepto moral.
Uno de los ases de aquel periodismo “polémico, escandaloso y vivísimo, que no sabían nada de nada, pero en los que todo era genio intuitivo y una como gracia que nada tenía que ver con la cultura ni el trabajo”.

El “Heraldo” de los Busquets (dueños también de “El Liberal”) pagaba semanalmente los sábados, para, en caso de despido, indemnizar semanas y no meses. Un día anunciaron con bombo y platillo la vuelta a Europa en avión de Chaves. Para esta vuelta, Fontdevilla le dio a su redactor-jefe, “delante de mí”, quinientas pesetas. Chaves protestó tímidamente.

¿Y para qué lleva usted un carnet del “Heraldo”? -le dijeron.

Ahí está la gracia de seguir firmándose “periodista y escritor”. 

Sábado, 13 de Enero


Delante de este muro, los hombres más ilustres de este tiempo han pronunciado discursos memorables. Desde allí, gritando al Este, dijo Kennedy aquello de "Ich bin ein Berliner", y mucho más recientemente Reagan rogó a Gorbachov: "Por favor, señor Gorbachov, derribe ese muro". Era, pues, como eso: como hablar a una pared.
Manuel Blanco Tobío

viernes, 12 de enero de 2018

Golpe de timón

 Herrero

Dama


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Hoy, igual que con Camba, Madrid invierte todos los días tres o cuatro horas en abrirse el apetito y cuatro o cinco en cerrárselo: es el almuerzo, que siempre hay que pasearlo como quien pasea a un sobrinillo durante un par de horas por la Carrera de San Jerónimo, donde ayer confundí el Palacio de las Cortes con el Museo Arqueológico, cuya Dama de Elche tiene pinta de ser más joven que Herrero, “padre” de la Constitución española del 78 e “hijo” de la guineana del 68.

Un viejo puede hacer lo mismo que un joven, pero más despacio –dijo Machado (Manuel) a Ruano en un duelo de copas.

Al parecer, el tema de conversación en el Parlamento (donde una vez se definió la política como “una mezcla de p… de Hamburgo y de serpiente de circo”) no es el “Me Too”, que eso, según el Guzmán de Alfarache del liberalismo pasado por Embassy, es cosa… ¡de Trump!, sino el “federalismo constitucional”, con Herrero, Llorca y Roca, que firmaron una Constitución para librarse de los de dentro, en el papel de Hamilton, Madison y Jay, que firmaron una Constitución para librarse de los de fuera.

El federalismo es una perra que ha cogido Pedro Sánchez, que tiene en el partido a un gallego que al emigrar de Puebla del Brollón prometió a la familia que no regresaría sin haber hecho de Madrid una nación. Y Llorca, el “Zorro Plateado” del suarismo, habló el otro día del federalismo como si lo hiciera del “fauvismo”, y la peña echó el rato, ajena a eso que Tarradellas llamó “golpe de timón”.

El felipismo nos colocó las “autonomías”, pero las “nacionalidades” fueron cosa del suarismo, y ya hemos llegado: última estación, Cataluña.

En junio del 77, en el comunicado conjunto Suárez-Tarradellas, el de Cebreros quiso que el de Cervelló diera su conformidad expresa al “café para todos”:

No acepté, y no porque los demás españoles no tuvieran los mismos derechos que Cataluña, sino porque con aquel principio España se desmembraría, convertida en Estado ingobernable.

Viernes, 12 de Enero


Es posible dramatizar la escena de la conversión (de Dionisio Ridruejo): el confinamiento en Ronda, sometido a vigilancia policiaca; la prohibición al Jurado del Premio Nacional de Literatura de concederle el premio a tres libros de poesía suyos; la cesación de toda colaboración periodística y las dificultades económicas que la situación llevó consigo. En 1943 pudo conseguir que su residencia forzosa se trasladara a las inmediaciones de Barcelona; en Cataluña conoció a Gloria de Ros, y no tardó en casarse con ella.
Ricardo Gullón

jueves, 11 de enero de 2018

La chirigota de Burgos. 2º año (y último)

 "Los no aptos" en mi tele

 "La familia verdugo"


Francisco Javier Gómez Izquierdo

       En Cádiz ya es Carnaval. En Cádiz todo el año es carnaval, pero este 18 que nos trae marzales las Pascuas, los fervientes devotos del Falla ya están revolucionados. Mi chico, uno de esos acérrimos gaditanos de la diáspora que asisten al concurso de agrupaciones como si fuera novena del siglo pasado en monasterio abulense nos intimida al anochecer trajinando con el televisor para buscar la Onda Cádiz y a un servidor le quitó ayer de ver la Copa del Numancia porque salía la chirigota que el año pasado perdió un traje.

      Mi chico ha conseguido entrada ¡qué fatigas por internet en el intento! para las preliminares de Subiela el domingo 14 y las de Juan Carlos Aragón el día 22, por lo que está de un eufórico subido. El año pasado acertó en estas eliminatorias porque coincidió con la comparsa de Bienvenido, luego campeona, y con el cachondeo, por la novedad, que se montó en el Falla a costa de la chirigota de Burgos. Mi chico en el Falla, donde a veces le entrevistan por su rareza de piojo verde, dice que de Burgos es su padre, o sea un servidor, y que si por él fuera, insospechado purista, bajaría el telón ante el atrevimiento profanador de mis paisanos que se juntan a ensayar en Gamonal, muy cerca del piso familiar. Mi chico y los talibanes del Falla dicen que no, que ensaya cada uno desde su casa y que si se armaron de paciencia y benevolencia para disculpar la osadía del año pasado, lo de anoche no tiene perdón y que urge un decreto ley para prohibir pasar  por Puerta Tierra a los nacidos en Burgos. ¡Miedo me da ir el sábado, que voy a ir, a Cádiz!

      El aire y la sal del Carnaval no tienen nada que ver con el frío Norte y el helado Arlanzón y reconozco que me dio pena asistir al escarnio público de los burgaleses, con cantos desde las localidades que iban del “campeones, campeones” histriónico al “Adiós para siempre adiós” en un tono de cruel autoridad. El remate del despropósito llegó cuando en la entrevista tras bajar del escenario, un miembro del grupo manifestó que no se había entendido su esfuerzo y que le había parecido que no habían conectado con el público, pero que “bueno, un saludo para Palacios de la Sierra”. ¡Palacios, donde tanto ha disfrutado un servidor por Santiago! De lo que los túiteres esos soltaron, mejor no digo nada, pero mi chico estuvo riéndose sin parar hasta que me metí en la piltra abucharado. Busquen y vean. “¿Pero no estaba cerrado Burgos por la nieve?”. Todo en ese plan.
     
Otra chirigota a la que no se ha entendido es la de “La familia Verdugo” el martes, primer día de concurso, pero la incomprensión viene de Cataluña, terreno que no cuenta en el difícil arte de comprender el humor inteligente. ¡Se han molestado los nacionalistas porque unos chiclaneros tomen a broma a Puigdemont! ¿Y que esperan estas gentes por Carnaval?
     
En fin, el acontecimiento anual de Cádiz, acaba de comenzar.

Oprah y Albert

Catherine Deneuve
Defensa de la libertad de importunar


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De Hollywood queda lo mismo que de los estudios Bronston en Las Matas, Madrid, pero allí una buena amiga de Harvey Weinstein y los Bill (Clinton y Cosby), Oprah Winfrey, ha hecho el discurso del Cristo muerto en el “Sueño” de Jean-Paul Richter, que en lo alto del edificio del mundo descubre que no hay Dios, postulándose (la viva de Oprah, no el Cristo muerto) para la Casa Blanca, que dejaría de llamarse así, pues todo lo blanco, salvo Weinstein y los Clinton, debe morir. “Nothing but respect for our future president”, tuiteó la NBC, y Albert Rivera, con ese pelazo que le han puesto, no se pudo contener:

Valiente discurso de Oprah. Un alegato a favor de la igualdad y en homenaje al coraje de tantas mujeres que han gritado “ya basta”. No os lo perdáis.
¡De futuro presidente a futura presidenta! Albert, con el póster de Suárez (“un personaje de Salas Barbadillo”, según su paisano Emilio Romero), y Oprah, con el de Obama, aquella víctima, según Oprah, de… ¡la falta de respeto mediática!... “porque él es afroamericano”.

Del collar de la tórtola (y la sombra de la nube) de Catherine Deneuve surge un Manifiesto francés en “defensa de la libertad de importunar”, que recuerda que el ligue insistente o desafortunado no es un delito, ni la galantería es una agresión machista.

¡Posverdá! Alt Right! –protestará el liberalismo “ambassador”.

Para el espectador, lo más interesante del “trumpismo” es lo que tiene de canto de cisne de la vieja República: no es lo mismo un país de gentes que aspiran a ser libres que un país de gentes que aspiran a una subvención. Dense prisa, si quieren verlo, porque no tardará en matarlo el toro. Cuando la igualdad entra por la puerta, la libertad sale por la ventana. La izquierda americana, como tiene explicado el inglés Roger Scruton, ha inventado la discriminación (la anulación del individuo) en nombre de la no discriminación (el privilegio del grupo).

En el mundo ya sólo existirá la conveniencia socialista.

Jueves, 11 de Enero


La vinculación de Garcilaso con el gran duque rebasa el ámbito de la intimidad para alcanzar cotas de historia literaria. La segunda Égloga y la primera Elegía no sólo fueron dedicadas al de Toledo formalmente, sino que su asunto es el linaje de los duques y sus gestas.
Jesús Aguirre, Duque de Alba

miércoles, 10 de enero de 2018

En la muerte de José García Marín (insigne hacedor del Caballo Rojo)

Gracias

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Cuando hace treinta llegué a Córdoba no había tanta tontería con los fogones como la que se lleva de unos años para acá. Ni en Córdoba, ni en Burgos. La gente de buen comer no se las daba de exquisita ni te salía con sandeces del estilo “tiene el sabor de las bellotas más en sazón, las de las encinas que quedan en la solana de la finca” o “ unas algas que te llenan de sabor a mar el paladar”. Lo dicen arrobados, como en trance y a uno le entra un no se qué al ver que una ración tan grande como un grano de arroz, sugiera delirios tan excelsos. Ahora hasta hay niños cocinillas que guisan en la tele y te dan lecciones de como lavar la lechuga.

      A mis amigos y a mí nos gusta comer como Dios manda y vamos donde sabemos que no nos fallan y así como desde los 80 hasta este 2018  el Ojeda de Burgos era y es un templo del lechazo asado donde uno se sentía y se siente feliz cada vez que acude a él, el Caballo Rojo de Córdoba es desde hace decenios parada obligada de todo aquel que disfruta en una mesa por lo que saborea y no por lo que le explican antes de probar un plato.

    En el Caballo Rojo, junto a mi doña y mi tierno infante, he celebrado aniversarios, cumpleaños y la visita de los mejores amigos. En los 80, el Caballo de Córdoba era el Ojeda de Burgos. En los 80, en los 90 y en todo el siglo XXI. El restaurante a recomendar. El restaurante donde te cobran conforme comes y no te piden una tasa por lo que te sugiere el olor del rabo de toro, el rape a la mozárabe o el cordero a la miel. El restaurante donde el camarero no te marea con vinos carísimos o te apellida los entrantes  en francés. El restaurante donde te dicen, “déjese aconsejar” y acabas dando un abrazo al asesor.

     El creador de ese centro de peregrinación cordobés a la vera de la Mezquita se llamaba hasta ayer José García Marín. Ha fallecido con 91 años y creo que son muchos miles los agradecidos que recuerdan el día que se sentaron en tan magnífico lugar. Tuve el gusto de conocerle en delicadas circunstancias y estoy en condiciones de afirmar que pocos cordobeses tan sabios en lo que hay que saber, y tan educados hasta en los momentos de tribulación.

     En verdad, ha muerto uno de esos hombres que no deben morir nunca. Que se lo pregunten a Boris Yeltsin, Borges, García Márquez, Severo Ochoa, nuestra reina Sofía, enamorada del salmorejo. Dicen que Chirac mandó un cocinero a Córdoba a aprender en el Caballo Rojo el truco del salmorejo.

El temporal

La Reina Juana


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando el Rey don Felipe (el Hermoso) vino de Flandes a Castilla con la Reina doña Juana (la Loca), corrió gran tormenta en la mar, y viéndose en tan gran peligro vistieron un cuero al Rey y hincháronlo, y pusiéronle en las espaldas una letra que decía “el Rey don Felipe”, y así estaba delante de una imagen, esperando cada hora ser perdido; la Reina estaba sin temor alguno, y pidió que le trajesen “un caxón para comer”, y haciendo los caballeros y marineros diversas promesas, daban de lo que allí tenían para Nuestra Señora de Guadalupe, y como llegasen a la Reina, abrió la bolsa en que tenía como cien ducados, y entre ellos tenía medio ducado, y andúvolo buscando entre ellos, hasta que lo halló y lo dio, dando en esto a entender que no tenía temor, y diciendo que nunca Rey murió ahogado.

En esta tormenta unos vomitaban y otros orinaban, y cayendo los orines sobre otro, dijo: “Perdonadme, señor, que voto a tal que de puro miedo me meo”. Hallose allí un Luys Vaça, pariente del obispo de Córdoba, y con el desatino de la tormenta pisó a otro, y como aquél se quejase, díjole:

Señor, no os quejéis, que juro a Dios que os pisa uno de los mejores hidalgos de Castilla.

Uno que se decía Loaysa se comenzó a confesar con su paje, diciendo: “Señor Hernandico, bien sabéis que soy el más mal hombre del mundo y más mal cristiano”; y como el paje comenzase a llorar, decíale: “Estad quedo, señor Hernandico, bien sabéis que yo he sido falsador de dados”; y el muchacho tornaba a llorar, y decíale:
Estad quedo, señor Hernandico, bien sabéis “quantas mujeres he traído a la putería”.
Y por este estilo pasó su confesión adelante.
Tomado es este ejemplo del “Floreto de anécdotas y noticias diversas” que recopiló un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del siglo XVI, en la edición de F. J. Sánchez Cantón, con el Gobierno del Cambio Climático temblando por cuatro copos en la A6.

¿Qué fue de tanto galán, / qué fue de tanta invención / como trajeron?

Miércoles, 10 de Enero


Sigamos jugando a los sentimientos otoñales que son los míos, vistos desde la primavera, que es lo de usted.
Gonzalo Torrente Ballester

martes, 9 de enero de 2018

Carnaval de Cádiz 2018


Tiempo de fanáticos

FJGI

El BOE

Ya tenemos separación en origen de residuos
¡Ahora, por la separación en origen de poderes!


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Quien en España (¡y en Europa!) quiera saber qué es el Estado, que abra el Boe del 30 de diciembre último: en un solo día, miles de órdenes ministeriales expuestas, como bacalaos, en el secadero estatal para pasto de los millones de covachuelistas del Estado.

Felipe II presumía de mantener la paz de España con veinte inquisidores, pero su séquito permanente era de mil quinientos funcionarios asalariados (músicos, la décima parte), y Geoffrey Parker menciona a un cortesano que ya hacia 1590 estimó que el Rey había escrito suficientes cartas y documentos en su vida “para cargar cuatro mulas”. ¡Las mulas del Boe!

En España nunca ha legislado la Nación, sino el Estado: por eso, en vez de Boletín Oficial de la Nación, tenemos Boletín Oficial del Estado. “Unidad de poder y coordinación de funciones”, decían los politólogos de El Pardo, y ahora el Joven Marías, con son de consejero nacional del Movimiento, confunde coordinación de funciones con separación de poderes, visible ésta, según él, únicamente… ¡en Europa!

Si pudiéramos resumirle gráficamente a Montesquieu, le diríamos que donde hay Banco Azul, no hay separación de poderes.

Los españoles hemos aprendido el valor del Estado, la función insustituible del Estado, en cuyo poder deben participar todos los ciudadanos –decía Suárez en las Cortes al presentar, como jefe del Movimiento, en junio del 76, el asociacionismo político, justo antes de lo otro.
Lo otro sería lo que el Viejo Marías, que era el sabio, resumió así: “No hubo en 1976 ni reforma ni ruptura; hubo algo nuevo, inesperado, imprevisible, de tal originalidad que de momento no encuentro ningún ejemplo análogo de circunstancias parecidas en la época contemporánea”.

El Joven Marías cree haberlo encontrado en la UE de frau Merkel.
En Madrid, una comunista, Inés Sabanés, ha inventado el cubo marrón para la “separación en origen de residuos”. Ya sólo falta que un liberal invente un cubo índigo para la “separación ¡en origen! de poderes”.